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21 Noviembre 2006

Muere el cineasta Robert Altman

Robert Altman, director de películas como 'Gosford Park', 'Short Cuts' y 'The Player', falleció ayer en Los Ángeles.

Independiente, un maestro, cínico, genial, problemático, temperamental... Eso y mucho más se ha dicho de Altman.

Reconocido por la crítica como una de las figuras más originales, creativas e interesantes del cine americano, Robert Altman contaba con una extensa y variada carrera cinematográfica (más de 35 películas) y también había trabajado para la TV.

Mash, una comedia negra e irreverente sobre la guerra, fue su primer éxito: un proyecto que había sido rechazado por 17 directores, Kubrick, Mike Nichols y Arthur Penn entre otros. Altman tenía entonces 45 años.

Y seguía absolutamente activo al llegar a los 81: presentó su última película, 'A Prairie Home Companion', en el pasado Festival de Berlín. Como dijo entonces Carlos Boyero, en El Mundo, se trataba de una estupenda película, con el sello inconfundible de Altman; una película con un fuerte aroma a testamento.

En el 2006 recibió un Oscar honorífico de la academia, premio que no había conseguido hasta entonces, pese a haber estado nominado en numerosas ocasiones.

Más información

- Robert Altman en la Wikipedia

- Página oficial de A Prairie Home Companion, la última película de Altman.

Altman en TCM

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Laura Palmer

Dentro de apenas un par de meses muy pocos recordarán que Robert Altman murió un 21 de noviembre de 2006. Bueno, es lo normal: los del cine se mueren y sus películas quedan para siempre, que es lo que se dice en estos casos.

Lo primero es completamente cierto -los del cine se mueren, como nos morimos y se mueren todos los demás, no importa el orden-; lo segundo no es siempre verdad: salga cualquier hijo de vecino a una tienda de DVDs y compruebe que solamente hay editado y disponible de Altman un 20 por ciento de su vigorosa y estimulante filmografía (despabilen productores y distribuidores, y editen en condiciones toda su filmografía).

De Altman, y antes de que aparezacan las necrológicas oficiales en los periódicos, hay que destacar obligatoriamente una circunstancia. Ahí va: hace 12 años le practicaron un transplante de corazón, a corazón (valga la redundancia y, si no, no pasa nada) abierto. Habló con los suyos para que no transcendiera la cosa, es decir, que no se enterara nadie de que le habían colocado un corazón ajeno, porque eso significaría dejar de trabajar en lo suyo, o sea, en el cine. Las compañías de seguros no firman polizas a directores "tocados". Eso del cine no es fácil y cuando uno es viejecito, ya no interesa más que a los coleccionistas de recuerdos (la industria es otra cosa), no sea que se muera a mitad de rodaje y se descuajeringue el invento. Altman tuvo las santas narices de ocultar la circunstancia y eso le permitió seguir vivo (para el cine) casi 12 añitos más y, como consecuencia, varias películas más, para regocijo de sus incondicionales, que somos muchos y cada vez vamos quedando menos.

La muerte de Altman es una putada. Seguro que se ha llevado con él media docena más de películas que ya no podremos ver y que tendremos que conformarnos con imaginar, que no lo dejó fácil.

Larga vida a Robert Altman, maestro entre maestros a quien incluso (así de magnánima es cierta crítica) se le ha perdonado ya el lisérgico alucine de "Quinteto", una de sus mejores películas, mal que les pese a muchos.

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