Una maestra trabaja en un pueblo montañés con la esperanza de encontrar a su novio, un maquis acosado por la Guardia Civil. Un brillante Camus.
Título original
Los días del pasado
ES, ARG - 1978 - 109 min.
VO - .
Calificación: 18
Drama
Director: Mario Camus
Intérpretes: Manuel Alexandre, Sonsoles Benedicto, Gustavo Bergés, Saturno Cerra, Antonio Gades, Antonio Iranzo
En 1977, por decirlo de una manera coloquial, el horno no estaba para bollos. Se rompía España, vociferaban los sectores más ultramontanos del franquismo, y la unidad de destino en lo universal se enfrentaba a los retos de emprender el camino hacia una incipiente y temorosa democracia edificada sobre los cimientos de la dictadura militar del general gallego.
El ruido de sables era entonce la música de fondo en la actualidad informativa y la inquietud dominaba la calle en forma de atentados terroristas, asesinatos de ultraderecha. Y sobre todo incertidumbre. Muchos exilados todavía no habían decidido regresar y “Los días del pasado”, en ese mar de fondo, fue la mejor película del año, si bien pasó inadvertida por esa férrea e implacable censura que la distribución y la exhibición cinematográfica tan certeramente para los diferentes regímenes saben administrar.
Mario Camus tejió con minuciosidad un guión habitado por fantasmas no desvanecidos, por presencias tangibles, por temores no resueltos. “Los días del pasado” es una película sobre nuestra guerra y sobre las heridas que ella dejó principalmente en el bando de los que vieron arrebatada su legitimidad por la fuerza de las armas de la sublevación militar del 18 de julio.
Es, además de muchas otras cosas, la historia de una maestra que parte desde Andalucía hacia los montes cántabros, donde se hará cargo de una escuela local. Juana, que así se llama la protagonista, es una mujer silenciosa, que siempre mirá más allá de todo, de las montañas, a través de la lluvia, de los ojos de la gente, en especial de un niño, Ángel, enlace de la guerrilla antifranquista porque a su padre lo mataron los nacionales. Gracias a él sabrá que la esperanza existe, que quizá pueda hacer realidad su sueño: encontrarse con su novio, del que lo separó la guerra.
Con estos hermosos y sencillos mimbres, Mario Camus, sobre una historia de Manuel Matji y Miguel Rubio, construye una historia de amor marcada por la Historia, una crónica de los silencios del franquismo, un amargo poema visual de miradas y gestos no superado hasta ahora por el cien español posterior a la transición. Protagonizó la película una Pepa Flores ya liberada del yugo que le llegó a suponer su condición de Marisol. Y junto a ella, Antonio Gades, su pareja entonces, un dominador del gesto que murió sin que nuestro cine descubriera en él, salvo precisamente en “Los días del pasado”, que había algo más que un notable bailarín, un actor de amplísimo registro.
“Los días del pasado” es hoy, en tiempos de crispación, una película que revela una realidad difícil de rebatir: que las heridas no cicatrizan con el olvido; que pasar página y poner una venda en los ojos no garantiza la resolución de conflictos, muchos de ellos íntimos, todavía abiertos. Es una película emocionante.
pablo.garcía.del.pino.@gmail.com.
miércoles 31 de octubre de 2007
LOS DIAS DEL PASADO: En Mario Camus siempre han predominado los verdaderos sentimientos que promueven las historias de amor. Explora los aspectos de la ternura, y crea maravillosas transferencias en cuanto a puntos de vista que examinan los aspectos ocultos de la personalidad humana ( en el caso que aquí nos ocupa, ideológicos, como fueron los de los “maquis” que siguieron su lucha contra la dictadura franquista en la década de los cuarenta). Pero sus películas no adolecen de delicadeza, de esa riqueza íntima en la que caben tantos silencios expresivos, capaces de revalorizar, aunque sea de forma tan triste como en esta bellísima película, nuestra (por otro lado tantas veces “mancillada”) vida amorosa. Las ideologías, sean del tipo que sean, crean, en efecto, casi siempre un universo inviolable de tiempos críticos. Y en ellos hombres y mujeres suelen perderse en sus sondeos más personales. Pueden ser seres que se desean con pasión los unos a los otros, pero que acaban rechazando el hermoso fulgor que desprende la sencillez del amor, para ir, gradualmente, dejándose atrapar por la elementalidad de otras conductas (como pueden ser las de la heroicidad y la renuncia, si en el camino de la monumental farsa de la vida, se interpone una guerra despiadada como lo son todas). Juana, el personaje recreado por una maravillosa Marisol, dará un paso de gigante al recorrer esos paisajes fríos del norte peninsular en busca del hombre a quien ama y que supone que él también la ama. Al mismo tiempo desea salvarlo de una muerte anunciada. Allí, en ese mundo desconocido del Norte Español se siente desbancada y sola, pero no deprimida. Y al tiempo que hará una íntima revisión de su vida, aflorarán sus paralelismos reivindicativos con esos hombres perdidos en las montañas tras el capítulo cerrado de la guerra, y, por supuesto, cierta frustración encubierta, socialmente hablando, por aquel ensueño republicano con que la guerra civil hizo añicos las esperanzas de tantos ciudadanos normales de este país. Todo lo pone en solfa Camus, a través de la mirada y el comportamiento espléndido de esta joven maestra, que vivirá una amarga variación de Romeo y Julieta entre la mediocridad de un pequeño pueblo, con los