Estado crítico

Criticar: "Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte". Y eso es lo que haremos aquí, así que si has salido del cine con ganas de comentar la película, no te reprimas y critica, critica...
26 Marzo 2007

300 + la Reina de las Drags

PUNTUACIÓN: 6

Para cerebros que quieran desarrollar su capacidad muscular

El otro día mi compañero Escrito por se preguntaba si los críticos somos capaces de disfrutar de una película que se resiste a ser intelectualizada. La cuestión surgía a raíz del alud de críticas negativas de 300, tan vapuleada por los periódicos americanos como vitoreada por el público.

No me di por aludido, por supuesto. Soy de los que creen que Mad Max o Spiderman II son tan extraordinarias como Rocco y sus hermanos o Hiroshima mon amour. Es decir, de los que creen que hay un cierto tipo de cine comercial (ergo cultura popular) tan importante y de tanta calidad como cierto tipo de cine de autor (ergo alta cultura). Hay buen y mal cine, y punto. La pregunta es: ¿Es 300 una película que se resiste a la intelectualización? ¿No demuestra, acaso con demasiada vehemencia, paralelismos ideológicos entre espartanos (y americanos) y persas (y árabes)?

A pesar de que su trogloditismo me pareció un punto agresivo para mi estado de ánimo, a medida que la película avanza, fue devorando mi inicial reticencia. Es, tal vez, demasiado artificiosa, y está demasiado pendiente del cómic de Frank Miller, pero su capacidad para crear imágenes poéticas del Apocalipsis (el árbol de cadáveres, la lluvia de flechas, los persas muertos como enorme barricada) es innegable. Es pura testosterona, tan homoerótica como machirula.

Eso sí, a Zack Snyder, tan inspirado en Amanecer de los muertos, a veces se le va la mano. ¡Ese Jerjes (Rodrigo Santoro) convertido en Reina Carrozona del Orgullo Gay!

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Escrito Por

Sergi, haces bien en no darte por aludido porque yo también tengo mi parte de crítico y no pretendía apedrear la profesión sino señalar en este caso la brecha ente público y crítica y claro, abrir un debate. Saludos.

Sergi

No, si entendí perfectamente a lo que te referías. Y, de hecho, 300 es una película ideal para generar ese debate, que, en muchos casos, se da de un modo terriblemente polarizado en el mundo de la crítica...

Galax Pictures

SENSACIONAL.
Un magno espectáculo. Una película sincera.
¡Preparaos para la gloria!
Saludos.
http://www.gp-cine.blogspot.com

alejandra

genial!!

shangai ama el peplum

bufff, a mi la peli me parecio muy muy floja. ¿sincera? ¿alguien se ha molestado en leer los dialogos? realmente la pelicula me parecio un producto que supuestamente deberia tener todas las carateristicas de una pelicula taquillera a mas no poder, pero que en el fondo se queda en eso, recursos hilados muy burdamente que en ningun momento dan unidad; y... al margen del asunto de alguna batallita y esa estetica de videojuego, que me parecio mas explotada en oldboy o peliculas precedentes. lo demas, pues creo que es excesivo, pero de un excesivo que ronda lo grotesco, lo parodico, sin querer ser parodico, me refiero al arbol de cadaveres y demases. no se porque, pero realmente la pelicula no me hizo ni disfrutar, es un estereotipo tras otro. realmente la base de la pelicula, el honor, la valentia y la dignidad te los pueden dar escritos en un papelito segun entras a verla, porque lo que es la pelicula lo muestra de la manera mas plana posible.

la conclusion que saco al ver un cine de este nivel, es la enorme relacion que se establece entre industria e imagen: lo de las tetas y los cuerpos de ellos canta de manera excesiva. no me resulta ademas nada ludico ver un cine plagado de cliches narrativos. si por lo menos la imagen aka fx pudiera hacerme vivir una experiencia pues seria otra cosa, pero es que ni eso. ya digo, me parece que el amigo snyder ha soltado su propio chiste sobre el asunto, pero no le ha salido.

menudo miedo que tengo con watchmen.

Velma Kelly

Si el cine es espectaculo...el cine se llama 300

miquel

para mi de lo mejor que he visto de un comic, ya era hora que alguien hiciera una pelicula sin tocar un coma del comic.

la mayoria de estos comics-film se bajan los pantalones y tienen que
hacer la pelicula light para que vayamos mas borregos. y asi hacer mas caja. solo tienes que ver como se tiran de los pelos las distribuidoras cuando le dicen que su producto es para mayores de
18, hasta consiguieron poner LA SALVAR AL SLDADO RYAN
NRM13.

Como puedes decir que spiderman 2 es mejor pelicula que esta
si es una puñetera caricatura del comic.


Sergi

Sólo digo que, como película, es excelente. Ya sabes, el cine y el cómic son lenguajes distintos...

Perro Viejo

300 es una obra maestra. Una de las películas más extraordinarias que he visto en mi vida. Siento una enorme admiración por sus creadores. Me haría muy feliz ser uno de ellos. Se está produciendo, en estos años, una fenomenal transformación en la manera de hacer cine. Las imágenes que nos ofrece la pantalla gigante son sencillamente maravillosas. A quienes se quejan de los diálogos, les aconsejo dejar el cine y leer «Cien años de soledad», de García Márquez, o «Ficciones», de Jorge Luis Borges, o «Crónicas marcianas», de Ray Bradbury, que son obras maravillosamente bien escritas. El cine es, sobre todo, un espectáculo visual.

El señor de la esquina

Si se forma parte del reducido grupo de hombres y mujeres que se han sentido atraídos, y han logrado acceder, a las maravillas que nos ofrece el conocimiento de todo lo que nos rodea, entonces se puede «intelectualizar» cualquier cosa: una piedra del jardín, el vuelo de un pájaro, la sonrisa de un niño, un grupo de 300 guerreros dando su vida por un ideal. ¿Una película que se resiste a ser «intelectualizada»? El mundo se divide en críticos y HACEDORES. ¡Benditos sean los HACEDORES! Benditos los que cambian el mundo, los que construyen el porvenir, los que hacen esta vida, día tras día, más hermosa, más interesante, más digna de ser vivida y disfrutada. ¡Felicitaciones Zack Snyder! Has hecho un estupendo trabajo.

Un verdadero holgazán

«No duré mucho de crítico, menos de un año, pero en tan poco tiempo llegué a odiar ir al cine, algo increíble para alguien que anteriormente no había visto una sola película que no le gustara. Me acuerdo de esto siempre que pienso en la vida que deben llevar los críticos, sobre todo los de cine, y más aún los cinéfilos de la vieja escuela, los veteranos de contracubierta de libros que siguen escribiendo reseñas después de cuarenta años o más, sin haber desarrollado aún una mente desenfadada y abierta. Les dicen a los demás dónde se han equivocado, viven la tensión cotidiana de tener que encontrar otro superlativo, u otro adjetivo peyorativo, mientras aún mantienen su credibilidad.»
(Tomado de «Kubrick», de Michael Herr, Nueva York, 2000)

Mi puntuación para 300, de Zack Snyder: 10 (Cien por ciento 10)

Alejandro

300 es una película deslumbrante, imponente y ciertamente extraña. Una maravilla para ver con los ojos bien abiertos. Espero que siga cosechando premios, todos los que se merece.

Juan Carlos

No hay nada de malo en criticar películas. Me parece un trabajo muy interesante. Que te paguen por ir al cine, por comentar lo que viste. Por desgracia, como en todas las profesiones, hay profesionales excelentes, buenos, malos y espantosos. Sería muy provechoso para todos, que aquellos que se disponen a dar su opinión sobre la película «300», que está inspirada en un comic, que a su vez está inpirado en hechos que acontecieron en el año 480 antes de Cristo, tuvieran algún conocimiento sobre el comic, sobre su autor, sobre la historia de Esparta, sobre la batalla de las Termópilas, sobre cómo educaban los espartanos a sus hijos. Sería muy bueno que los críticos fueran capaces de distinguir, al ver la película, lo que es un fiel reflejo de los hechos reales y lo que entra en el terreno de la fantasía. Lo que molesta son los críticos que dan por un hecho que lo que no les gusta a ellos, no sirve para nada, es una porquería. Alguna vez vi «Casablanca», y no me produjo grandes emociones. Pero sé que es una gran película. No pienso que los que se emocionaron con ella sean estúpidos. Pienso que vieron cosas que yo no vi. Y lamento mucho que así sea. Lameno no haber sido capaz de ver lo que ellos vieron. «Nada es verdad, nada es mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira».

Platón

En buena lógica, ¿no debería la mente del crítico conocer la sustancia del tema sobre el que se dispone a hablar?

Sergi

No deja de ser curioso que una película tan trivial como 300 desate un debate sobre el oficio del crítico. Y lo dice alguien que la disfrutó más que otra cosa. Es cierto, el crítico tiene que saber de lo que habla. Lo que no significa que tenga que ser licenciado en historia griega para escribir sobre 300. Parece que estemos hablando de un documental histórico, cuando es evidente que Zack Snyder se pasa por el forro la Historia (y bien que hace) cuando le da la gana. A no ser que hubieran rinocerontes mutantes en aquella época... Quién sabe...

Si este debate surgiera a raíz de Inland Empire...

Julián

¿Una película trivial? El coraje, la pasión, la defensa de la patria, estar dispuesto a dar la vida por tus seres queridos, el orgullo de haber peleado con fiereza en el campo de batalla, el dolor de estar agonizando y ver como tu jefe (al que tanto admiras) se está muriendo a tu lado, la determinación de ser fiel a tus ideales hasta el último aliento, tener la moral tan alta que eres capaz de enfrentarte a lo imposible, la tristeza que te invade al comprender que nunca más verás a tu mujer y a tu hijo, el horror de los mutilados, los miles de los muertos, la traición, el arrepentimiento de los traidores, tu hijo degollado frente a tus ojos, el deseo de venganza que te quema las entrañas, la esperanza de hacer algo grande con tu vida antes que la muerte se lleve tus huesos, los cobardes que se quedan en casa, los que difaman a los héroes. Sí, supongo que todos estos temas son, para algunos, simples trivialidades que no vale la pena considerar.

Juan Carlos

Obtener información en Internet, sobre cualquier tema, es tan sencillo, que resulta curioso que alguien piense que para saber algo sobre Leónidas, rey de Esparta, o sobre Jerjes, rey de Persia, o sobre la Batalla de las Termópilas, tenga que estudiar seis años en la universidad.

Un lector agradecido

Jerjes eran tan desagradable, tan prepotente, tan creído de sí mismo como lo muestra la pelicula. Después de forzar el paso de las Termópilas, se dio el gusto de saquear la ciudad de Atenas. ¡Bien por Artabano, el cortesano que le quitó la vida en el 465 antes de Cristo!

Aureliano Triste

Si tu padre (Darío I) prepara una enorme expedición para conquistar la Hélade, y los griegos le dan una flor de paliza en Maratón (-490), ¿no te darían ganas de tomarte una linda revancha saqueando la ciudad de Atenas? Vamos, seamos sinceros, no nos engañemos.

Simónides

«Caminante ve a Esparta, y dile que yacemos aquí por obedecer sus leyes.»
(Epitafio por los griegos muertos en la batalla de Termópilas)

Carloncho (de Mendoza)

La decisión de Jerjes de retirar sus tropas (que, gracias a la ayuda de un traidor, habían logrado rodear a lo que quedaba de los 300) y aniquilar a sus enemigos con una lluvia de flechas, es la decisión de un hombre que sabe que lo ha perdido todo: la batalla, el honor y la vergüenza. La muerte de los 300 es uno de los hechos más gloriosos de la historia. Un hecho que queda brillantemente presentado en la película de Zack Snyder. (Le perdonamos el rinoceronte, los elefantes y las otras licencias que se tomó, así como le perdonamos a Milos Forman las licencias que se tomó en «Amadeus», y a Richard Attenborough las que se tomó en «Gandhi».

