Sed de mal

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Una magnífica muestra de cine negro, dirigida por Orson Welles y ambientada en una siniestra población en la frontera entre Méjico y Estados Unidos.

Título original

Touch of Evil

USA - 1958 - 95 min.
VO, VE - .
Calificación: 13

Thriller
Director: Orson Welles
Intérpretes: Charlton Heston, Janet Leigh, Orson Welles

Sinopsis

La maestría de Orson Welles arrancó con “Ciudadano Kane” y se prolongó hasta incluso a sus trabajos frustrados, inacabados e interrumpidos. Y se revalidó con este insuperable “Sed de mal”… Cuando un director ha sido el responsable de obras como “Ciudadano Kane”, la ópera prima con la que cualquier estudiante de cine sigue soñando, o ese trabajo casi de taxidermista de la sociedad estadounidense que fue “El cuarto mandamiento”, se puede permitir lujos como, y este fue el caso de Orson Welles, aceptar una obsesión de Charlton Heston, quien se empeñó en que fuera él y no otro quien se hiciera cargo de este proyecto, aunque en realidad el actor fuera víctima de un malentendido: Welles llegó al rodaje como actor y en una inenarrable cadena de equívocos alimentados por unos y otros terminó por hacerse con la dirección de la película. Ya nadie sabe qué hay de leyenda y qué de realidad en “Sed de mal”, de cuyo primer guión original sabemos que Orson Welles lo mandó a la papelera para rehacerlo de arriba abajo. Sórdida historia de sombras y corrupción, de mentiras y simulaciones, “Sed de mal” es uno de esos ejemplos de película permanentemente en construcción. Gracias al DVD se recuperó hace unos años, en 1998, lo que presumiblemente habría sido su montaje original, aunque en 1975 se añadieran a la película unos 15 minutos que aproximaban el resultado a lo que en realidad tenía Welles en la cabeza. Sea como fuere, de esa obra maestra en progresión que es “Sed de mal”, nos queda esta versión, que contiene como uno de sus rasgos más representativos el plano secuencia inicial más contundente del cine de todos los tiempos, así como una interpretación del conjunto de actores (además de Orson Welles, Janet Leigh, Charlton Heston y muy especialmente Dennis Weaver en su breve papel) de las que ni los más viejos del lugar recuerdan. Es, en suma, una de esas películas de las de grabar y no borrar, ni de la cinta no de la memoria.

Últimas críticas:

Silvestre Lanza

Una de las obras maestras de Welles, una joya de cine negro que adquiere tonalidades góticas por su atmósfera de pesadilla, en la que unos personajes monstruosos pero muy vulgarmente reales acechan como en un cuento de hadas depravado a los héroes (Charlton y Janet), y todo para hacer monumental, fascinante, terrible, al ogro : un corrupto y satánico jefe de policía interpretado por Orson Welles en el mayor papel de su carrera. Fijarse en la secuencia incial, la dinamitación de un automóvil, toda resuelta en una toma secuencia de varios minutos y abarcando una gran cantidad de espacio y distintos planos e incluyendo un gran número de personajes. Es la total maestría.

nestor velasquez

no encuentro palabras para definir esta joya,me deja absorto cada vez que la veo.carezco de la capacidad critica de silvestre lanza,como para comentarla,y tiene razon es la cumbre de la interpretacion de welles.extraordinaria.

MAXIMO GUTIERREZ

TANTO LA PELICULA,LA ESCENOGRAFIA LAS LUCES,LAS CAMARAS Y,SOBRE TODO LAS ACTUACIONES SON MEMORABLES.ES UNA VERDADERA LASTIMA QUE ESTA PELICULA NO SEA DEL TODO BIEN COMPRENDIDA.BASTA CON VER EN LOS MEDIOS LA LLUVIA DE CRITICAS ABSURDAS EN CONTRA DE SU REALIZADOR,ORSON WELLES.

