Criticar: "Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte". Y eso es lo que haremos aquí, así que si has salido del cine con ganas de comentar la película, no te reprimas y critica, critica...

PUNTUACIÓN: 6,5
Podríamos acudir a Haneke, pero sólo estaríamos contando la verdad a medias: cuando se pone al realizador austríaco como referente, se tiende a crear unas expectativas que colocan a la crueldad y a la perversión como principales figuras de estilo. No es el caso de Pingpong, aunque el geométrico planteamiento de los encuadres y el entorno en que se desarrolla la historia, el de la burguesía alemana, puede recordarnos al cine del autor de Código desconocido.
También se ha apelado al Teorema pasoliniano como modelo de la ópera prima de Matthias Luthardt. Es lo que pasa con las películas con intruso que desestabiliza el (presunto pero débil) equilibrio familiar: la fuerza de la alegoría de Pasolini, con aquel Terence Stamp efébico que provocaba demencias y levitaciones, sigue vigente.

El protagonista de Pingpong no es el ángel exterminador de Teorema. Sus problemas son más de este mundo: su padre se ha suicidado y ha huido de los lamentos de su madre (¿qué habrá pasado con ella?) para refugiarse en casa de su tío, de vacaciones en el campo con su familia. Cuando llega, su antena parabólica le dice que no todo está bien, no todo cuadra: el padre se ausenta por trabajo, el hijo bebe a escondidas y se resiste a prepararse su audición de piano, la madre empieza a sentir una cierta atracción por el adolescente.
Lutthardt no sobredimensiona el valor de las piezas de su tablero de ajedrez. El minimalismo de sus estrategias es encomiable, y el juego, salvo en un par de momentos (uno excesivo y otro previsible, el final), se mantiene con interés. Hay algo de la adhesión que despierta la venganza de los desclasados que es lo que nos hace estar más al lado del protagonista que al lado de sus supuestas víctimas.
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Así me gano la vida: criticando películas. ¿Te puedes imaginar que tu mayor pasión, ver cine, te dé de comer? Ya sé, tenemos mala fama, pero... ¿con quién se meterían los cinéfilos y la gente de la industria si no existiéramos? Venga, no pierdas el tiempo: critícame si te atreves...
Sergi Sánchez
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