Emiliano (de Monte Hermoso)

Me gustaron los colores de la película, a medio camino entre la realidad y la fantasía. Me alarmaron las nubes de flechas, tan enormes, tan oscuras, como las voraces nubes de langostas migratorias que soportó G. Volkens en los caminos que conducían, en 1910, a los campos cultivados de la región del Kilimanjaro. Me impactaron las murallas de cadáveres, tan tétricas, tan espantosas, como las que levantaron las tropas del duque de Wellington, con los soldados franceses muertos en batalla, en Haie Sainte, en la batalla de Waterloo. Me maravillaron las escenas de combate, tan duras, tan violentas, tan sangrientas, como las que deben haber tenido lugar en la verdadera batalla de las Termópilas.

Cirilo (de Chilecito)

¿Sabían que Jerjes perdió a dos hermanos en la batalla de las Termópilas? Diez mil hombres y dos hermanos. El odio que debia sentir ese hombre no se lo deseo a nadie. A mí me matan dos hemanos y empiezo a patear caballos y a repartir sopapos a lo loco.

El nono

¿Caballos en la batalla de las Termópilas? Ya nos estaban sobrando un rinoceronte y tres elefantes, y ahora le agregamos caballos. ¡Por favor! Lo único que falta es que le metamos el Tiranosaurus Rex y la manada de Velocirraptores de Parque Jurásico.

Rubén Orlando Raimondo

¡Qué distintos Leónidas, William Wallace y Alejandro Magno de Jerjes! Leónidas siempre estaba allí, con sus soldados, en el centro mismo del infierno. Lo mismo Wallace. Lo mismo Alejandro. Qué penosa la actitud de Jerjes. Sentado en su trono, en una colina, viendo la batalla de las Termópilas desde una distancia segura. Ordenando a sus diez mil arqueros medos lanzar una andanada de flechas sobre los griegos.

Ubaldo Matildo

Viendo esta película, esta grandiosa superproducción, he vuelto a sentir la magia que alguna vez sentí viendo «King Kong», con los efectos especiales de Willis O'Brien, y «Jason y los Argonautas», con los efectos especiales de Ray Harryhausen. He tratado de averiguar quienes son los magos de «300», los que nos regalaron este magnífico espectáculo visual, pero no lo he conseguido.

Corazón Valiente

Si yo pudiera elegir mi muerte, si pudiera hacerlo antes de que la vejez se haga cargo de mis huesos, si no tuviera límites para ello, sería para mí un honor, una felicidad y una fiesta, morir bajo una lluvia de flechas o acometiendo, a puño, lanza o espada, junto a los 300 espartanos que alcanzaron el Hades, la Gloria y la Inmortalidad, en la Batalla de las Termópilas.

kifkif

Qué mal va este país.

Curioso

¿España? ¿Grecia? ¿Estados Unidos?

Condescendiente

Totalmente de acuerdo con kifkif. Yo hubiera sido incapaz de armar una frase con semejante contundencia. Este país (¿O debo decir «este mundo»?) se está poniendo muy flojo a la hora de preparar individuos con capacidad para expresarse. Es una pena que algunos colaboradores de esta página (y de otras), a la hora de quejarse, a la hora de arrojarnos a la cara sus infinitas frustraciones, no puedan encontrar en su cerebro izquierdo, por mucho que busquen y rebusquen, más que cinco palabras para expresar lo que sienten.

Hugo Oscar (deSierra Grande)

No estoy de acuerdo con «El señor de la esquina». No comparto su tajante división del mundo en críticos y hacedores.Yo creo que un crítico que se toma en serio su trabajo, que disfruta con su profesión, que le gusta informarse, conocer el tema sobre el que se dispone a hablar, que es capaz de pensar fuera de su área de especialización, que siente respeto por la inteligencia de sus lectores, que no está ansioso por denostar, humillar y derrumbar, que no adopta una posición de superioridad frente al director de cine, o frente a los actores, o frente a los diseñadores de producción (que en una película como «300», está a la vista de todos, han dado su mejor esfuerzo), puede ser tan creativo, tan ingenioso, tan HACEDOR como cualquiera de ellos.

Orlando

Hay obras de arte que parecen sueños. Que nos hacen preguntarnos, empequeñecidos ante semejante grandeza, cómo han podido sus creadores llevar a su conclusión esos milagros. «Mujer pesando oro», de Vermeer. «La persistencia de la memoria», de Salvador Dalí. El Taj Majal: un homenaje de Shah Yohan para Arjumand Banu, el único amor de su vida. Pienso en «2001: Odisea en el espacio», de Stanley Kubrick, en «King Kong», de Peter Jackson, en «300», de Zack Snyder. Las metamorfosis de «Aullidos», de Joe Dante, y de «Un hombre lobo americano en Londres», de John Landis. Ray Sugar Leonard enfrentando, por primera vez, a Thomas Hearns y a Roberto «Mano de Piedra Durán». Las mejores escenas de lucha de «Operación Dragón». Los goles de Messi y Maradona, gemelos nacidos con veinte años de diferencia...

Domingo Faustino

Yo creo que la grandeza del rey Leónidas está encerrada, como una pequeña joya, en las últimas palabras que le dejó a su esposa, Gorgo: «¿Qué debo hacer si no regresas de la batalla?» (le preguntó ella). «Cásate con un buen hombre y tengan hijos» (fue su respuesta).

Manuel (desde el jardín)

Y yo me voy a permitir agregar que Lena Headey, vestida de griega, es una diosa que raja la tierra. (Está buenísima, está).

Roberto

Querido Efialtes: Eres una porquería, una basura, un guiso quemado, una boñiga de vaca, un zapato roto, una media agujereada, un dedo machucado, una espina en el talón, un grano en la nariz, una alergia de primavera, un resfrío que me está matando, una caquita de mosca, un dolor de muelas, una patada en el barro, un mosquito en la oreja, una cucaracha en el bolsillo, un cheque rebotado, una desgracia, un sinvergüenza, una bazofia, un mentecato, un sucio, etc.

Ya me voy

Por Efialtes no se preocupen. Yo tengo una o dos cosillas que arreglar con él. De monstruo a traidor. Si los médicos no se equivocan (el cangrejo que me está partiendo las tripas no parece querer desmentirlos) esa basura y yo, a más tardar en una o dos semanas, nos encontraremos en el Infierno.

El muerto

Amigo «Ya me voy». Una cosa quiero pedirle antes que se vaya. Que en ese encuentro con Efialtes (ese maldito que traicionó a los 300, ese maldito que debe ser castigado) ponga toda su bravura, y toda su malicia, y toda su maña, como en aquel otro de hace treinta años, cuando me arrinconó contra una pared de ladrillos en el jardín de mi casa, frente a mi mujer y mis hijos, y me cortó el cogote con la guadaña.

Pancho (de la Videla Castillo)

300 marca un hito en el modo de llevar al cine las grandes batallas de la historia (en las que los guerreros se enfrentan con escudo, lanza, flecha y espada). Con 300, el cine que presenta estos temas llega a su edad adulta. 300 será, de aquí en más, el modelo a seguir por las películas de este género que pronto llegarán. 300 está ahora en el reino de «2001: Odisea en el espacio» (de Stanley Kubrick) y «Parque Jurásico» (de Steven Spielberg) películas que marcan una época en la historia de la cinematografía, que presentan estándares tan altos (codeándose con la casi perfección en su obsesivo entusiasmo por hacer bien las cosas), que cambían con fuerza la forma de hacer películas, influyen de manera extraordinaria en generaciones de futuros actores, artistas y directores de cine (que las disfrutan con la asombrosa e irrepetible naturalidad de sus diez o quince años) y nos brindan a los simples espectadores un espectáculo imponente, maravilloso, que guardaremos para siempre en la memoria.

Pepe

Me asombra mucho que una peli de acción genere tantos comentarios y controversia. Parece que por ser de este género no tiene derecho a ser buena. Es cierto que no provoca demasiados estímulos neuronales, pero yo estuve totalmente embobado por sus imágenes, y su espíritu macarra, durante dos horas. Ver una película de vez en cuando con el encefalograma plano no tiene nada de malo. Lo agotador sería lo contrario (¡¡¡The fountain!!!).

Christian Marcelo

Amigo Pepe: Esta película, como cualquier otra, tiene todo el derecho del mundo a ser buena. No sólo buena, buenísima, interesante, estimulante. Aunque me ha gustado leer que sus imágenes te embobaron durante dos horas (a mí me pasó lo mismo), no coincido con la idea de que no provoque demasiados estímulos neuronales. Las emociones, los sentimientos, el miedo, el asombro, la sensación de maravilla, el dolor de ver a los espartanos traicionados por un compatriota, la indignación que te provoca que los persas recurran a la cobardía para darle un punto final a la batalla, la tristeza por la muerte de los héroes, todo eso que te hace galopar el corazón, todo eso que te llevas contigo cuando sales de la sala de cine y regresas al tiempo y al mundo que en suerte te ha tocado, proviene nada más ni nada menos que del cerebro, la más preciada y compleja de tus posesiones..

Manucho (desde el Chaco Boreal)

Y sí, todos esos duendecillos que te bailan entre las orejas cuando ves una película como 300, se tejen en una telaraña de cien mil millones de neuronas. ¿Qué te parece, Venancio, qué te parece? Si te enchufan un escáner PET (con tu permiso) para ver qué pasa mientras te metes con patas y todo en la batalla de las Termópilas, sabrías que Zack Snyder y sus amigos les han agregado varios tornillos a tus sesos. Que el impacto de la carnicería, las flechas hundiéndose en la carne, una espada cortando un cogote como si fuera de manteca, los gritos de guerra y los alaridos de dolor, te han hurgado el cerebro un poquito por aquí y otro poquito por allá, cambiándote la mente para siempre.

Julián Mathías (de Toronto, Canadá)

El enfrentamiento entre guerreros que vivieron y murieron más de dos mil años atrás, tal como se ve en esta película, es el mejor en toda la historia de la cinematografía. Estamos hablando de imágenes fenomenales, imágenes tan impresionantes que sólo pueden apreciarse en toda su plenitud en las enormidades de una pantalla de cine, imágenes que nos revelan sus interiores en un nivel superior, el nivel en el que los artistas (los verdaderamente grandes, los que han dado sus vidas para que el papel, el mármol o el cine muestren sin ambages, con toda la preciosidad de sus detalles, lo que sus almas realmente han querido expresar desde el instante en que las musas les despertaron el apetito por lo imposible) el nivel en que los artistas, decía, se sienten libres para darnos a conocer las felicidades y los dolores que los emocionan o los atormentan, poniendo sus tripas sobre la mesa, a la vista de todos, con una sinceridad que conmueve, que nos alienta a respetarlos y admirarlos, el nivel que corresponde al arte en su máxima expresión.

Don Camilo

Me parece muy interesante lo dicho por el señor «Perro Viejo» (si es que ése es su nombre). Ahora bien, en lugar de recomendarles libros de Borges, García Márquez o Ray Bradbury (En Borges y García Márquez va a ser difícil que encuentren diálogos), a los que no les gustaron el guión de 300 les aconsejo ver películas de Woody Allen: «Maridos y mujeres», «Hannah y sus hermanas», «Crímenes y pecados», «Otra mujer», etc.

Taipegao

¿No me parece que sea tan innovadora desde el punto de vista visual? ¿What? ¡Increible! Sin palabras...

El Ñato

Walt Disney + Katsuhiro Otomo + Salvador Dalí + Giorgio De Chirico + Jan Svankmajer + Sam Peckinpah + Ray Harryhausen + Frank Miller + John Landis + Jan Jacques Annaud + Terry Gilliam + Akira Kurosawa + Kenneth Branagh + El jorobado de Notre Dame + Corazón Valiente + Tiempos de Gloria + El nombre de la rosa + King Kong + Aullidos + Enrique V + Fantasía + Zack Snyder = 300

Pedro Nolasco

300 es un peliculón. ¡Y que no se diga más!
Posdata: Ñato: estás chiflado.

kifkif

Qué mal va este país

Carlos Roberto

Querida Gorgo (Amor de mis amores): Creo que no habrá en mi vida otra pena que me conmueva tanto, que me sacuda con semejante furia las entrañas, que haber sido testigo de lo que cierto cobarde se atrevió a decir sobre ti delante de los viejos. Boquiabierto, atónito, horrorizado, me he desgarrado la camisa con un sólo tirón de la mano derecha, y he caído de rodillas en la alfombra del cine, aullando como un lobo enfermo en la cúspide de su desesperación, y he llorado como un niño pequeño hasta los mocos. Sí, hasta los mocos, por qué no voy a decirlo. Si pudiese saber siquiera dónde estás. Si pudiera adivinar en qué Paraíso, Pradera o Palacio es que te encuentras, creo que me sentiría mejor. Otra vez has vuelto a ser víctima de ese repugnante despiadado que te puso sus garras encima. ¡Maldito! ¡Maldito sea! Qué bueno que le dieras lo que se merecía. Qué bueno que le hundieras la daga en la porquería de las tripas. Siento que nosotros, los que descubrimos en 300 la inconcebible pureza de tus ojos, de tus labios, de tus manos, los que te adoramos, los que formamos legión, los que nunca vamos a olvidarte, los que daríamos hasta lo que no tenemos para hacerte feliz, seremos capaces de soportarlo todo. Sí, Gorgo, todo. Hasta el simple hecho de que ya no estés entre nosotros.

