Visto/Oído

La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
14 Julio 2007

miles de chicles

A la gente le encanta ver los programas concurso. Yo debo de carecer de ese gen, porque me parecen aburridísimos, soporíferos. Recuerdo con cariño los que veía cuando era un enano, pero los que se emiten ahora, esos no los soporto. Me gustaba cuando los premios de los concursos televisivos eran fundamentalmente eso, premios, cosas, no dinero.

Cochazos, apartamentos en La Manga o en Torrevieja, viajes al Caribe. En aquellos años casi nadie viajaba al Caribe porque aquello era cosa de ricos. Ganar un coche en un concurso televisivo de los años ochenta era el punto culminante de la vida de una persona. Parte del éxito del genial “Un, Dos, Tres” se basaba en el morbo de ver como los concursantes, ella con su pelo frito y él con su jersey de ochos, perdían un coche, incluso dos simultaneamente. Los vehículos entraban por un lateral del plató, conducidos por una azafata vestida de prostituta temática (en función del leit motif de la semana: piratas, Versalles, el rock...), sonaba música de fanfarria y el público gritaba un “ooooh” tremendo y lleno de placer sádico. Mayra les miraba con cara de pena y el concurso seguía. Al final, después de haber despreciado un par de coches y un apartamento, los pobres desgraciados se llevaban a casa cien mil chicles, o alguna hijoputez semejante.

Los que eran pareja rompían nada más llegar a casa. Esto no lo sé, pero lo intuyo. Tras ser humillados por público, presentadora y media España telespectadora, estoy convencido de que su primera discusión conyugal era brutal. Si no fueses tan tonta nos habríamos llevado el Seat Málaga. Si tú hubieras estado más pendiente del juego que de las tetas de Silvia Marsó, no seríamos ahora el hazmerreír del pueblo. Vete a la mierda, y de paso llévate tu puta... ¡¡¡dentro vídeo!!!

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wendy wan

quisiera entrar en su concurso de chiclets

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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.

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