Bertolucci se adentra en la tragedia íntima de una joven artista atrapada en la tristeza por el suicidio de su madre. Delicada, sensible y cruda.
Título original
Stealing Beauty
ITAL, FRA, UK - 1996 - 113 min.
VO, VE - .
Calificación: 13
Drama
Director: Bernardo Bertolucci
Intérpretes: Carlo Cecchi, Sinéad Cusack, Joseph Fiennes
Con “Belleza robada”, Bernardo Bertolucci pareció decir, poco más o menos, que necesitaba un respiro creativo, el cuerpo le pedía sumergirse en una historia que tuviera que ver con sus raíces italianas, después una dispersa carrera internacional jalonada de superproducciones que le fue alejando poco a poco de sus orígenes y que le condujo tanto al París más sórdido como al quimérico Tibet, la China imperial y el África de Bowles.
Esta especie de traje a medida que por lo demás el realizador italiano confeccionó a la medida de la por tantas razones estupenda Liv Tyler tiene hechuras artesanas: sobre la espectacularidad, prima el detalle; sobre la interpretación de la sociedad, el desciframiento de los códigos secretos e innombrables de la familia.
Concebida como una historia típica de retorno, “Belleza robada” cuenta la historia de una joven mujer que, tras el suicidio de su madre y asaltada por docenas de dudas íntimas, regresará a la villa toscana en la que experimentó el salto de la adolescencia a la juventud, conoció el amor y vivió unos inolvidables meses cuatro años antes. Y allí es donde será asaltada por nuevas dudas, que incluyen una sorda investigación sobre la identidad real de su padre.
Bertolucci, que con “Belleza robada” se diría que también investiga sobre sí mismo y su cine, resuelve la película sin más artificios que los estrictamente necesarios para hacer del conjunto un todo verosímil: unas cuantas pinceladas de poesía; una fotografía detallista en la que es más importante la naturaleza de la luz que aquello que esta ilumina; actores contenidos que, como Liv Tyler y el siempre impecable y creíble Jeremy Irons, hacen de sus miradas el centro de su munición interpretativa, y unos envolventes diálogos que provocan a los espectadores en general sensaciones hipnóticas.
En el fondo de “Belleza robada” se adivinan los restos de otro Bertolucci, el que allá por los finales de los 60 y principios de los 70 hablaba de su tiempo e indagaba alrededor de sus obsesiones personales, muy especialmente en la interpretación de esa institución, la familia, tan llena de recovecos, silencios, sombras, mentiras y misterios. O sea, que en cierto modo, Bertolucci se reencuentra consigo mismo y nosotros, los espectadores, lo hacemos con él: siempre es agradable recuperar al viejo amigo que nos ha obsequiado tantas y tantas horas de buen cine.
Cinepastor
El mejor Bertolucci: el de las distancias cortas.
Begoña
Sencilla y con clase.
Magnífico Jeremy Irons.
manolo ramos
el uso extraordinario de fragmentos de MUSICA CLASICA, muy especial el bellísimo tiempo lento del concierto para clarinete y orquesta de Mozart, cosa que solo demuestra algo de lo bueno que este director es capaz aún de darnos, apesar de la posible decadencia que "ciertos críticos " sostienen....
La india
Cine sensualmente encantador
J
Una joya del cine de los 90.
Silvstre Lanza
Llamada de atención a TCM. ¿Cómo es posible que en la ficha de la película de Bertolucci no esté la bellísima y fascinante Liv Tyler, a quien, por otra parte, el comentario del mismo TCM con justicia calfica de estupenda, y que tampoco esté esté el gran Jeremy Taylor? Por lo demás "Belleza robada" es un film de distancias cortas, como bien dice Cinepastor, un cine de intimidad y de calor humano, un cine agradecible. ¡Bravo!
Alfredoti
Una guapísima Liv Tyler,un genial Jeremy Irons y unos paisajes preciosos de la Toscana italina para una película que te embruja desde el primer minuto.
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