Labuella

Carlos Roberto, darling. Otro comentario suyo y entro en coma.

Carlos Roberto

¿A cuántas Labuellas, querida Gorgo, habrás derrotado en tus mejores tiempos con tu coraje, con tu ternura, con tu belleza? ¿Cuántas Labuellas, a casi 2500 años de tu muerte, seguirán lamentando no haber estado en tus sandalias? A mí me hubiera gustado estar en las de Leonidas, que se dio el gusto de amarte y respetarte, y ser el padre de tu hijo. Qué fácil es imaginarlo prendado de ti hasta los huesos. Y qué triste y qué duro es recordarlo llamándote con desesperación, en sus últimos instantes (mi amor... mi reina...) mientras las flechas que le cruzan la carne lo van borrando de la tierra. ¡Cómo me hubiera gustado ser parte de ese mundo! ¡Cómo me hubiera gustado, querida Gorgo, ser parte de tu mundo!

El Cebolla

El primer encontronazo entre persas y espartanos, me refiero a ese momento mágico en el que los persas vienen corriendo como endemoniados y chocan con los espartanos (que los estaban esperando a pie firme en el Paso de las Termópilas), me hace pensar en mundos en colisión, en King Kong dando tremendos puñetazos en los portones gigantes de la empalizada, en una lucha de alces macho en época de celo, en los bichos de «Tropas del espacio», en el bólido de «Escape en tren» arremetiendo contra todo lo que encuentra en su camino. Es una escena impresionante, producto de mentes extraordinarias, de diseñadores talentosísimos, de artistas que van a darnos muchas alegrías en los años que vendrán.

Pepe

Quizá no he sabido explicarme bien; la película me ha provocado todo eso que indicáis: miedo, asombro, dolor... estaba hablando más bien desde un punto de vista intelectual o cerebral. Desde el punto de vista emocional salí de la sala plenamente satisfecho. Es evidente que se disfruta mucho más de una película vista desde éste último punto, que no de una manera analítica y distanciada. Si mientras estás viendo la peli le estás dando vueltas a la cabeza, como me pasó con "The fountain", malo. Las reflexiones y análisis deben hacerse a posteriori.

Pepe

Quizá os tomásteis de una manera demasiado literal mi comentario: por supuesto que la peli me provocó estímulos neuronales...hasta una de Sandra Bullock provoca algún estímulo.
Hasta mirar una pared blanca los provoca,¿no?

El oficinista (hoy tengo un trabajo de locos)

Sobre todo Sandra Bullock, que es una diosa que raja la tierra. Mira Pepe, si Sandra Bullock me lo pidiera (asi como estoy, con camisa, corbata, pantalones y zapatos) me enfrentaría a Jerjes y a todos los agrandados que llegaran por delante. Así nomás, sin lanza ni escudo. Me adelantaría a los 300, cruzando el Paso de las Termópilas como alma que lleva el diablo, y empezaría a repartir sopapos a diestra y siniestra. Al gigantón que viene encadenado echando pestes, no le cortaría el cogote (como hizo Leónidas), en lugar de eso le metería tantas patadas en el culo, tantas pero tantas, que en lugar de rugidos le saldrían llantitos de Magdalena.

Jota Jota

Con respecto a que una pared blanca también puede provocar estímulos neuronales, Pepe tiene razón. Lean este párrafo extraído de «Yo, Asimov», de Isaac Asimov:

«En mi despacho mantengo siempre las persianas cerradas y trabajo sólo con luz artificial, no importa cuánto brille la luz del sol. Además, mi máquina de escribir está colocada de tal manera que, cuando la estoy utilizando, me queda enfrente una pared en blanco, desprovista de ventanas».

Esto lo escribió un hombre que dio al mundo varios cientos de libros sobre historia, astronomía, ciencia ficción, biología, química, etc.

En su libro «Los griegos», en el capítulo 8 (La guerra contra Persia - Las Termópilas y Salamina) el gran Asimov nos cuenta los hechos que se desarrollaron en la Batalla de las Termópilas.
Me gusta pensar que se habría sentido muy feliz viendo 300, de Zack Snyder.

Sergi

Me alegra y me sigue extrañando (lo celebro, de verdad) que 300 concentre tantas opiniones, y tan dispares. Al pobre Spiderman nadie le hace ni caso. Y eso que lleva recaudados ni sé los millones de dólares...

Alberto (Para Leónidas, para los espartanos, para los magos de 300)

El rey oyó una voz que venía de su lado, una voz que luchaba con la angustia y el dolor que le comía las entrañas, y luego una mano que se cerraba sobre la suya. Miró al hombre derrumbado sobre el campo de batalla, atravesado por las flechas de los persas, que hacía un esfuerzo enorme para despedirse de su amigo, de su rey, de su señor.

Una tristeza inmensurable, una tristeza que parecía no caberle entre los límites del pecho, unida a los tremendos dolores de la carne, se hizo agua en la superficie de sus ojos. Adiós, amigo, dijo el rey. Para mí también es un honor morir a tu lado. Adiós. Adiós a todos.

Luego, dejando la mano del guerrero, Leónidas se irguió lentamente hasta ponerse de rodillas. Con la voz quebrada, los ojos llorosos y el corazón hecho pedazos, gritó con toda su alma: ¡¡¡Mi reina...!!! Vacilando, soportando los fuegos violentos que le quemaban las costillas, dejó que el crepúsculo de la tarde se quedara con sus últimas palabras: ¡Mi esposa...! ¡Mi amor...!

A lo lejos, fascinado por el color de su propia sangre, que parecía estar viendo por primera vez, Jerjes se encontraba perdido en alguna oscura lejanía, en la que no sabía muy bien qué hacer o qué decir.

Abrumado por el sabor de la nostalgia y la increíble belleza de sus recuerdos más preciados, cansado de la lucha prolongada y el sufrimiento de sus guerreros, Leónidas contempló el mundo que dejaba para siempre.

Con un esfuerzo final, los ojos encendidos de agonía, elevó los brazos al cielo. Durante un momento el tiempo pareció detenerse, como queriendo darle un respiro al monarca malherido.

Los recuerdos de Gorgo, el amor de su vida, los días felices a su lado, ésas delicias que ya nunca volverían a tocarlo, se fueron esfumando poco a poco, y volvieron los cuerpos mutilados que yacían por todas partes.

Fue entonces cuando los persas, sabiéndose humillados por segunda vez, volvieron hacia Leónidas unos rostros enfurecidos de venganza. Leónidas también los observó, hasta donde se lo permitieron las lágrimas. Y de pronto comprendió. La gloria era suya, de los 300. Y comprendió, también, el odio y el terror que desencajaban los rostros de los persas.

Les tenían miedo, sí, aún viéndolos agonizar, desangrarse, retorcerse por el dolor de las heridas. Los 300 eran para ellos un gigante oscuro y espantoso, un ejército más aterrador que aquel otro que los derrotara en Maratón. Una fueza colosal que había sembrado con diez mil cadáveres el campo de batalla.

Al menos el final llegaría con honor. No habría vergüenza para los que se quedaron en casa. No habría vergüenza para su mujer, ni para su hijo, ni para los amigos que ya nunca vería, ni para los ancianos, ni para los jóvenes que tenían una vida larga por delante.

Habría orgullo. Un enorme sentimiento de orgullo por lo que habían logrado ese día en las Termópilas. Peleando como fieras, hasta el último momento. Por todos ellos, para todos ellos. Y por su patria, y por la libertad.

Leónidas miró de nuevo a los persas. Habían ganado la batalla, sí. Pero no guerrero contra guerrero, como hacen los hombres. Se habían visto obligados a rebajarse a la deshonra, a la vileza de herirlos desde lejos, como cobardes, con sus flechas.

La victoria final no sería para los invasores. Sería para los espartanos, para su gente. Y ese sentimiento abrumador que confundía a los enemigos, ese sentimiento que los persas no podían evitar, ya los estaba derrumbando desde adentro. Sí, Leónidas comprendió, y se sintió aliviado y listo para irse.

Un terror insoportable, así eran los 300, una conmoción descomunal que los persas no podrían destruir, ni siquiera con la muerte. Y entonces la nueva idea, como una plantita tenaz, floreció en algún rincón de su alma desgarrada, confortándolo, a pesar del sufrimiento. El rey miró el universo por última vez, mientras en el pecho se le iban apagando los latidos.

Un arquero medo tensó su arco en la distancia. Otros siguieron su ejemplo. Una gigantesca lluvia de flechas, que oscurecía el cielo con lo que parecía el zumbido de un maremoto de langostas, venía en busca de sus huesos.

C.A.A

Isaac Asimov (Los griegos)

La batalla de las Termópilas alentó a los griegos por su ejemplo de heroísmo y ha inspirado desde entonces a los amantes de la libertad de todos los tiempos.

El ateniense

Lo que me gusta de los espartanos es su sentido del humor cuando las papas queman. En la batalla de las Termópilas, creo que fue en el segundo o tercer día de lucha, a las dos o tres de la tarde, a un espartano y a mí los persas nos arrinconaron contra una pared de difuntos. No teníamos salida. El resto del ejército se encontraba luchando a brazo partido a unos doscientos metros. (Al pobre espartano, Melcíades era su nombre, después lo alcanzaron las flechas). Eran como trescientos persas, con unas ganas bárbaras de acomodarnos los dientes. Parecían tener algo personal contra nosotros. Cuando estaban a unos veinte o treinta metros, escupiendo fuego, Melcíades me mira y me dice: Aunque te parezca mentira, ateniense, yo sé cómo hacer hablar a los panes. ¿Cómo? (le pregunto). Me das un pan duro y lo hundo en una vasija con leche fresca o agua de pozo. A los diez minutos, más o menos, esthá blando...

Jota Jota

Aunque el siguiente comentario está relacionado con la batalla de Maratón, resulta interesante la semejanza con lo que vimos en el comienzo de la película, cuando los mensajeros persas son arrojados a un pozo:

«Mientras Darío (padre de Jerjes) preparaba el golpe envió mensajeros a las ciudades griegas que aún eran libres y les exigió que reconocieran la soberanía persa. Sólo así podrían evitar su perdición. La mayoría de las islas del Egeo, que no podían esperar ayuda de nadie contra la flota persa, se sometieron inmediatamente.

Se cuenta que, cuando el mensajero de Darío llegó para pedir la tierra y el agua, como signo de que Esparta aceptaba la soberanía de Persia en la tierra y el mar, los espartanos arrojaron al mensajero a un pozo de agua y le dijeron: «¡Ahí tienes ambas!»

Tomado de «Los griegos», de Isaac Asimov

Manuel (de Pahuajó)

He notado, en la mayoría de los comentarios, una idealización de los espartanos. Una idealización motivada, sin duda alguna, por el impacto que causa en las emociones la belleza de las imágenes, las escenas de guerra y las excelentes actuaciones (que recuerdan mucho al dramatismo propio del teatro) de la película de Zack Snyder. Si dijera que soy capaz de evadirme de esa idealización, estaría faltando a la verdad.

Después de deleitarse con la música de un gran pianista, un espectador agradecido (que pudo cambiar unas palabras con el músico después del concierto), le dijo que daría la vida por tocar como él. A lo que el pianista respondió: «Yo la he dado.»