Pablo García del Pino

Sed de mal
Basada en la novela de Whit Masterson "Badge of Evil", la película fue recibida por la crítica como uno de los más sórdidos retratos policíacos de finales de la década de los cincuenta. Los prejuicios censores le hincaron el diente (no sabemos si lo harían también con la novela).Víctima de una incomprensión despiadada, como
solía ocurrir con cuanto impacto expresivo pusiese en solfa el genial Orson Welles, la tacharon de grandilocuente y excesiva. El provincianismo americano, en todas sus vertientes, siempre ha odiado las denuncias al sistema, pese a que sus manifiestos antiracistas cayeran por lo general, tan vertiginosamente como su falsedad intrínseca, en ese profundo pozo donde nuestras conciencias evitan por sistema (dogma y lejanos principios de patriotería) el eco flagrante de la más perniciosa de las verdades. Cierto, porque nadie en sus procesiones vivenciales, sea en un país o en otro, y tampoco vale sentirse en otro tiempo o ahora, desean la verdad desnuda. Y el genio de Welles siempre molestó demasiado. Tras un montaje desastroso, "Sed de mal" fue condenada al ostracismo. Las copias que corrieron por todo el mundo ahogaron su rigor, y el crudo espectáculo propuesto por ese policía corrupto, al que da vida un Orson Welles absolutamente sublime, con su carga de amargura de hombre sin sueños ya, incapaz de recomponer la sórdida realidad en que se sume su existencia, y que, no obstante, arrastra y presume de la dogmática y perniciosa obstinación de una superioridad inmersa en la profundidad de su malsana conciencia. Pues bien, para dolor de muchos, esta película, debidamente recortada, nos fue servida en las pantallas comerciales, con su viejo montaje devastador, como una trivial investigación detectivesca, en la que se conceptuaban todos los altibajos y supuestos defectos de cualquier film de serie B, (pese a la constatación entre líneas, lo recuerdo muy bien, de que el talento de Welles había sido ominosamente manipulado).

Hoy, para nuestra felicidad cinéfila, restaurada por fin gracias a la magia del DVD, la textura maestra del Gran Genio Norteamericano ha despejado todas las posturitas malévolas de las absurdas críticas que recibiera en su tiempo, y los fans de sus imágenes castigadas y escondidas como mieles del panal irrepetible de la inteligencia de este Patriarca Excelso del Séptimo Arte, podemos saborear a cuerpo de rey la plenitud emocionante, como susurro lejano de una confidencia edificante que creímos perdida, de este relato policial único y magistral. Un "Touch of Evil" que, todavía hoy, nos eriza el vello; que nos hace estallar con el júbilo de "bienvenido seas"; que renace, para gozo de todos sus fans, prometiendo su castigo a los que se le resistieron severamente, y en el que retoña la excelsitud de todos los valores fílmicos (y no es pasión generacional) de un auténtico (si no el más grande) genio de la cinematografía mundial. En el plano secuencia con que arranca "Sed de mal" late uno de los travellings más aptos para atraerse lo extraordinario de este Sabio Definidor del Gran Cine Mr. Welles, y de lo que debe ser una perfecta conmoción fílmica. ¡Un auténtico y largo juego coral en carne viva! Nos acecharán luego esos sus claroscuros siniestros del más contundente blanco y negro jamás captado por la cámara; los contrapicados que acentuarán esa especie de dramaturgia escénica angulosa con nuevos y vertiginosos travellings maestros, que nos resumen toda la opresión de unos personajes atrapados a través de avenidas ruidosas, y callejones aptos para la puesta en práctica de cualquiera de los toques diabólicos que impregnan el film. Y se nos reservarán esos descampados polvorientos, entre una suciedad revoloteante, a través de la iteración indiferente de las martilleantes y enloquecedoras torres petrolíferas.