fríos vitales del invierno, las represiones franquistas, y el capítulo cerrado de su búsqueda sentimental. Camus crea, merced a un reparto magnífico, un melodrama adulto y sociológico. Es un film desolador, pero también es una maravilla. A través de ese romance envenenado por los horrores belicistas, y la opresión que el poder puede ejercer aún en pueblos tan perdidos como el que aquí se nos muestra, es estimulante el acierto de Camus al elegir a la mejor Marisol para encarnar al personaje central. De su boca (la explicación histórica que imparte en la clase embobando a sus alumnos) parten los valores eternos de la sencillez y de la verdad, sin apasionamientos patrioteros. Una épica social que Marisol cuenta sin los tremebundismos del Espíritu Nacional Franquista, y medida con la sensibilidad de la honestidad. Es un momento inolvidable. Camus acentúa la belleza de la historia que cuenta con la exaltada devoción de quien también supo lo que era llorar por ese tiempo perdido de la verdad con mayúsculas., y que aquí, en el comportamiento de sus personajes, tiene bastante razón de ser. Insisto en que Marisol pudo convertirse en una de nuestras actrices más angelicales. Personalmente es mi Julie Christie española (hasta se parecía a ella y todo). A mí, todavía hoy, me deja K.O. (Jamás olvidaré su Mariana Pineda televisiva ). Camus capta de manera definitiva (lo hizo también con su inolvidable ”Los pájaros de Baden-Baden”) un significativo ensayo psicológico que al mismo tiempo parece marcar, en su tiempo real, el tono de todo lo que en el film sucede. Véanla, disfrútenla, con su color esplendoroso, con su costumbrismo casi casi vital, con esa autoría recatada que del drama tiene Mario Camus. Los párrafos de diálogo de aquella gran Marisol, perdida para nuestro cine poco después, siguen siendo bellísimos y escalofriantes en su elementalidad. Pero yo prefiero aventurarme en ratificar (es mi muy particular visión) en que la película está dialogada como los mismos dioses. No en vano mi valoración es de un cien de cienes. http://kentauro.blogspot.com/31-10-2007
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PEDRO JOSE JEREZ MORENO
En esta pelicula existen tres pilares fundamentales: una actriz con sensibilidad, un fotografo en vena y un director que dirige con frialdad esta historia dejandola que cada espectador le de su sentido
Creo que es la mejor peliculas sobre perdedores que jamás se ha rodado
PEDRO JOSE JEREZ MORENO
He leído en el diario Sigital en su sección de PARTICIPACÍON, que existe un amplio sector de malagueños que estarían de acuerdo con que Pepa Flores”Marisol” tuviera un monumento en su ciudad: Málaga.
No creo que sea necesario ahora a repasar sobre su vida artística: todos sabemos que Marisol fue junto con Sara Montiel quizás las estrellas más importantes del cine español, y quizás de más amplia repercusión en todo el mundo: que yo sepa Marisol ha estrenado en Italia, Francia, Suecia, Grecia, Sudáfrica, Bélgica, Alemania, Estados Unidos, Taiwán, China, Japón, El Congo Belga, Sudáfrica, Méjico, Toda América del Sur y central y por supuesto en España y Portugal. Creo que con la infractustura de aquellos tiempos es de un gran valor y casi una heroicidad
Pero por otra parte Pepa ha sido quizás la artista más respetuosa, coherente y digna de toda la artista de su época, quizás la única que no ha vendido su decadencia por los programas de televisión y revistas del corazón
Pero es quizás es su condición de malagueña el dato más relevante en su vida como ella misma dijo”malagueña hasta trancas”, quizás es lo único que une a Marisol y a Pepa Flores las dos han pregonado su condición de malagueña hasta decir basta
Es quizás ahora que la pequeña niña prodigio y la madura Pepa Flores va a ser abuela sería un bonito regalo que los malagueños/as que tanto quiere la Pepa le regalemos un monumento digno de su persona, por lo que os ruego que enviéis vuestro apoyo al la Torre o enviar vuestro voto al SUR DIGITAL: PARTICIPACION: INICIATIVA CIUDADANA MONUMENTO A PEPA FLORES”MARISOL”
Miguel Moreno González
Muchas veces me he preguntado el porqué de mi fanatismo por Marisol o Pepa Flores, porque aparte de mi familia Pepa ha sido muy importante para mi tanto que en algunos momentos de mi vida aunque no hoy, pero la verdad que en algunos momentos de mi vida diría que era lo única persona que mitigaba mi soledad, será enfermedad pero así ha sido. Así que desde los 9 años en adelante para mi ha sido mi ídolo si no también mi referente humano que me alejaba de una realidad nada agradable.Me he pasado casi toda mi vida siendo un cero a la izquierda en mi familia tanto para mi padre como para mi madre, para mi padre según su expresión era peor que tener un hijo maricón y para mi madre un desgracio. He hecho de todo para que mis padres me tomaran afecto pero ni estudiando mucho, ni haciéndole todo lo que me pedían, dándole todo el dinero que ganaba les movía a que me quisieran un poco, sin embargo Pepa desde las fotos siempre me sonreían y sus personajes defendían mucho a personas como yo. Pero tengo que decir que el que la sigue la consigue mi padres que estuvo enfermo 12 años al ver como le cuidaba algunos veces se le escapaba una lagrima, yo quiero pensar que lo hacía por mí arrepentido por lo mucho que yo había sufrido. Así que muchas gracias Doña Pepa Flores González por sus sonrisas aunque no fueran para mí
SI AL MONUMENTO
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