Para traducir en hechos los deseos que no nos dejan dormir, para alcanzar esas grandes metas que exigen una extraordinaria preparación física, para convertirnos en un Naomi Uemura (el primer hombre en llegar solo al Polo Norte) o en un Reinhold Messner (el primer hombre en alcanzar solo, sin oxígeno, la cumbre del Everest), o para ser parte de un grupo de 300 guerreros con la moral tan alta que se sienten capaces de enfrentarse a una avalancha de decenes de miles de persas, debemos consagrar la vida a una diaria persecución de nuestros sueños.

De ahí la admiración por aquellos que triunfan, por los que alcanzan sus metas, por los que logran hazañas que para la mayoría de nosotros son sencillamente imposibles.

Pero no nos olvidemos que los espartanos (así en la película como en la vida) examinaban a los bebés para ver si eran sanos, y los abandonaban y dejaban morir si es que no lo eran. No nos olvidemos que cuando cumplían siete años, se apartaba a los niños de sus madres para criarlos en cuarteles, donde debían soportar sin quejarse el frío y el hambre, el dolor y el cansancio, mientras eran entrenados en todas las artes de la guerra. (Las madres no podían negarse a la separación, los niños no tenían ninguna posibilidad de optar por un destino diferente.)

No nos olvidemos que los espartanos eran esclavistas. Para ellos era lo más natural del mundo tener a su servicio una enorme población de esclavos. (Platón y Aristóteles, dos griegos bien conocidos que estuvieron al sevicio de tiranos, dieron cada uno en su momento justificaciones para la opresión. Aristóteles decía que «los de clase inferior son esclavos por naturaleza y lo mejor para ellos como para todos los inferiores es que estén bajo el dominio de un amo...»).

Creo que en todos nosotros, en mayor o menor medida, y según quién nos juzgue, hay un doctor Jekyll y un Mister Hyde (como bien sabía Robert Louis Stevenson). Por eso es que somos capaces de admirar las hazañas de los espartanos que combatieron en la batalla de las Termópilas. Por eso nos conmueve que dieran las vidas por su libertad. Y por eso es que somos igualmente capaces de condenar las tremendas injusticias que cometieron para sostener su estilo de vida.

Los 3 chiflados

Jerjes tenía dos hermanitos.
Leónidas se los quitó.
Jerjes salió llorando.
Y Leónidas salió campeón.

Juan Camelo

Sí, la incorporación de un rinoceronte no fue una buena idea. Los rinocerontes son miopes, tienen un humor terrible y nunca fueron domesticados para ser usados en las guerras ni en ninguna otra cosa. En una película que se desarrollara en los reinos de la fantasía, la ciencia ficción o el realismo mágico, sería una idea estupenda ver no sólo uno, sino una manada completa de enloquecidos paquidermos. Pero en esta película, que se inspira en hechos reales, que han tenido una importancia tan grande en la historia, el rinoceronte estuvo de más.

Julio (el otro)

Los africanos dicen: «Kifaru masimu» (Los rinocerontes están locos). La causa de semejante comentario sobre este animal se debe a su vista, mala en extremo, a su facilidad para asustarse y excitarse y a su enorme fuerza. Apenas pueden divisar a un hombre quieto a una distancia de treinta o cuarenta pasos. No son capaces de distinguir con la vista si lo que tienen delante es inofensivo o peligroso. La consecuencia es que se ponen como locos. Entonces optan por la huída o un ataque ciego contra el objeto que ha causado su irritación. Si realmente hubieran soltado un rinoceronte en la batalla de las Termópilas, los primeros en volar por los aires, como maíz inflado, hubieran sido los persas. (Igual la película está buenísima. Es la mejor que he visto este año.).

Pancho Tirao

¡Qué frustración tan grande deben experimentar aquellos que pagan una entrada de cine, se instalan en la butaca con sus palomitas de maíz y sus caramelos, dispuestos a pasar unos buenos momentos, y se aburren desde el principio hasta el final con una película como 300! ¡Qué enojo tan grande deben sentir al enterarse que millones de personas, en todo el mundo, han disfrutado enormemente con esa misma película! ¡Qué rabia tan honda, qué impotencia tan profunda, debe golpearlos en el pecho al darse cuenta que se han quedado fuera de la fiesta!

Serapio

La actuación de Gerard Butler, en especial su trabajo en ese final tan impresionante en el que llama a su mujer (con el rostro arrasado de dolor, de angustia, de soledad, con la voz desgarrada de infinita tristeza ante la inminente llegada de la muerte), es el mejor homenaje que alguien pudo hacerle a Leónidas, a Esparta, a los 300.

Néstor

Yo quiero agregar que Rodrigo Santoro, interpretando a Jerjes, es (perdón si hay gente comiendo) una PERFECTA MIERDA. No estoy diciendo que su actuación sea mala. Todo lo contrario. Es muy buena, excelente, digna de admiración. Así era el verdadero Jerjes: una basura, una mierda (recordemos cómo terminó con los 300, recordemos que saqueó y quemó la ciudad de Atenas), y así es como lo caracterizó el actor brasileño.

Manuel Rodríguez

Quienes escriben que Andrew Tiernan se inspiró en el trabajo de Charles Laughton (El jorobado de Notre Dame, 1939) para darle forma a su Efialtes, en la película de Zack Snyder, muy probablemente estén en lo cierto. A mí (que recuerdo con tanto cariño esa vieja película, que vi un domingo por la tarde en el televisor en blanco y negro de mi abuela) me gustaría mucho que así fuera. Por desgracia, no estoy en condiciones de respaldar esas interesantes afirmaciones. Otros, que no han querido darme sus nombres, señalan con dedos temblorosos al hombre elefante de David Lynch. Bueno, tal vez alguna inspiración también vino de allí. Se me escapa en este instante el nombre del actor inglés que nos emocionó tanto con su actuación en esa película (Lo recuerdo en «Expreso de Medianoche», en «Alien, el octavo pasajero», en «1984»). Pero MIENTEN, horriblemente, quienes ven en Efialtes ecos de Quasimodo. Víctor Hugo se debe estar revolcando en su tumba. Quasimodo, como Efialtes, era un hombre triste, solitario, herido en lo más hondo por sus tremendas deformidades, un marginado social que soportaba, hasta donde podía, la enorme desgracia de ver al mundo desde afuera. Pero no era un hombre malo. Quasimodo, me atrevo a decir, jamás hubiera traicionado a Leónidas. El rey Leónidas fue, posiblemente, el único hombre que mostró respeto por los sentimientos de Efialtes. Lo trató como se trata a un buen amigo: con la mayor consideración. Le explicó, escogiendo sus palabras con mucho cuidado para no ofenderlo, por qué no podía contar con él. Puedo entender el dolor de Efialtes. Puedo entender su gigantesca frustración. Puedo entender su odio hacia una sociedad, la espartana, que asesinaba a los niños deformes para que no se transformaran en hombres como él. Eso, repito, soy capaz de entenderlo. Pero no su traición a Leónidas. Eso no puedo entenderlo ni perdonarlo.

Sergi

Hola Manuel,

El nombre del actor inglés es John Hurt.

Saludos.

El Pelao Mendoza

Algunos dirán que hablo por boca de ganso. Se dice por ahí, no importa dónde, que si Shrek tuviera (o tuviese) algún remoto parentesco con Efialtes, los estudios Dreamworks se verían envueltos en una demanda multimillonaria que haría crujir los cimientos de ese gigante del entretenimiento. A falta de Efialtes, Shrek (aseguran mis informantes) tendrá que hacerse cargo, le guste o no, de las espantosas consecuencias de la traición de su pariente remoto. Se dice que ejércitos de abogados están llegando a Grecia, en este preciso instante, para iniciar una minuciosa búsqueda de descendientes de los 300. Todo el mundo sabe (hasta los más tontos) que los huesos de los guerreros espartanos, que en paz descansen, están bajo varios metros de tierra en el Paso de las Termópilas. Los exámenes de ADN confirmarán o negarán, en menos tiempo de lo que muchos imaginan, el supuesto parentesco de Shrek con Efialtes. Si esa búsqueda y esos exámenes tienen éxito, y yo creo que lo van a tener, entonces el mundo del entretenimiento, tal como lo conocemos, puede ponerse patas para arriba en cualquier momento.

Dr. Juan Anselmo Gómez Machado Casariego

Se informa al señor Pelao Mendoza que a partir de este momento, Lunes 4 de junio de 2007, 16,40 h de la tarde, deberá abstenerse de dar cualquier información que perjudique la investigación que la firma a la que represento, Termópilas S.A., está llevando a cabo en relación con los hechos acaecidos en el año 480 antes de Cristo. Si el señor Pelao Mendoza no entiende, o no quiere entender, los daños que sus chismes pueden ocasionar a mis clientes, los descendientes de los 300, se le demandará por daños y perjuicios. Lo mismo corre para todos los señores y señoras que escriban en esta página, especialmente para kifkif y Labuella.

Manuel Rodríguez

Sí, John Hurt, gracias por el dato Sergi (Saludos). Pensar que John pudo haber sido el protagonista de la película Gandhi. Cuentan que, cuando se vio en taparrabo en la prueba fílmica, se rió porque sus piernas eran más las de un jugador de rugby que las de un asceta hindú. Creo que nadie puede imaginar un Gandhi más perfecto que el que parió Ben Kingsley. Pero qué interesante hubiera sido que John Hurt se quedara con el papel estelar. Todo actor, todo gran actor, se merece ser el protagonista de una gran película (una que reviente las taquillas) y llevarse un Oscar, como se lo llevó Ben Kingsley. Aunque no le den ningún premio por su encarnación el rey Leónidas, Gerard Butler ha tenido (en mi opinón) el gran papel de su carrera. Si yo fuera actor, y tuviera la oportunidad de personificar a un hombre que ha quedado en la historia como un héroe, una historia que fue escrita nada menos que por Heródoto (ese viajero incansable, gran oyente y extraordinario observador), y si esa película tuviera un éxito descomunal (al menos entre los espectadores), como es el caso de 300, mi corazón se llenaría de dicha.

Peter Jackson (Junior)

Hello! I'm American. I liked very much 300.
(Excuse me, but I think that Sergi (in this blog) is The Big Brother.)
Good bye and good luck for all (in special for Labuella, my impossible love.)

El nono

¡No voy a permitir que un gringo persiga a nuestras mujeres!

Aldo

Conozco a Labuella y me parece muy difícil que ceda a los encantos de Mr. Jackson. Unos dos meses atrás fui con ella y Ricardo (su hermano) a ver 300. A uno de los tantos cines que están en el centro comercial que está aquí cerca, a unos diez minutos en coche. Ricardo me ha hablado mucho de ella. Es una buena chica, ya entrada en años, pero algo lerda. Su conversación está sembrada de errores históricos y disparates literarios. Por ejemplo: «Nunca sé quienes vivieron primero, los atenienses o los espartanos.» Le parece ridículo, y hasta risible, que los griegos del año 480 antes de Cristo no usaran pantalones. Dice que ama Nueva York, pero que los americanos le dan dolor de cabeza, comezón en las nalgas y ganas de cambiarse los zapatos. Cuando Ricardo le propuso ir a ver 300, dijo de inmediato que sí, no porque le interesara el cine americano sino porque le dio pereza buscar razones sinceras para negarse. Cuando le pregunté qué le había parecido 300 me contestó (entre bostezos) que un rey que se deja matar por la libertad es cursi y ordinario.

El hermano del Pocho

¿Por qué nos gusta 300? Porque sus imágenes son maravillosas, bellísimas, extraordinarias. Son de otro mundo, que también es el nuestro. Una pintura en movimiento. Una obra de arte creciendo y despertando en la pantalla. Yo creo que los colores de 300, que tanto me recuerdan a los que usaba Salvador Dalí, nos llevan a un mundo muy especial. Un mundo que tiene muchos niveles, que sube y baja y se mueve a su antojo a través de ellos, niveles que no solemos transitar en nuestros dias y nuestras noches. Un mundo muy diferente de aquellos otros a los que estamos acostumbrados en una vida común y corriente. Un mundo en el que podemos ver, al mismo tiempo, las imágenes de la batalla y los sentimientos de los soldados. Un espartano hundiendo su espada en las tripas de un persa y, en ese mismo instante, la agonía y el éxtasis de uno y otro guerrero. Vemos los rostros sudorosos y los pechos chorreando sangre, sí, pero también lo que hay detrás, lo que suele ser invisible a los ojos (o, en el mejor de los casos, lo que vemos a medias, como a través de una niebla): el hambre de Gloria, los dolores de la carne, el miedo a la muerte, los latidos del corazón, el paraíso de los vencedores, los profundos abismos que abruman y matan (con sus oscuridades y sus silencios) a los hombres que caen de rodillas, tristes para siempre, entre los golpes y los gritos de los campos de batalla.

