La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
Qué cursi es “Six Degrees”, qué redomadamente cursi. Qué personajes más improbables, qué guionistas más pagados de sí mismos. Qué estafa, qué timo. Un auténtico homenaje al cliché, con mujeres diez que pisan fuerte en el mundo del marketing, fotógrafos bohemios al borde del abismo, chicanos y negros con ambiciones de self-made men, viuditas dolientes saliendo del túnel y niñas rebeldes que ocultan secretos. Es la apoteosis del envoltorio, una nada pastelosa envuelta en una producción de lujo. “Six Degrees” tiene un estupendo punto de partida: seis desconocidos neoyorquinos verán como sus vidas se cruzan una y otra vez, sabiéndolo ellos o no, para formar una imagen de lo que es la vida en una ciudad moderna. Diría “un fresco”, pero hasta yo tengo límites en cuanto a cursilería literaria. Un planteamiento original pero que, mal llevado, puede convertirse en un culebrón mediocre, en un teatrillo de encuentros y desencuentros improbables e imposibles. A eso se termina reduciendo esta serie, a una retahíla de historias tangentes con poca chicha y limoná edulcorada con demasiada sacarina.

“Six Degrees” es otro de mis placeres culpables, no me perdí ni un episodio y reconozco que en vez de darme igual (que era lo más sensato) moría por saber si la ejecutiva topmodélica y mal follada encontraría por fin el (llamémoslo) amor, o ver por fin el contenido de la caja misteriosa que Mae esconde bajo la cama. Finiquitada abruptamente, “Six Degrees” nos dejó a unos cuantos telespectadores en ascuas, sin respuestas, sin soluciones y sin cojones para pedir más, aunque sólo sea un episodio. Reconocerse como fan de “Six Degrees” es como confesar que eres adicto a las gominolas con forma de osito. A la gente le parece divertido, hasta que ven como le robas el bolso a una vieja a punta de navaja para poder ir a la tienda de chucherías más cercana a pegarte un atracón.
Ester
Jaja, me pasó exactamente lo mismo, empecé a verla porque de primeras parecía que el planteamiento era interesante, me pareció malísima desde los primeros episodios y aún así no puede no dejar de completar la temporada siempre pensando "bueno, que quiero ver un poco más a ver que pasa". ;)
Iván Payá
¿Es de esas series que están hechas de esos "finos mimbres con los que se construye la realidad"? Carne de placer culpable, sí, como muy bien dices.
Ras, plas.
Mistress
Actualización ya!!! :)
Anonimous
yo también me enganché.......
sabeis si van a seguir o nos dejan con las ganas en el último capítulo de la primera temporada?
Tron
Bueno creo que ya he esperado lo suficiente como para decir: ACTUALIZAAAAAAA plis ^^
mmmm
más!
askerosa
Yo ya dice que Kurt perdía el tiempo con lo de la tele.
marge.gunderson
¿¿De huelga en apoyo a los guionistas??
Marge
¿Ya está?
Para cuando algún comentario sobre "In Treatment"?
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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.
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