La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
Xena y su mundo deberían estudiarse en el colegio. El Dórico, el Jónico, el Corintio y Xena, y quizá no por este orden. Xena es a la tele lo que Camela a la música: ¿Si son tan malos, por qué tienen tanto público? ¿Tanto cuesta declararse fan?. Los gitanillos del cunda-chunda conquistaron la industria discográficas desde los expositores de cassettes de las gasolineras y Xena alcanzó la gloria televisiva a base de arrasar en las cadenas de tele locales de Estados Unidos. Carreras de fondo, como dirían algunos. Tanto Camela como la princesa guerrera fueron finalmente reivindicados, primero como extravagancias camp para élites de cinefórum y moda belga y, finalmente, como auténticos y absolutos iconos. Xena es el icono máximo para las cajeras de supermercado, las lesbianas, los amantes del bondage, los fans de Russ Meyer, mi abuela, los informáticos salidos, las búsquedas de Google y las tiendas de alquiler de disfraces. Briconsejo: si eres un hombre grande, Xena es tu opción-disfraz-transgender más digna. Y no, no voy de walkiria, voy de Xena. Para que esta confusión no tenga lugar, debes convencer a alguien para que te acompañe, disfrazado de Gabrielle, fiel escudera, ayudante y (dicen por ahí) pareja de hecho de la señora, perdón, señorita, Xena. La relación de estas dos mujeres es uno de los grandes temas a debate del mundo actual, superando en candencia a la investigación con células madre o la paternidad del hijo de Ivonne Reyes.

Xena abrió un camino serietelevisivo que nadie se atrevió a seguir después: temáticas fantástico-lésbico-caballeresco-medievales, pelos muy trabajados, infografía de Commodore 64 y un desprecio total (y revolucionario) a las leyes del espacio-tiempo: en el universo de Xena conviven con toda naturalidad los dragones, las marmitas y las profecías milenarias con las armas de fuego, los sujetadores deportivos y el eyeliner. Y lo mejor es que no nos importa, porque a nosotros Xena nos gusta así. Grandona, sanota, absurda y repartiendo estopa.
Vicent
Ya tuvo su encumbramiento en los USA, un capítulo enterito de los Simpson protagonizado por la princesa guerrera de marras.
Buen blog, me gusta, seguiré visitándolo.
Alethia
Hola creo que todo lo que has mencionado sobre Xena es muy cierto, es una serie que va mucho más allá de la realización de sus efectos especiales, lo que te captura es la esencia de los personajes y desde mi perspectiva Xena es el personaje mejor elaborado que he visto, porque dentro de su fantasía es muy real, crea verosimilitud a base de repetición, sabes que puedes esperar absolutamente cualquier cosa de ella, y en lo que respecta al manejo de sus emociones termina siendo más humana que muchos otros, heroes y personajes no fantásticos.
Felicidades por el blog, muy bueno. Saludos desde México.
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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.
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