Juan y Juan

Mientras veía la película en un viejo cine de la calle Libertad, empecé a comprender la armonía de los espartanos con su cuerpo, con sus músculos, con sus venas, y la fugacidad y la grandeza de su mundo personal. Su fuerza y su coraje, al enfrentarse a ese gigante formado por más de doscientos mil persas dispuestos a matarlos, dejaron huella en lo profundo de mi mente, en las capas más antiguas, y me fortificaron, y me alentaron, y me transportaron a otra dimensión, una que tiene sus raíces en el año 480 antes de Cristo, la misma que ha ido extendiendo sus ramas a través de 2500 años de historia, hasta estallar con todo el impacto de sus emociones en los escenarios de nuestro presente. Ése fue el regalo de Zack Snyder, de Frank Miller y de los artistas de 300, para simples y agradecidos espectadores como yo.

Jerjes

Estoy un poco harto de encontrar, en esta página, tantos elogios a los espartanos y tanto menosprecio por los persas. Alguien mencionó a Aristóteles. Antes de que Alejandro Magno saliera de Grecia, Aristóteles le había asegurado que los persas éramos una raza inferior y perezosa, que sólo servíamos para que nos esclavizaran. Pero Alejandro (más sensato que muchos de los botarates que han dejado aquí sus opiniones) descubrió que éramos dignos, nobles, cultos, corajudos y disciplinados. Me he enterado (por otros muertos) que hizo muchos amigos en mi tierra y que designó a 30.000 de nuestros mejores jóvenes para que aprendieran el idioma griego y la técnica militar de Macedonia. Aunque haya sido un azote para los míos, aunque sus ejércitos derrotaran a las fuerzas de Darío III, siento una gran admiración por este hombre capaz de ver a sus enemigos como humanos digno de respeto.

Ernesto (el observador)

Mensaje para Julián (el otro). Si te fijas bien, chaval, verás que el rinoceronte que sueltan los persas, hace justamente eso que tu dices que haría si realmente lo hubieran soltado en la batalla de las Termópilas: es a los persas (a unos cuantos infelices que encuentra en su camino) a los primeros que lanza por los aires.

Alfredo Guevara

Como muchos espectadores de 300, he sido un guerrero alto y musculoso, marchando en busca de la Gloria. Como muchos, he muerto en el campo de batalla, en las Termópilas, atravesado por las flechas de los persas. Sepan que he conocido la prepotencia de Jerjes, la canallada de Efialtes, el sabor de la derrota. Bajo un cielo rosado, en una llanura polvorosa, he derrumbado ante la mirada atenta de mis compañeros a un rinoceronte enloquecido. Vean: con este brazo le arrojé la lanza que lo mató. En esa mala hora que a todos nos alcanza, justo frente a mis ojos, he visto cómo un jinete solitario degollaba a mi hijo con el filo de su espada. Cuando ya todo estaba perdido para los nuestros, en el crepúsculo de la batalla, mi rey me pidió que vuelva a la patria, con un mensaje para su amada. Le rogué que me dejara morir a su lado, luchando como una fiera hasta mis últimas fuerzas, eligió darme la oportunidad de vengar a los 300. Ahora, lejos de las Termópilas y de sus matanzas atroces o felices, pienso con nostalgia en ese pedazo de historia del que fui parte durante dos horas de cine y en esta vida mediocre, la mía, que tal vez está llegado a su fin y que en la oscuridad de la noche, amparada por la soledad de mi domitorio, me está llevando por costumbre o compasión al mundo de los sueños.

Nacho Regules

Casi cualquier película que tiene un éxito enorme, es rechazada de inmediato por aquellos que se consideran parte de una élite (por sus conocimientos, poder o riqueza). ¿Cómo va a gustarles, a estos seres tan «especiales», una película que gusta al mismo tiempo a millones de individuos comunes y corrientes? Lo mismo ocurre con los libros. A un escritor como Stephen King, a pesar de su talento, de su enorme éxito, no se le dan premios. Se le considera un escritor vulgar. Un escritor apto sólo para la masa. Tal vez por eso una película como 300, que tanto han disfrutado millones de personas, ha recibido una avalancha de críticas desfavorables. Si gusta al vulgo, de ninguna manera puede gustar a aquellos que sienten que gobiernan el mundo.

Anselmo Tapia

Lo que le falta a películas como 300, Troya, Gladiador y Corazón valiente, es mostrar (con todo su horror) los sufrimientos que debieron padecer, en esos tiempos, aquellos que sobrevivieron a las batallas, pero que volvieron a sus casas con heridas espantosas, con fiebres altísimas, con infecciones malolientes.

He aquí un pequeño extracto de «Los 8 pecados mortales de la humanidad civilizada», en el que Konrad Lorenz se refiere justamente a este tema:

«Quienes prefieren decididamente las excelencias de tiempos pasados y optan por los valores educativos de una vida espartana, revisarían sus opiniones si se les obligara a soportar una intervención quirúrgica de hace dos mil años.»

José Luis

Es verdad, hay ciertas minorías que no soportan tener los mismos gustos que el común de las gentes. Hay una anécdota interesante, en la que se cuenta que, en el siglo pasado, había un tipo de auto que venía en dos versiones: la lujosa y la económica. El modelo lujoso tenía tres aberturas a los costados (sin función alguna, pero con un llamativo cromado). La económica, sólo dos. Cierto día, la empresa decidió poner también tres aberturas en el modelo económico. La idea tuvo el éxito que esperaban, pues las ventas aumentaron considerablemente. Pero al mismo tiempo comenzaron a llegar innumerables cartas, en las que los propietarios del modelo lujoso se lamentaban, amargamente, de que el PRESTIGIOSO y EXCLUSIVO SÍMBOLO de sus carísimos automóvilses apareciera ahora en coches de rango inferior.

300 (a pesar de su altísimo costo) sería el modelo económico. El que es bueno para las masas. El que no merece ningún análisis ni elogio (tal vez una palmadita en la cabeza). El que no debe (pensarán estas minorías) mezclarse con nosotros.






Sergi

No acabo de estar de acuerdo con vosotros. Quiero decir, hay un montón de películas hechas para las masas que me encantan, y han sido defendidas por la crítica. Desde Psicosis hasta En busca del arca perdida, pasando por La diligencia o incluso Matrix... La lista sería interminable...

José Luis

Cuando hablaba de minorías no me refería a la Comunidad Crítica Mundial. Me refería a minorías que están DENTRO de la Comunidad Crítica Mundial (como lo están dentro de cualquier otra comunidad, incluyendo la Comunidad Científica Mundial). En este caso pensaba en aquellos que suelen sentirse molestos en cuanto un gran éxito hace su aparición. El sólo hecho de que una película, o un libro, sean vistos o leídos por millones, es suficiente para hacerlos sentir incómodos, como si tuvieran una piedrita en el zapato. No soportan lo popular. No soportan el OLOR de lo popular. Piensan que si algo gusta mucho a las masas, algún grave defecto ha de tener. (Por supuesto que hacen excepciones con ciertos temas, que gozan de gran respeto político, social o religioso, y que los dejarían muy mal parados si se atrevieran a manosearlos). Que millones de personas hayan disfrutado con tal o cual película, les es totalmente indiferente. Son ELLOS los que van a decidir (sin considerar, ni por un segundo, lo que el resto sentimos o pensamos) qué es bueno y qué es malo.

Por mi parte, siento una gran admiración por muchos críticos. Recuerdo, en este instante, los pensamientos de Anthony Boucher sobre los límites entre la literatura fantástica y la ciencia ficción. Recuerdo una crítica a Kagemusha, la sombra del guerrero, de Akira Kurosawa, leída en un tren. Para cuando levanté la vista del diario, me había pasado de mi destino unas tres o cuatro estaciones. Estaba tan absorbido por las palabras del crítico, que mi tiempo y el del tren se divorciaron apenas comenzada la lectura. Recuerdo una crítica a Soy leyenda, de Richard Matheson, una novela que supo horrorizarme en los primeros años de mi adolescencia. Nunca he olvidado esa crítica, que leí muchas veces por puro deleite. Más recientemente me resultaron muy interesantes las reflexiones de una periodista, en la radio, sobre Matrix Recargado. Me gustan, sobre todo, los críticos que ven lo que no pude ver, lo que no soy capaz de ver, y lo muestran con una educación, con una elegancia, con un respeto no sólo por la película o el libro, también (y especialmente) por su propio trabajo, que no puedo menos que admirarlos y leerlos una y otra vez.

Quiero agregar que, para mí, no hay películas buenas y malas. Sólo hay películas que me gustan o no me gustan. Acepto que lo que es divertido o interesante para mí, puede ser aburrido o insignificante para otros, y a la inversa. Al mismo tiempo considero que despreciar lo que a otros hace felices, es una de las peores formas de agresión. Trato (sin éxito) de no formar parte de esa minoría de aguafiestas.

Sergio Mario

Nacho Regules: Yo encuentro en tus comentarios una agresión tan grande, tan espantosa, como la que vi en una de las primeras escenas de la película 300, cuando aparecen los persas en el fondo de la pantalla, acercándose corriendo y a los gritos, como endemoniados, decididos a llevarse por delante a los espartanos, que los están esperando a pie firme en el Paso de las Termópilas. Tu expresión «seres especiales», refiriéndote a ciertos críticos, es muy desafortunada. Tal vez me equivoque, pero creo que tu problema es que estás FUERA de esas élites, de esas minorías que tanto te molestan (sospecho que sabes que NUNCA te van aceptar como uno de ellos, que NUNCA vas a formar parte de ninguna élite, por mucho que te esfuerces). Hay en tus reflexiones una FRUSTRACIÓN muy grande, una herida vieja y profunda que no termina de sanar. También dices que «lo que gusta al vulgo, DE NINGUNA MANERA puede gustar a aquellos que sienten que gobiernan el mundo». Eso no es cierto, así de simple. No digo que no haya algo de razón en lo que estás tratando de decir, pero tus declaraciones son exageradas. Te estás situando en un plano en el que todo lo ves bueno o malo, blanco o negro. El mundo, por raro que te parezca, no funciona así.

Gustavo Hugo

Me gustó 300 por es creíble. Para todos los cineastas el mayor problema es la credibilidad. Cualquiera puede filmar cualquier cosa (en los reinos de la fantasía, el terror, la comedia, el drama, la ciencia ficción, el realismo mágico), siempre que sea creíble para el espectador. Zack Snyder y su equipo han sabido encontrar los colores, los matices, la música, los sonidos, los ángulos, la velocidad de movimientos, los actores y los personajes más adecuados para que 300 sea (esto nadie puede negarlo) un éxito fenomenal.

Juan Pablo

Si hubieran trabajado con un lobo de verdad, no habrían logrado plasmar la belleza y el horror del lobo que aparece en los comienzos de 300. Este lobo tiene mucho de leyenda, de infierno, de Medioevo, de humanos devorados en lo profundo de un bosque, de licantropía, de viejas películas de terror en blanco y negro. Este lobo es mucho más que un lobo.

Gonzalo Rojas

En la película (como en la realidad, o al menos como en ese ACERCAMIENTO a la realidad que llamamos HISTORIA) no sólo van los espartanos a luchar en las Termópilas, también van otros griegos. (Recuerden cuando Leónidas y los 300 se encuentran con ellos y el rey les pregunta por su profesión. Luego pregunta a sus propios hombres cuál es la suya y éstos responden con salvajes gritos de guerra).

(La historia registra, con un detalle que no debemos esperar en las películas, que se quedaron con Leónidas y lo que quedaba de los 300, en la batalla final, unos mil beocios, pues su territorio sería rápidamente invadido si Jerjes forzaba el paso. De los beocios, 400 eran tebanos y los 600 restantes de Tespias, ciudad situada a unos once kilómetros al oeste de Tebas. Los tebanos cambiaron de opinión y se rindieron, pero los espartanos y los tespios, rodeados y sin esperanzas de vencer, lucharon por la gloria y la inmortalidad. Golpearon y mataron mientras pudieron, pero finalmente murieron todos bajo una andanada de flechas.)

