Estado crítico

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19 Agosto 2009

Mein Führer, el patético dictador

PUNTUACIÓN: 5

No estoy muy seguro de que ver a Hitler en el baño jugando con barcos de guerra como si fueran patitos de goma o comprobar que toda su ira antisemita provenía de una figura paterna despótica (Freud siempre tiene respuestas para todo) contribuya a ridiculizarlo o desmitificarlo como se merece. Al menos no creo que ese humor grotesco funcione en un espectador no alemán.

Sabemos que los alemanes viven aún con la espada de Damocles de su sucio pasado porque cada año nos llegan unas cuantas películas que, directa o indirectamente, resucitan el fantasma del nazismo. La originalidad de Mein Führer estriba en que los alemanes se atreven a reírse de ese Monstruo Primigenio que los hizo quedar bastante mal en el resto del mundo.

Un director teatral judío es rescatado de un campo de concentración para que ejerza de profesor de dicción del Gran Dictador días antes de dar un discurso definitivo ante la nación alemana, el 1 de enero de 1945. Se trata de un complot político contra el dictador, que se aprovecha a su vez del dilema moral en el que se encuentra atrapado el judío: tener la oportunidad de matar a Hitler con sus propias manos o salvar a su familia de los horrores del exterminio.

El gran problema de Mein Führer es que nunca encuentra el tono adecuado. Cuando aparece Hitler es inevitable pensar en una farsa que se escora hacia lo ridículo, apoyada en una interpretación histriónica y falta de sutileza. Cuando la trama se centra en el profesor judío, felizmente encarnado por Ulrich Mühe (La vida de los otros), la cosa cambia, el relato se hace más plausible, más cercano.

Es posible que Dani Levy haya querido demostrar que también los alemanes pueden reírse de lo que más les duele, pero el resultado del experimento es francamente desigual. Siempre nos quedará, por suerte, Ser o no ser y El gran dictador...

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Alfins

UN CINCO!!!
Imagino que es por hacerle un homenaje al bueno, buenísimo de Ulrich Mühe (que aguantó todo lo que pudo cuando Haneke lo juntó a esas dos bestias pardas toooodo vestidiiiiitoss de blancoooooo... en esa obra maestra que es Funny Games).
Y sin embargo, le ha sido imposible sobrevivir (y ahora no hablo de ficción) al Fürher de pacotilla que nos muestra Primo Levi (huy qué lapsus, lo que sería capaz de hacer con esto el amigo Freud).
Daniel Levy debería de leerse la trilogía de Primo Levi y preguntarse: ¿Es esto una película?.
Ignoro si los alemanes le han reido las gracias a los patéticos jueguecitos de este dictadorzuelo (creo que la película también fue recibida en su país de origen con división de opiniones).
Estoy de acuerdo contigo que siempre nos quedarán esas otras dos obras maestras que son "Ser o no ser" y "El gran dictador" (además éstas tenían el mérito añadido de hacerle las bromas a Hitler casi en su propia cara).
Ésta en cambio si que es un verdadero hundimiento y no la que nos llegó desde allí mismo hace unos pocos años.

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Sergi Sánchez

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