Visto/Oído

La televisión es como Julio Iglesias: puedes odiarla o amarla, seguirla o despreciarla, pero ¿me vas a negar su poder de atracción, su capacidad hipnótica?
10 Julio 2007

ciudades vs. decorados

A veces fantaseo con una hipotética serie de televisión española en la que se sacase un poco de partido a Madrid o a Barcelona. O a Donosti, o a Puertollano, me da igual. Algo sin tanto decorado de cartón, cocina con puertas batientes, y vecinas cotillas con mandil y plumero. Algo con un poco más de alma, joder. No me identificaré jamás con una cafetería anónima situada en una calle pintada, habitada por señoras gritonas e ignorantes, intepretadas por actrices gritonas e ignorantes.

Sí me creo la Gran Vía, o el Paseo de Gracia, porque me consta que son lugares reales. Muchas de mis series de televisión favoritas aciertan al convertir en un personaje más a la ciudad en la que ocurre todo. “Sexo en Nueva York” o “Six Degrees” tienen poco que ver la una con la otra, pero ambas comparten la Nueva York como un personaje protagonista más. Sin Manhattan la vida de Carrie (queen of cretinas) y sus amigas no nos daría tanta envidia y “Six Degrees” sería solamente una serie tirando a (muy) ñoñita. No es lo mismo pasear por una calle cualquiera que hacerlo por Madison Avenue: ese pequeño detalle lo cambia todo.

Nip/Tuck” y “Dexter” son mucho más Miami que la propia “Miami Vice”. El Miami lujoso y putiférico del duo de cirujanos plásticos y el Miami cubanizado y periférico de Michael C. Hall y sus cuchillos. Sin trajes blancos, humedad ambiente excesiva y gafas de sol, ninguna de las dos series tendría tanto empuje. “Murder One” y “Entourage” son Los Angeles. Una es el Los Angeles del politiqueo y las altas esferas sucias e impolutas al mismo tiempo y la otra, la ciudad de la mitomanía, los aspirantes a estrellas, las fotos con las letras de Hollywood de fondo y el te cambio una mamada por un papel con frase en un telefilme.

Que yo recuerde, ninguna serie española ha sabido o podido (por problemas de producción, falta de visión o lo que sea) explotar el potencial que una ciudad real tiene a la hora de dar veracidad a una historia. A fuerza de decorados de colorines y secuencias rodadas siempre en las mismas avenidas estándar de extrarradio, las series españolas pierden credibilidad y gracia y se sumergen todas en una estética uniforme e informe que aglutina comedia, drama y denuncia social entre muebles de Ikea y ventanas que dan a un cielo pintado de un azul completamente irreal.

2 comentarios · Escribe el tuyo

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Muriel

Sí, en las buenas series pasa como en las buenas pelis, que la localización es un personaje más, parte intrínseca de la historia. Los Soprano no serían lo mismo sin New Jersey, ese quiero y no puedo tan cercano a lo que otros consideran el centro del universo.

dani

aún diría más, ni siquiera hace falta que veas la ciudad para poder empatizar con la historia. por ejemplo, en "curb your enthusiasm" (a.k.a. el larry) el 90% de los exteriores corressponden a barrios residenciales, edificios impersonales o parkings de centros comerciales, pero el mero hecho de saber que son exteriores auténticos de Los Angeles (creo), y ver a gente de verdad pululando por ahí, le da ese punto del que hablas, tan necesario para que apetezca creerse lo que sucede.

¡abajo el cartonpiedra!

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Yo vivo una relación de amor-odio con ella, con la tele. Muchas veces amo lo que todo el mundo odia y, generalmente, critico mucho lo que la mayoría de la audiencia adora. Sin la tele y sus cosas, nuestra vida no sería la que es. En vez de consumir series, informativos y magazines, leeríais más libros y cocinaríais platos más elaborados, pero os habríais perdido a Michael Knight, a Petete, a los Serranos y a los Sopranos. Además, sin tele tampoco existiría yo.

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