(Parece que no todos los historiadores se toman en serio estos datos. Algunos sólo mencionan a los 300, a los que aún quedaban en pie, en la batalla final.)

(A las Termópilas habían llegado unos 7000 griegos, lo que era insignificante si los comparamos con los 250.000 persas que estaban bajo las órdenes de Jerjes)


Letú

Lo que Leónidas le dijo a sus hombres (según Heródoto), en la víspera de la última batalla, fue: «Esta noche cenaremos CON Hades», refiriéndose no a un lugar, sino a un dios, Hades.

En la mitología griega, Hades es el dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea. También era hermano de Zeus y Poseidón.

Cuando los tres hermanos se repartieron el Universo, después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el Mundo Subterráneo.

(Aunque la palabra Hades también le da nombre al Inframundo, Leónidas se refería al dios, a que él y sus guerreros (entiéndase bien) cenarían esa noche CON un dios, con Hades, el dios de los muertos.)

(No insistas, es inútil. No es lo mismo CON Hades que EN el Hades. Sí, de todos modos iban a cenar en el Hades, de acuerdo. Pero el rey no estaba pensando en un sitio en particular, estaba pensando en un DIOS.)

(No recuerdo si los guionistas incluyeron esta frase, tan significativa, en el guión de 300.)

Carloncho

En la fealdad, en la deformidad de Efialtes, se encuentra una magnífica metáfora de su traición. En su cara, en sus ojos, en su carne, en su joroba, está contenida la vergüenza de su proceder, la condena de la historia, el dolor de sus compatriotas, la sangre de los guerreros, el sufrimiento de las esposas, los huérfanos de padre, el saqueo de Atenas, la tristeza de Gorgo, la decepción de Leónidas, la muerte de los 300.

Ciruelo

Alguien dijo en otra página: «En esta película lo malo es muy malo y lo bueno es muy bueno.»

NO ES CIERTO.

Repasemos algunos de los procederes de los espartanos (los BUENOS de la película):

1) A los recién nacidos, los considerados no aptos para la sociedad espartana, se los abandonaba para que murieran.

2) Los niños eran separados de su familia, a los siete años, sin tomar en cuenta los sentimientos o deseos de las madres (Recordemos la reacción de Gorgo cuando se llevan a su hijo.)

3) Se educaba a los niños, a los futuros guerreros, con métodos brutales, enseñándoles a no tener compasión por sus enemigos.

3) Los niños, en solitario y armados con una lanza, debían enfrentarse y matar a un lobo (es fácil imaginar que no siempre se saldrían con la suya.)

4) Mujeres jóvenes eran entregadas, como esclavas, a unos horrendos oráculos que las estimulaban a lengüetazos.

5) Un guerrero espartano, después de ver las deformidades de Efialtes, lo llama MONSTRUO (antes de que llevara adelante su traición.)

Pedro Bisso

Lamento decirlo, porque siento admiración por los espartanos que lucharon en las Termópilas, pero el abandono de los bebés que no se consideraban aptos para desarrollarse en la sociedad espartana, es un crimen repugnante, semejante a aquellos que cometieron los nazis. Los seguidores de Hitler, deseosos de eliminar de su pueblo a aquellos que consideraban seres inferiores, asesinaban (además de judíos, gitanos y testigos de Jehová) a los homosexuales, a los discapacitados y a los enfermos mentales, evitando con esa medida que trajeran hijos al mundo.

Carloncho

Y en Leónidas y Jerjes, el gigante y el enano (sobre todo cuando Jerjes le pone a Leónidas sus manos en los hombros y vemos la enorme diferencia de tamaño entre uno y otro), tenemos otras dos metáforas, a las que se ha dado forma con el tamaño de sus cuerpos. La de un pequeño ejército de griegos por un lado, y la de un gigantesco ejército de persas por el otro.

Juan y Juan

Creo que Sergio Mario ya se ha encargado de poner a Nacho Regules en su lugar (un lugar del que creo no va a salir en mucho tiempo). Yo quiero agregar esto: Es irónico que alguien se queje del pensamiento de las élites, élites que según él desprecian a una película como 300 (por estar destinada a las masas). Digo irónico porque en la película de Snyder se enfrentan, justamente, dos ÉLITES: la de los espartanos y la de los Inmortales. Y en la élite de los espartanos (a diferencia de
Atenas, Esparta era una sociedad muy cerrada) a nuestro amigo Nacho Regules TAMPOCO le hubieran permitido entrar.

Alberto (C.A.A)

Alguien dijo (por ahí) que la palabra libertad ya se ha usado en otras películas. Que no es más que una formulilla gastada. Que en la realidad hay más intereses creados que sueños bonitos de libertad.

Que hay intereses creados, por todas partes, todo el mundo lo sabe. Todos hemos sufrido en carne propia esas miserias. ¿Quién podría negarlo?

Resulta curioso que a alguien le moleste la palabra libertad cuando nos referimos a 300. El tema de esta película, desde el principio hasta el fin, es la búsqueda de la libertad. Entonces: ¿cómo podríamos dejar afuera esta palabra?

El poderoso Imperio Persa se extendía (allá por el 480 antes de Cristo) desde lo que hoy conocemos como Turquía y el norte de Egipto, a través de Israel, Irán e Irak, hasta Afganistán y el norte de India. Esto equivalía a DOS TERCIOS del mundo conocido. Pero esto no era suficiente para el rey persa. Queria expandir su imperio hasta Europa. Grecia representaba la puerta de entrada.

A los griegos se les venía encima un IMPERIO. Los 250 mil soldados que llegaban con Jerjes, había sido reclutados desde todo el Imperio Persa. Si te ataca un IMPERIO con un ejército gigantesco, y sales a defender tu tierra, ¿está mal hablar de LIBERTAD? Jerjes, después de forzar el Paso de las Termópilas, SAQUEÓ y QUEMÓ la ciudad de Atenas.

¿De qué formulilla me están hablando? Toda la película está relacionada, de un modo u otro, con la búsqueda de la libertad.

En especial la LIBERTAD deseada por los pueblos oprimidos por los persas, por el IMPERIO PERSA, y por supuesto (aunque no forme parte del guión) la LIBERTAD deseada por los esclavos, esa enorme población de esclavos que mantenían, con su trabajo, el modo de vida de los espartanos.














Toto Paniagua

Yo pregunto: En la película de Zack Snyder: ¿Dónde están las pecheras de bronce que usaban los espartanos? ¿Mmm? ¿Dónde? ¿A quién se le puede ocurrir que los espartanos, esos hombres que vivían acuartelados y dedicaban sus vidas a entrenarse para las guerras, iban a ir en cuero vivo a enfrentarse con los persas? ¿Mmm? ¿A quién?

Pirincho

Todas las grandes civilizaciones se han derrumbado, se han desvanecido, dejando como recuerdo de su pasar por este planeta monumentos increíbles, fabulosas construcciones que despiertan nuestra admiración. Pero los espartanos no dejaron nada de eso, ni palacios ni monumentos, sólo su accionar en el 480 antes de Cristo, en el Paso de las Termópilas. Una huella imborrable en la historia de la humanidad, una huella que ha permanecido en el tiempo hasta nuestros días, hasta hacer eclosión, en el año 2007, en millones de pantallas de cine.

Mamerto

Que quede claro (con el Gran Hermano como testigo) que Jerjes había intentado librar una batalla guerrero contra guerrero, siguiendo la tradición honorable de sus ancestros, pero NO PUDO derrotar a los espartanos. Había perdido a 10 mil hombres, incluyendo a dos de sus hermanos. Entonces ordenó que sus tropas se retiraran, dispuesto a darle a la batalla un final súbito. Acabaría con los espartanos desde una distancia segura: con flechas. Miles de flechas llovieron sobre los espartanos (un arma que ellos consideraban propia de cobardes, porque mataba desde lejos) hasta que ninguno quedó en pie.

Nicolás Becerra

Pero Alberto, si hasta Jerjes, cuando terminó la batalla de las Termópilas, se mostró asombrado de que hubiera hombres que lucharan por un ideal: el ideal de la libertad.

Pirincho

La cabalgata de los mensajeros persas, al comienzo de la película (los mismos mensajeros que después iban a terminar arrojados a las oscuridades de un pozo) me hace pensar, por la incontenible y salvaje belleza de sus movimientos, en los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

El Nene Farías

Yo ya he agregado el final de 300 (estoy pensando especialmente en la agonía de Leónidas, tan brillantemente interpretada por Gerard Butler) a otros finales que, por distintas razones, voy a seguir atesorando (con sus asombros, tristezas o alegrías) el resto de mi vida.

Los finales de (cito diez):

2001: Odisea en el espacio
Hermano sol, hermana luna
El jorobado de Notre Dame (Charles Laughton)
El viejo y el mar (Spencer Tracy)
Tiempos de Gloria
París, Texas
Titanic
Expreso de medianoche
El campeón (John Voight)
La chica del millón de dólares

Curioso

Hay un actor, ya mayor, que en la película «Troya» se come un sopapo de Brad Pitt. En «300» tiene que soportar ver cómo a su hijo, al que tanto quiere y al que acaba de mirar a los ojos y darle su aprobación con una sonrisa, un jinete persa solitario le corta el cuello con una espada. He buscado las imágenes de los principales actores de «300» (David Wenham, Dominic West, Vincent Regan, Michael Fassbender, Tom Wisdom y Giovanni Antonio Cimmino), pero me ha sido imposible identificarlo. (Su actuación, como la de Gerard Butler y Andrew Tiernan, me causó una gran impresión).

Leónidas

Hubo un instante milagroso en las Termópilas, mientras llamaba a Gorgo con los ojos llorosos y la voz quebrada por el dolor de la agonía, justo antes de que las flechas llegaran desde el cielo en busca de mi pecho, en que el Universo entero estuvo a punto de contarme la verdad, de revelarme de una vez y para siempre sus secretos: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Yo creo que se arrepintió en el último segundo, no sé por qué, y no lo hizo. O tal vez lo hizo, antes de que fuera demasiado tarde. Pero mi corazón herido no fue capaz de entenderlo, pues sus palabras eran tan oscuras, tan misteriosas, tan incomprensibles como mi muerte.

Los 300

¿Tenemos hambre? ¿Estamos cansados? ¿Tenemos sed? ¿Estamos heridos? No importa, somos guerreros y combatimos.

Anastasio Papaleo

La pregunta me la hizo mi hermana Carlota, en la cumbre de la Sierra Grande, en los últimos días del otoño, después de almorzar carne fría de guanaco, tomates fritos y pan casero con chicharrones. ¿Porqué, me preguntó, Leónidas y los 300 no se retiraron? ¿Porqué no se rindieron cuando vieron que estaban rodeados, que estaban perdidos, que ya nada podían hacer para evitar la derrota? Le respondí, sin faltar a la verdad, que si los espartanos se hubiesen rendido, habrían quedado deshonrados para siempre. Era preferible la muerte. Luchar hasta la muerte.

Marcos (de Florida)

Una bruja llena de moscas, que no quiso darme su nombre, me dijo después de pasar su lengua babosa por la palma de mi mano derecha y mirarla con el seño fruncido durante unos pocos segundos, que me voy a ir de este mundo como Leónidas: sucio, gritando y alejado de la mujer que amo.

W.S.

¿Qué otra cosa vislumbras en la oscura lejanía, Leónidas, allá en el abismo del tiempo?

W.S.

¿Cuándo volveremos a reunirnos los 300...?

G.W.

Nadie ha sentido en su propia carne la agonía y el éxtasis de los 300, pero todos convienen en que esa agonía y ese éxtasis (que atormentaron y redimieron a los guerreros espartanos), fueron lo suficientemente grandes, lo suficientemente intensos, como para haber sobrevivido al tronar de los milenios.

C.A.A.

