En una sociedad futura deshumanizada y violenta, un policía, que tener una existencia tranquila, se convierte en brazo ejecutor de la Justicia.
Título original
Mad Max
AUSTRALIA - 1979 - 89 min.
VO VE - .
Calificación: 18
Fantasía
Director: George Miller
Intérpretes: Mel Gibson, Joanne Samuel, Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley.
“Mad Max” y sus dos secuelas, hicieron más por el cine australiano en el mundo que las más de tres décadas de asistencia de los profesionales de la industria local a festivales, mercados y demás tinglados esparcidos por todo el mundo.
Bastó la fuerza visual de esta historia de venganza –la que emprende un policía en una futura sociedad en la que la violencia lo es todo y los delincuentes campan por sus respetos a lomos de potentes motocicletas y poderosos automóviles precursores de la moda del tunning—para que el público de todo el planeta descubriera la cinematografía australiana, capaz de competir, como el tiempo se ha encargado de demostrar, con los grandes buques insignia del cine estadounidense.
Habría que señalar en este sentido que en Australia, la taquilla de “Mad Max” superó a la de “Star Wars”. Y también que apenas 400.000 dólares, los que vino a costar más o menos la película, se multiplicaran por tanto: la recaudación en salas superó con creces los 100 millones.
Donde no había medios, Miller y sus arrojados productores derrocharon imaginación. Coches prestados, motos recicladas, escenarios naturales, maquillaje de andar por casa, tomas casi únicas y en general poco dinero disponible para gastar en tonterías no fueron cortapisa para que “Mad Max” se convirtiera en un verdadero fenómeno de masas dentro y fuera de Australia, aunque fuera se demostró que las estrategias de las grandes compañías estadounidenses no siempre son las más acertadas, como nos demuestra la historia del cine.
En Estados Unidos, nadie daba un duro por esta película (sí por sus secuelas, lo que, sinceramente, ya no tenía mérito alguno, claro) hasta el punto en que a Mel Gibson, por entonces un actor desconocido, ni siquiera se le veía en los trailers y materiales promocionales de la película, que fue posicionada en el mercado como producto juvenil, violento y descerebrado. Gracias a “Mad Max”, sin duda, Mel Gibson es Mel Gibson y el cine australiano es ya un cine sin fronteras y que frecuenta año tras año las listas de las películas más taquilleras de la historia.
Y, lo que son las cosas, dicen que ahora Gibson abomina de “Mad Max”, entregado como está últimamente al cine transcendente, a la espiritualidad y a una paternidad compulsiva que disfruta cuando su agenda no lo impide en alguno de sus ranchos en los que la vista se pierde en el horizonte, las reses rumian hierba pura, los niños retozan por los sembrados y la felicidad tiene pinta de anuncio. Es decir, todo lo contrario de lo que sucedía en las tres entregas sucesivas de “Mad Max”: las antípodas son las antípodas y eso, a lo que se ve, imprime carácter.
Roman
Siempre recordaré la sensación que me dejaron los fotogramas de la película Mad Max expuestos en la vitrina del cine, cuando no me dejaron entrar a verla por ser menor de edad. Aquellos Interceptores amarillos...Por suerte la pude ver en cine algunos años después, y varias veces en video. Mad Max es una película que presentaba un futuro próximo muy creíble, y transmite aún hoy una sensación de inquietud y pesimismo. Para los medios con los que se rodó, es una magnífica película, por la atmósfera crepuscular de la Humanidad que consigue crear y las trepidantes escenas de acción. La historia es simple, como las interpretaciones, pero el resultado es impactante. Hay que decir que el doblaje al español deja mucho que desear, por algunas de las voces y el sonido. Es una película que creó escuela y por ello es imprescindible verla.
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