Visto/Oído

La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
07 Octubre 2007

Carrie en Alaska

Con los restos de un pollo asado estupendo se puede hacer una lasaña para chuparse los dedos. Una ración sobrante de menestra puede transformarse en un buen plato de ensaladilla rusa. Saber aprovechar los restos de algo ya hecho no es tan fácil como parece ni tan indigno como creen algunos.

Con un poco de Sexo en Nueva York y otro poco de Doctor en Alaska se hizo Men in Trees. En un principio, la absoluta falta de pudor con la que se presenta “Men in Trees”, como refrito sin complejos de las dos series citadas, tira un poco para atrás. Enseguida nos damos cuenta de que sí, es un plato combinado y sí, esto ya lo hemos visto antes, pero todo está hecho con talento, medios y (algo que a menudo escasea en las series no dramáticas) gracia. La historia de Marin Frist (Anne Heche, ya rehabilitada, quizá definitivamente), escritora neoyorkina de libros de autoayuda sentimental-sexual que, traicionada por su prometido, decide instalarse en un recóndito pueblo de Alaska para reflexionar y huir de sus fantasmas de urbanita chunga, es la intersección clara de la Carrie de Sexo en Nueva York y el Joel Fleischman de “Doctor en Alaska”. Pero pronto, los parecidos Carrie-Marin y St Elmo-Cicely se convierten en meros puntos de partida y “Men In trees” empieza a andar solita.

A pesar de ser siempre deudora de la pandilla de treinteañeras putejas y el médico perdido entre alces y freaks montañeses, la serie de Anne Heche tiene sus propias armas para funcionar. Por un lado, la propia Heche se descubre como una cómica solvente, menos estirada que Joely Richardson (con la que guarda cierto extraño parecido, posiblemente quirúrgico) e infinitamente menos abofeteable que Sarah Jessica Parker. Por otro, el plantel de personajes secundarios es, pese a algunos un poco desubicados, atractivo. Los gags son (y esto es tan de agradecer, en estos tiempos que corren) graciosos e inteligentes. Y finalmente, ¿Hay alguien que no opine que “Men in Trees” es uno de los mejores nombres de series de la Historia?

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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.

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