480 antes de Cristo: Ana Siam (el cien por cien de los historiadores rechaza tercamente la existencia de esta mujer, a la que Heródoto no mencionó o más bien no quiso mencionar en ninguno de sus escritos, pero yo sé de su existencia por buenas fuentes que, digamos de paso, prefieren seguir en el anonimato por razones que no han querido revelarme) Ana Siam, decía, atraviesa el Paso de las Termópilas montada en un burrito de ojos negros al que llama Platero y llega a la ciudad de Esparta, donde espera registrar en rollos de papiro cómo los espartanos se preparan para enfrentarse al Imperio Persa, que está trayendo por tierra y mar una brutísima cantidad de soldados, entre los que destacan los inmortales (la guardia personal de Jerjes) y los arqueros medos, reclutados en todos los rincones del reino. Unas dos o tres semanas después de su llegada, Ana escribiría:

De entrada, los guerreros espartanos me parecieron simpáticos (algunos hasta me guiñaron un ojo), a pesar de vivir en una ciudad cerrada a la que poco le importa los extranjeros, pero debo informar que esclavizan a una enorme población de ilotas, viven encerrados en cuarteles a los que no se me permite ingresar (a pesar de haber forzado al máximo mis encantos), comen un potaje que dejaría mucho que desear hasta al más torpe de los cocineros, practican el infanticidio, la separación de madres e hijos varones (a los que entrenan en todas las artes marciales habidas y por haber, y tienen que aprender a sobrellevar el cansancio, las palizas y el dolor sin decir ni pío), desprecian el arte, la música, la literatura y la oratoria, artes tiradas a los puercos para poner en su lugar un militarismo brutal y absoluto, y se preparan para hacer con los soldados persas, según sus propias palabras, «la más hermosa de las carnicerías.»

Furioso

Que yo sepa, este sitio es para criticar «300», la película de Zack Snyder. Entonces, ¿porqué tanta palabrería sobre historia? Me estoy empezando a asquear de Heródoto, el modo de vida de los espartanos y blá blá blá, blá blá blá.

Furioso II

¿Quién caracho es Ana Siam? ¿A quién le ganó?

Un auténtico Fantasma

Tranquilo, Furioso, en esta página sólo estamos nosotros, los muertos, los impalpables, los que escribimos en vano, porque ya nadie nos lee, los auténticos fantasmas, los que no pueden mirarse en un espejo, los que no tenemos cuerpo ni alma, los que seguimos aferrados a una pelicula que se está desvaneciendo, que se está disolviendo, que se está perdiendo entre otras miles de películas, cada día y cada noche un poco más, en los videoclubes de este barrio, y del otro, y del otro, y del más allá.

I.A.

Antes de que esta página desaparezca para siempre en los grandes pozos de Internet (así como desaparecieron los mensajeros persas en el pozo de los espartanos) quiero dejar escrito que la película de Snyder muestra un hecho importante de la historia: Los antiguos griegos LUCHABAN A MUERTE por su LIBERTAD. Hasta donde sabemos, fue el único pueblo de su época que lo hizo. Y aunque su idea de la libertad no es tan amplia como la que respetamos y valoramos en nuestra época (era la libertad de las ciudades-Estado, la libertad de los nobles, de los pocos que gobernaban, dejando afuera a los esclavos), se fue expandiendo con el correr de los siglos, y es por eso que podemos afirmar que el ideal de la libertad, tan importante para el mundo en que vivimos, el mundo moderno, no es más que una ampliación y una mejora de la libertad que los griegos defendieron, a lanza y espada, en batallas como la que tuvo lugar en el Paso de las Termópilas..

Furioso III

Y a mí (me gustó «300» tanto como a cualquier hijo de vecino) me gustaría tener la LIBERTAD, I.A., de sacarte A PATADAS de esta página. ¿Estoy siendo claro? ¿ESTOY SIENDO CLARO?¿O te lo escribo en griego? ¡Ta que te tiró...!

Machaco Marco

«Seamos razonables, esperemos LO IMPOSIBLE»
(Soldado espartano desconocido, en la víspera de su muerte. Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo.)

Richard Billows (Columbia University)

Cuando el comandante griego daba la señal de avance, las filas de la retaguardia se abrían paso hacia adelante y presionaban sus escudos contra las fuerzas que se oponían. Literalmente intentaban empujarlas hacia atrás y arrojarlas fuera del campo de batalla. Entrenaban toda su vida para momentos como ésos.

Leónidas

¡SPARTANS!: ¡¡¡PUUUNCH!!!

(Del guión de «300», Zack Snyder)

Paul Cartledge (Cambridge University)

Jerjes era un hombre muy feroz. No se detenía ante nada para alcanzar sus objetivos.

Paul Cartledge (Cambridge University)

Leónidas era un hombre de gran determinación y valentía. Para ese entonces tendría unos 50 años. No era un hombre joven. Se estaba acercando a la edad de retiro en los términos de la antigua Grecia.

Jota Jota

He disfrutado tanto de «300», con tal fuerza ha impactado en mis emociones, que sigo admirando la valentía de los espartanos aún después de leer estas palabras:

La masa de la población de los territorios espartanos estaba formada por pueblos conquistados que habían cometido el error de resistir. Fueron derrotados y luego BRUTALMENTE esclavizados. Una de las primeras ciudades que sufrió este destino fue Helo, cuyos infortunados habitantes fueron ESCLAVIZADOS EN MASA. Con el tiempo el término ilota llegó a designar a cualquier esclavo espartano, fuese o no descendiente del pueblo de Helo. En conjunto los ilotas eran tratados como seres SIN DERECHOS HUMANOS y estaban sometidos a un tratamiento MÁS CRUEL que el de otros esclavos del mundo griego.

(Tomado de «Los griegos», de Isaac Asimov.)

Me vienen a la mente algunas preguntas: ¿Cómo puedo admirar a semejantes bestias? ¿Se puede admirar y odiar a una misma persona? ¿Acaso no tenemos todos, en nuestros modos de ser y proceder, elementos dignos tanto de odio como de aprobación? ¿Debemos aprender a perdonar? ¿Qué hemos hecho para compensar nuestros errores? ¿Somos dignos de que otros nos perdonen?

Curioso

¿Qué es lo que tanto les molestó a los críticos americanos? ¿La idealización de los espartanos? ¿Que no se hiciera mención del tratamiento que se daba en Esparta a la población esclava? ¿Las licencias que se tomó Zack Snyder? ¿La fotografía? ¿Los diálogos? ¿Qué?

Alejandro

¿Alguien se ha molestado en leer los diálogos? Esta pregunta la hizo shangai ama el peplum (en minúsculas en el original) en uno de los primeros comentarios de este blog.

RESPUESTA: Los espartanos (que suprimieron la literatura y la oratoria) solían hablar muy breve y sucintamente. Si sus diálogos hubiesen sido generosos en palabras, si los guionistas hubiesen tomado a Shakespeare como modelo, si se hubiesen inspirado en los riquísimos diálogos de «Doctor insólito o cómo aprendí a no preocuparme más y amar la bomba», de Stanley Kubrick, para hacer hablar a Leónidas y sus guerreros, esto hubiese sido un error, un disparate. Mucho peor que incluir un rinoceronte, tres elefantes y el resto de licencias que se tomaron.

El Carpintero

Yo veo en el naufragio de los barcos persas, que puso a los espartanos que observaban en un estado de eufórica alegría, una clara influencia de las marinas de Joseph Turner (1775-1851). Me refiero especialmente a esos óleos que muestran barcos sacudiéndose indefensos (y en algunas telas naufragando sin remedio) en la oscura violencia de una tormenta inesperada.

Curiosamente, Turner (que vivió su vida en una ascendente inclinación hacia la excentricidad y la depresión) no fue bien recibido (como Zack Snyder) por los críticos de su época, que no supieron o no quisieron entender su obra.

Alejandro

Shangai ama el peplum se queja del árbol de cadáveres. Califica esta escena de paródica y grotesca.

Y sin embargo, cuando tres legiones de romanos (comandadas por Plubio Quintilio Varo) fueron masacradas por las tropas germanas (comandadas por Arminio), en el año 9 después de Cristo, en la batalla de Teutoburgo, los germanos despedazaron los cuerpos de los romanos y clavaron CIENTOS DE CABEZAS y MANOS en los árboles.

Debe haber en la historia otros muchos ejemplos como éste.

Mamarco

Si me preguntan qué son mi espada y mi lanza para mí, creo que no soy capaz de encontrar las palabras adecuadas, por mucho que me esfuerce, para armar una respuesta que me deje satisfecho. Pero si les preguntan a mi espada y a mi lanza quién soy yo, ellas les responderán con las palabras justas sin dudarlo ni un instante.

(Soldado espartano desconocido. Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo).

Mamarco

La sangre limpia mi cuerpo del polvo de la batalla.

(Soldado espartano desconocido. Batalla de las Termópilas. Segundo o tercer día de lucha, en el crepúsculo de la tarde. Biblioteca de los Antiguos. 480 antes de Cristo.)

Eduardo Arenales

Hay derrotas que ennoblecen a los vencidos, y avergüenzan al vencedor.

(Para Jerjes, para los medos, para los inmortales.)

Gustavo (desde el Salado Grande)

Nunca hay que pensar que se está apaleando demasiado a los niños. El dolor, el hambre, las cortadas, un buen puñetazo dado a tiempo en la boca, la panza o las costillas, es la atmósfera ideal en la que crecerán los mejores guerreros, los que cortarán tripas con su espada, los que harán agujeros en el pecho con su lanza, los que no sentirán piedad alguna por los gritos y las lágrimas de los enemigos moribundos.

(Tomado de: «Cómo hacer una bestia. El método de los antiguos espartanos». Anónimo.)

Jota Jota

Los espartanos sólo podían ofrecer un modo de vida cruel e inhumano (dependiente de la brutal esclavitud de la mayoría de su población) y una especie de ciego coraje animal como virtud.

En arte, música, literatura y el amor a la vida (en todo lo que hace que merezca la pena vivir) Esparta no hizo ninguna contribución.

(Tomado de «Los griegos», de Isaac Asimov.)

Lorenzo Oliva

Me gusta que Zack y sus colaboradores sepan que no es suficiente con luchar. Hay que DAR LA IMPRESIÓN de que se está luchando. También hay que elegir actores que realmente parezcan guerreros (los espartanos se entrenaban, toda su vida, para ir a la guerra con un escudo muy pesado, de modo que tenían que tener piernas y brazos de piedra, un estado físico realmente excepcional).

No voy a hablar sobre la dotes actorales de Orlando Bloom, ya que no las conozco, pero debo decir que su presencia como hombre habituado a usar el arco y la espada, en Troya, no es creíble. Su aspecto físico, sus brazos de músico de rock, su cuerpo de adolescente mal alimentado, no alcanza (por muy buena que sea su actuación) para representar a un hombre que vivió más de dos mil años atrás y era capaz de enfrentarse a otros hombres dispuestos de matarlo.

Pepe Galleta

Quienes llevaron a la pantalla grande la magia de 300, nos entregaron todo cuanto tenían, todo aquello de lo que se sabían capaces mientras duró la filmación. Lo hicieron hasta que sus corazones, sus entrañas, sus cerebros, se transformaron en guerreros, en persas y espartanos, en Jerjes y en Leónidas, en Gorgo, en Efialtes, en un rinoceronte enloquecido, en tres elefantes reventados al fondo de un abismo. Hasta que la película, el título, los personajes, el éxito en la taquilla, los millones recaudados, han terminado por borrarlos, por devorarlos en su propio jugo, por quitarlos de la memoria de las gentes, y pareciera que nadie entiende o reconoce (en su justo valor) el talento, la imaginación, el buen gusto, las muchas horas que le entregaron a 300.


(Pepe Galleta, el único guapo en camiseta)

El Observador

La sangre que salpican y chorrean los cuerpos de los guerreros persas y espartanos, en «300», constituye la pureza misma en este arte, tan difícil de alcanzar, que tiene como fin ser más real que lo real. Entran en su composición (dar este dato, como comprobarán los lectores cuando se enteren por los diarios de mi desaparición, es como dar la fórmula de la Coca Cola en la pantalla chica, en la hora de mayor audiencia) un 65 por ciento de sangre de cerdo, de primera, un 25 por ciento de café instantáneo, el más barato que se pueda conseguir, un 5 por ciento de pimentón dulce y un 4 por ciento de cerezas en almíbar, hechas puré en una olla a presión. El uno por ciento restante está formado por una homogénea mezcla de escarabajo colorado, remolacha azucarera, pim... AAAAAAAAAAAAAAAAAAYYYYYY...! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO....! ¡BAAAAAAAAASTAAAAAAA...! , pimien ¡¡¡¡PAAAAFFFF!!!! , pimient ¡¡¡¡PAAAFFF!!! , pimiento m... ¡¡¡PAAAFFF!!! , pimiento mor... ¡¡¡PAAAFFF!!! , ¡Mi reinaaaa! ¡¡¡PAAAFFF!!! ¡CRUNCH! ¡FSSSSS...! TIC... TIC... TIC...