En esa víspera de sepulcros vivientes, entre celosías de acero y firmamentos de lamparines inmóviles, donde tan sólo se salvan las almas rurales del viejo México, repudiadas por el policía honorario de los vecinos EEUU, se labra un soberbio retrato de personajes implacables. Como absurdos teólogos, maestros y misioneros de esa veneración fecunda y pingüe del tópico racista que los norteamericanos suelen imponer en sus ciudades fronterizas con México. Pero en ese ámbito tan sensitivo de la superioridad estadounidense, pese a las falsas pistas y a los exabruptos maestros y cínicos con que el gran prohombre policíaco, que es Hank Quinlan, se entrega a las empresas fecundas de sus mentiras, será, finalmente, un mediocre policia mexicano (según él lo conceptua) el que acabe con su insolencia y lance por tierra sus bravuconadas de circo americano. El halo nostálgico, estremecedor, del mejor Welles, nos obsequiará también, al son de una pianola que nos mutila las entrañas, con un tú a tú del más excelso nivel mítico: un encuentro que habla de implícitos delirios eróticos y de la ya imposible belleza de los recuerdos, tras abordar la más dolorosa imagen de la soledad en una dimensión temporal irrecuperable. Marlene Dietrich, decadente y melancólica, aparecerá frente al egregio comecriminales, ahora pelele de una lenta peregrinación hacia su trágico declive, para responder, mientras extiende sus cartas sobre la mesa, a la solicitud de Quinlan de que le lea su futuro, como, al parecer, hiciera ya otras veces: "Tú no tienes futuro.... ¿Que quieres decir?, inquiere Hank... Tu futuro acabó..."
Entre esa perfecta conjunción de los variados niveles morales de los personajes, y la simetría soberbia de la narración, ahora en su versión íntegra, hay que resaltar también uno de los impactos expresivos más contundentes del film: un asesinato gargoliano del que se sirve el genio Welles para acentuar magistralmente toda contraposición entre inteligencia y maldad. Hank Quinlan queda de nuevo relegado a ese detective grotesco, capaz de concentrar todos sus esfuerzos en la razón del crimen y del odio que, con toda seguridad, siente por sí mismo... Ni que decir queda que el equipo de fotografía y los diálogos facilitan la digestión al espectador. La atmósfera del film, de un rigor casi inhumano, crearía escuela ("Última salida Brookling" de Uli Edel, por poner un ejemplo). La música de Henry Mancini llega a convertirse, por momentos, en un testigo irascible que confraterniza con las ideologías furibundas, agridulces, y nostálgicas de todo cuanto nos es contado. En este "Touch of evil" (que el tiempo ha revalorizado como uno de los vehículos más insólitos del genio de Welles), imperdible para sus seguidores, se agradecen cameos magníficos y tan diabólicos como el mismo film: el de Mercedes Mc Cambridge. El virtuosismo mítico de la Dietrich, que también nos conmueve, parece contener, aunque tan sólo sea para paladares muy mitómanos, el nomadismo rozagante de aquella gitana de forrados acentos ingleses que se luciera en "Golden Earrings". Welles nos la vuelve a regalar con su pechera de circo, sus andares de oficio, y pone en su lengua un "adiós" castellano, que trasciende en la noche como un melindre bondadoso de amistades muy particulares, pero de una dolorosa intimidad perdida, ¡ay!, que va más allá de lo recomendable.

La resolución trágica de la película a manos de un sorprendente Joseph Calleia es igualmente impecable. Y un Charlton Heston, casi apoteósico, se desmitifica por fin de sus clichés pasionales y selváticos, y logrando extraer la profunda moral humana de su estupendo personaje (por muy increíble que parezca su idiosincrasia mexicana), comprende a la perfección lo importante que fue para él formar parte, casi como protagonista de excepción, de esta eximia exaltación coral que nos ofrece "Sed de mal". Resaltan espléndidamente Akim Tamiroff y Janet Leigh. A Zsa Zsa Gabor casi ni se la ve, aunque tampoco hacía falta. Joseph Cotten, en un nuevo cameo, siempre se agradece... "Touch of Evil" queda así sometido, de por vida, a la deslumbrante servidumbre del genio. Es como si hubiese nacido para el más pasional y mágico blanco y negro de la milagrosa noche que siempre nos ofrece el impacto del celulóide. Gran cine de nuestras nostalgias. Uno de los aleluyas más gloriosos de la genialidad de Orson Welles. Yo la propondría, o más bien la sumaría, a la lista de las Maravillas del Mundo. Aunque, únicamente, en V.O. "Centauros de la Pantalla"

Pedro F. Lang

Mi primer encuentro con Orson Welles fue a través de ese esplendido mediometraje titulado Una historia inmortal. A partir de ese momento perseguí, literalmente, todo lo rodado por Welles, como director,guionista o actor... Gracias a la televisión y a los DVD he conseguido ver casi toda su obra.
Sed de mal es una obra maestra de la que se ha dicho todo; analizada y estudiada imagen a imagen, es una síntesis de todas las obsesiones de Welles y de su manera de entender una obra cinematográfica. Sus picados y contrapicados, las noches como protagonistas, ese plano-secuencia, que abre la película absolutamente innovador, sus ideas sobre el mundo, la omnipresente corrupción, el abuso de poder...
Al presidente de la Asociación de Amigos del Fusil parece que tenemos que agradecerle que el Maestro se hiciese cargo de la dirección, un gran punto positivo a una trayectoria larga y repleta de altibajos: Heston tiene especialmente presencia y poco más.
... y esta película contiene interpretaciones tan magistrales como las de Welles, Tamiroff, Calleia, Janet Leigh ( ¡cómo la recuerdo en El principe Valiente!), y apariciones inolvidables como las de Mercedes McCambridge- genial en Johnny Guitar-, la siempre misteriosa Marlene Dietrich y hasta Zsa Zasa Gabor con su peluca.
Sed de mal es, para lo que a mi me gusta ver en una película, una obra redonda y monumental como casi todo lo realizado por Welles... ¿ que hubiese sido de El tercer hombre sin Orson Welles?

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