Visto/Oído

La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
27 Agosto 2007

La lista D

No pasa nada si no sabes quien es Kathy Griffin. El 99,999% de la humanidad está en tu misma situación y, lo dicho, no pasa nada. Kathy Griffin es una cómica norteamericana, cuyo momento profesional más estelar fue (en teoría) interpretar un papel secundario lucido en “Suddenly Susan” una sitcom de la de la década de los noventa, protagonizada por Brooke Shields.

Griffin interpretaba un personaje a su medida: la típica tía fea pero cachonda, pequeñaja y deslenguada, uno de esas a las que los guionistas premian con buenos punch lines. Era el contrapunto al Susan-Brooke, una treinteañera-cliché neurótica y supuestamente encantadora. “Suddenly Susan” es una de esas series-con-chica que, como “Just Shoot Me” o "Caroline in the City", de las infrautilizadas Laura San Giacomo y Lea Thompson, no llegó nunca a cuajar del todo en España.

“Suddenly Susan” se beneficiaba, eso sí, del status de superestrella que, sorprendentemente, seguía ( y sigue) manteniendo Brooke Shields.

Por motivos que se nos escapan, la ex virgen oficial de América (ícese una bandera estadounidense mientras se pronuncia esta frase) es una incontestable integrante de la “A List”, la primera clase de las celebrities ynakees, una permanente zona VIP con invitaciones a los desfiles de alta costura de París y sitio fijo con su nombre en la gala de los Oscar. Kathy Griffin (sí, volvamos a ella, éste es su post) no pertenece a la lista A. Ni a la B, ni a la C. Kathy Griffin vive en la lista D, y no le cuesta admitirlo. Es más, la culminación de su carrera, de su glamourosa mediocridad, es (como no) un reality show, titulado “Kathy Griffin: my life on the D list”. Gracias a este show, ahora sabemos lo que es vivir en la lista D, donde la gente te reconoce como famosa, pero nadie se acuerda de tu nombre. “Esa es la chica que salía en la serie aquella con la chica aquella... aquella... sí, hombre, aquella que era de peridistas, o de publicitarias, o de...”.

La gente de la D list es jurado del concurso de Miss Pensacola, o juez en competiciones deportivas perrunas. La gente de la D list se humilla en los reality shows. Kathy Griffin no, ella ha hecho de la mediocridad y la humillación un arte, y lo cierto es que lo hace con gracia. “Mi status como celebrity no tiene nada que ver con el de Nicole Kidman o Julia Roberts. A ellas les regalan vestidos de Dior. Yo intento que, cuando me compro un Dior, me regalen al menos unas medias”. Y si para ello tiene que suplicar, suplicará. No le cuesta hacerlo, sabe que es parte de su trabajo.

La D list te ofrece una cantidad ínfima de famosez, la justa para que, si la usas bien, te hagas un hueco en el imaginario gay (esa extraña adoración de las divas de alcantarilla) te paguen de vez en cuando un vuelo en clase business y, en los hoteles buenos, hagan la vista gorda cuando se den cuenta de que te llevas los albornoces, las toallas y lo mismo hasta las sábanas.

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diva trash

Humanida: ¿ortografía madrileña?

bisto/hoido

¡GRACIAS!

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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.

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