Los 300

Somos los hombres duros
Los de piedra
Confiando unos a otros
nuestras cabezas de piedra

(Poema anónimo. Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

El Colifato

«Que recrea con bastante libertad la batalla de las Termópilas...»

Si los grandes creadores son demasiado respetuosos con la novela de un escritor o con un hecho histórico, corren el riesgo de llevar al cine películas como «Frankenstein» de Kenneth Branagh, o «Drácula», de Francis Ford Coppola. Estas películas, limitadas a la imaginación del novelista, se ven privadas (en gran medida) del talento, las visiones y fantasías del director de cine. Entonces teminan siendo grandes fracasos (Frankenstein) o teniendo un éxito modesto (Drácula).

Las libertades que Zack Snyder se tomó en «300», en cambio, ha hecho de esta película un éxito fenomenal. Para mí «300» es, también, una obra maestra. Una opinión que sería absurdo discutir con alguien. Ninguna película es buena o mala en sí misma. Ninguna es o no una obra maestra. Somos NOSOTROS los que sentimos que lo es o no lo es (vaya uno a saber por qué). Y cualquier película puede ser una basura para unos y una belleza para otros. Puede ser AMBAS COSAS a un mismo tiempo. Todo depende de QUÉ VEMOS, de qué somos CAPACES DE VER, en estas películas o en cualquier otra.

Efialtes

Todo hombre (en especial un hombre como yo, que tanto he sufrido viendo el mundo desde afuera) tiene derecho a cometer errores, incluso grandes errores, mientras persigue la felicidad.

(Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

Jerjes

La batalla de las Termópilas nos enseñó (de la peor manera) quiénes éramos, cómo éramos y por qué éramos lo qué éramos.

(Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

Efialtes

El remordimiento (los recuerdos de la infamia) es el primer paso para cambiar nuestros modos de ser y proceder.

(Biblioteca de los Antiguos. Piso 20. Sala IV. Tesoros de la Batalla de las Termópilas. Hacia el 480 antes de Cristo)

Efialtes

Se me ordena que ayude al Señor de los Persas. Es él quien me sacará de la miseria, el sufrimiento y la humillación.

(Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

Leónidas

Teníamos el cielo allá arriba, todo brotado de flechas, y nos arrodillábamos en el suelo y nos cubríamos con los escudos, y nos reíamos de buena gana de la cobardía de los persas, que pretendían herirnos desde lejos, sin arriesgar el pellejo.

(Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

Bartolomeo

El final de «300» me ha hecho pensar, una vez más, en la muerte, en mi muerte, en tu muerte (querido lector), en esa espantosa tragedia de la que nadie puede escapar. En esas muchas muertes que he visto en el cine y en la televisión, y que de algún modo me van preparando para lo que vendrá, para lo que me está esperando en algún preciso momento escondido en los años que vendrán. HAL, la computadora de 2001, agonizando mientras canta, con voz ronca, su última canción. El hombre elefante, el de la película de David Lynch, fantaseando con un reencuento con su madre, mientras se va muriendo en la oscura soledad de un cuarto silencioso. Leónidas, atravesado de flechas, pensando en su mujer, en la infinita separación, en esa hora mala que finalmente lo alcanzó.

C.A.A.

Muchos años después, comiendo un chivo al ajillo en la mesa de Hades, el rey Leónidas había de recordar aquella batalla remota en la que el cielo, herido de muerte en las aguas umbrías de su enorme garganta, se vino abajo con un negro estampido de duras flechas de sangre.

C.A.A.

Miedo. Desolación. Flechas duras en el pecho. Fuego en las tripas, entre las costillas, en el corazón. Un terrible cementerio de cuerpos heridos, rotos, mutilados, enluta el atardecer. No hay por dónde escapar. Abismos, charcos de sangre, eternidades como pompas de sudor. Nostalgia en las Termópilas. Gorgo, la reina amada, en los últimos recuerdos. Silencio... El de la agonía, el de los ojos blandos, el de los muertos. Tiembla el alma en su cobijo. Un dolor profundo derrama en las mejillas, gota tras gota, sus aguas tristes de tristeza. Más silencio... Un negro torbellino va llegando, desde el cielo blanco y rosa, al campo de batalla, a los 300, al hombre herido que se va...

El Bocacha

Contemplar el dolor de los 300, es olvidar el nuestro.

Mauricio Contreras

Mientras podamos disfrutar de una película como «300», la vida seguirá siendo emocionante.

Leónidas

A veces el fracaso está a la misma distancia que un traidor.

El Observador (junior)

Mensaje para Marcos (de Florida): Ceño, mi querido bruto, se escribe con C.

Posdata:
(Ya vengaré, a su debido tiempo, la muerte de mi padre.)

E.R.

La locura (enfrentarse a lo imposible) es el origen de las hazañas de todos los héroes.

Efialtes

Si no te equivocas de vez en cuando, quiere decir que no estás aprovechando bien todas tus oportunidades.

Leónidas

Para construir una bella carnicería, lo único que debes hacer es cortarles las tripas a tus enemigos.

C.A.A.

«300» es todo lo que es, o lo que fue, o lo que será alguna vez. Nuestros recuerdos más simples de «300» nos abruman, nos emocionan, nos arrojan de un solo golpe a la haz de los abismos. Un escalofrío echa raíces en la médula de nuestros huesos, el corazón se nos rompe en pedazos, hay una sensación tibia, como la de un hilo de sangre bajando por el espinazo, o la de ser aplastado por las patas de un elefante acorazado. Sabemos que hemos sido testigos de la más grandiosa de las hazañas.

Rodolfo Magno

¿Existen muchas películas como «300» o es que acaso «300» es única e irrepetible? Ésta es una de las más nobles y elevadas cuestiones planteadas en el estudio de la cinematografía.

Mauricio Contreras

Llegará el día en que todos los humanos (aún los más soberbios, aún los más insensibles) serán capaces de ampliar su mirada... y ver en su corazón las maravillas de una película como «300».

kifkif

Lo dije antes y lo repito ahora: ¡Qué mal va este país!

VVG

Tengo una terrible necesidad de... ¿cómo decirlo?... de Magia, de Gloria, de Grandes Aventuras, de Hazañas Increíbles. Entonces salgo a la calle, sin pensarlo dos veces, y recorro los cines, todos los que encuentro, todos los que recuerdo, desde el crepúsculo del día hasta el crepúsculo de la noche, pero no encuentro ninguno, por mucho que miro, por mucho que camino, por mucho que pregunto, que pueda volver a impactarme con los maremotos al óleo de «300».

Papá Grande

Algunos necios afirman que las mentes de Frank Miller y Zack Snyder hicieron «300». La creencia de que una película de semejantes dimensiones (de una naturaleza casi divina) fue concebida por dos simples mortales es errada y hay que rechazarla con todas nuestras fuerzas. Nadie hizo «300», y todos (de alguna manera que no nos está permitido comprender) hicimos mucho o muy poco para darle forma a su existencia.

Héctor (desde el pantano)

Quiero que sepas, Papá Grande, que «300» es increado, como el tiempo, como las estrellas, como el Universo, y que aunque te parezca que tiene un principio y un fin, la verdad es que no los tiene, ni en esta vida ni en las otras.

C.A.A.

Nos reunimos un sábado o un domingo por la tarde, Claudio, Liliana, María Luisa y yo, en la Plaza de la República. De allí caminamos unas ocho cuadras hasta el cine Monumental. Ocurrió lo que siempre ocurre con los grandes éxitos. La fila para sacar la entrada era larguísima. Cuando finalmente nos acomodamos en las butacas, la expectativa era realmente grande, tan grande como el balde de palomitas de maíz que nos íbamos pasando de mano en mano. Cuando «300» llegó a su fin, a ese fin que hubiera preferido nunca llegara a manifestarse, pensé en la belleza de las imágenes, en la fuerza de los guerreros, en las cabezas decapitadas, en el dolor del jorobado, en la tristeza de Leónidas, en esos hombres y mujeres que, en el transcurso de la historia, han dejado una huella tan honda, una impresión tan grande, que aún pasados cientos o miles de años después de su muerte, la humanidad sigue pensando en ellos, sigue odiándolos o reverenciándolos, sigue deseando haber estado o no en su lugar, en ese punto preciso del pasado en el que algunos eligieron la Grandeza, la Gloria y la Inmortalidad. También pienso en nosotros, los humanos comunes y corrientes, los que nos conformamos con el más simple y llano de los destinos, los que nunca podremos trascender, los que después de unas pocas lágrimas de amigos y parientes, nos esfumaremos de la vida como fantasmas, una noche o una mañana cualquiera, que la historia no se molestará en registrar.

El Linyera

Yo veo a Efialtes en cada traidor.

Caíto

Todos deberíamos ser espartanos y tener una Batalla de las Termópilas a la hora de nuestra muerte.

El Negro

Le preguntaron a Woody Allen si le gustaría seguir vivo en el recuerdo de la gente (como Leónidas, como Jerjes, como los 300). Su respuesta fué: «Prefiero seguir viviendo en mi departamento».

C.A.A.

No nos preguntemos qué propósito útil había en los guerreros espartanos, que se enfrentaron a los persas y les cortaron los huesos, las tripas y el cogote, en la batalla de las Termópilas, en el 480 antes de Cristo. Matar era su deseo más querido, su alegría más profunda, el destino sobre la Tierra que sus maestros, diestros en el arte de la guerra, les prepararon desde el momento mismo en que los alejaron de sus madres y comenzaron a educarlos, con apenas siete años, para cortar, perforar y cercenar.

Leónidas

Me estoy convirtiendo en un muerto, en un mero fantasma del mundo.

(Batalla de las Termópilas. Instantes finales. Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo.)

Paco Buendía

Zack Snyder (inspirado en los mundos de Frank Miller) es capaz de crear guerreros de carne y hueso, persas, medos y espartanos, a los que nunca antes habíamos visto (seamos sinceros esta vez) enfrentándose de ese modo tan especial, tan emotivo, tan artístico, en los infinitos campos de batalla que nos han dado cien años de cinematografía, desbordados de soldados de distintos tamaños, motivaciones y destrezas. Y así, me parece, Zack Snyder puede variar con las elegancias de su arte (ayudado por los talentosos artistas de su equipo) las leyes conocidas de la guerra, y hacer una película diferente en algún rincón diferente de ese universo, dentro de un universo, que es el cine en su máxima expresión.

Leónidas

Los campos de batalla son templos del aprendizaje, y con ese aprendizaje los espartanos hemos esclavizado a más humanos que con todas las buenas intenciones del arte, la música, la literatura y la oratoria.

(Biblioteca de los Antiguos. Sala Rey Leónidas. Hacia el 480 antes de Cristo.)

Emilio Monteagudo

La elegancia de «300» no necesita más premios que el aplauso, la admiración y los comentarios de la gente.

Jerjes

Piensa en GRANDE, pero disfruta de los pequeños triunfos mientras puedas.

Jerjes

Es curioso (o más bien triste) que algunos crean que, si uno se niega a aceptar nada que no sea lo mejor, es seguro que va a conseguirlo. Lamento decir que no siempre es así.

Efialtes

Vale la pena que te arriesgues y conozcas hasta donde puedas a tu peor enemigo (me dijo mi padre cuando yo era pequeño) sobre todo porque algún día, en el momento justo, en el momento menos pensado, y con una ayudita de tu parte, tal vez se convierta en tu mejor amigo y te llene de mujeres y riquezas.

(Biblioteca de los Antiguos. Hacia el 480 antes de Cristo)

Soldado persa desconocido

Todos volvemos a ser niños indefensos cuando una espada está a punto de cortarnos la garganta.

Papá Ganzo

La promesa de riquezas y mujeres no cambiaron a Efialtes, sólo acentuaron lo que siempre estuvo en él.

Leónidas

La vida es una pasión de la que uno siemp