Criticar: "Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte". Y eso es lo que haremos aquí, así que si has salido del cine con ganas de comentar la película, no te reprimas y critica, critica...
12 Mayo 2008

PUNTUACIÓN: 5
¿Conocéis el cine de Guy Maddin? Los del festival de Sitges le dedicaron una retrospectiva hace creo que diez años y puntualmente seleccionan sus películas para alguna de sus secciones, oficiales o paralelas. En España, tan adelantados como siempre, no se ha estrenado comercialmente ni una sola de sus obras.
La antena es una imitación algo precaria del cine de Guy Maddin, amante de las costumbres estéticas del cine mudo aplicadas a historias delirantes que a menudo desvelan rasgos autobiográficos de su autor y que juegan abiertamente la carta del melodrama kitsch. Digo "imitación algo precaria" porque, a pesar del esfuerzo escenográfico de Esteban Sapir, de su minuciosidad a la hora de reproducir la riqueza expresiva del estilo de Fritz Lang o Dziga Vertov, su experimento no funciona.

La película cuenta la historia de un pueblo que se ha quedado sin voz y que está dominado por el Señor Televisión, magnate y dictador que controla la voluntad de sus súbditos a través de las ondas catódicas.
La metáfora está servida, los modelos estéticos brillan con luz propia, pero la emoción está en otra parte. No hay alma en una película que quiere ser experimento innovador y urgente y que se queda en el experimento de laboratorio. Menos efectos de posproducción y más sentimientos auténticos.
10 Mayo 2008

PUNTUACIÓN: 4
Se han tomado un tripi y les ha sentado como el culo. Me refiero, claro, a los hermanos Wachowski, que han hecho de la serie anime Meteoro una película lisérgica pero enormemente aburrida. Mientras estaba viendo Speed Racer me acordaba de una leyenda, no sé si urbana, que decía que la serie Pokemon podía producir epilepsia entre sus espectadores más fieles. Estoy seguro que Speed Racer tiene efectos igualmente devastadores.
Los Wachowski han optado por hacer su primera película familiar potenciando todo lo que de ingenuo y naïf tenía el anime original y añadiéndole toques cómicos particularmente desafortunados. Las intervenciones del hermano pequeño de Speed Racer y su chimpancé-mascota son lamentables.

La película empieza con un prólogo discontinuo, que mezcla pasado y presente de un modo harto confuso pero visualmente convincente: las transiciones entre los dos tiempos verbales son de lo mejor de la película (aunque luego cansen por reiterativas). Los Wachowski confunden exuberancia formal con mal gusto y cromatismo digital con vulgaridad.
No hablemos del argumento, porque no sabría qué decir. Sólo apuntar que los Wachowski cuelan su dudoso mensaje anticorporativista, mensaje que, a estas alturas, ya huele a muerto: su película es lo más corporativo que se ha estrenado este año. A uno le da la sensación de que, en poco tiempo, Speed Racer habrá envejecido tanto como un Commodore.
08 Mayo 2008

Hace unos días Manohla Dargis, una de las críticas de cine del New York Times, se preguntaba por qué las mujeres han sido desterradas de las superproducciones de este verano. Escandalizada, recordaba que hace poco un directivo de la Warner se prometió a sí mismo que, después del fracaso en taquilla de Invasión y La extraña que hay en ti, no produciría ninguna película protagonizada por una mujer.
Dargis se extraña de que ésta sea la situación cuando Hollywood parece estar orgulloso de haber aumentado ostensiblemente el número de mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en la industria. Por desgracia parece que esas mujeres tienen mentalidad de hombres: es decir, piensan en el dinero como único objetivo.

No puedo sino compartir la nostalgia de la Dargis cuando recuerda los tiempos en los que Sigourney Weaver fue la heroína absoluta de Alien, el octavo pasajero o Meryl Streep podía sostener el drama de una película cualquiera.
El cine clásico fue el tiempo del cine negro pero también de las women's pictures. Hubo un cine (precioso, brutal) de mujeres para mujeres. Ahora la que se nos viene encima es la adaptación cinematográfica de Sexo en Nueva York. ¿Dónde están las directoras de cine? ¿Por qué creéis que la proporción entre directores y directoras está tan descompensada?
07 Mayo 2008

PUNTUACIÓN: 1
Uno debería agradecerle a Hollywood que, de vez en cuando, le recuerde que aún es posible hacer malas películas. Me diréis: Hollywood las hace constantemente. Os respondo: no como 88 minutos. La película de Jon Avnet supera cualquier expectativa que podáis tener respecto a las malas películas: no cumple los mínimos de una película hecha con un cierto presupuesto, el guión parece escrito por un analfabeto y está interpretada (como el culo) por un elenco de actores encabezado por Al Pacino.
Al: quién te ha visto y quién te ve. Autobronceado como un Julio Iglesias recién salido de un quirófano de Miami y con un peinado que parece el de Elsa Lanchester en La novia de Frankenstein, pasea su tremenda desgana por los escenarios de este patético thriller en teórico tiempo real que dura 17 minutos más de lo que promete su título.

A cualquier actor en su sano juicio le habría quedado claro que una película en la que el protagonista invierte más de la mitad de su metraje en llamar a su secretaria para que investigue a posibles sospechosos (desde la decana de la facultad al más enclenque guardia de seguridad) no era una buena elección.
Y sin embargo ahí está Pacino interpretando al que parece ser el peor psiquiatra forense de la historia -inexplicablemente mediático-, indiferente al hecho de tropezarse con unos cuantos cadáveres en su camino y más indiferente aún ante su inminente muerte. Hay que estar loco o en la bancarrota para aceptar un papel así.
06 Mayo 2008

¿Qué sería de Iron Man sin Robert Downey, jr.? Lo que a priori parece una elección de casting discutible, luego felizmente se convierte en el salvavidas de la película. Porque Robert Downey, jr. hace suyo el personaje hasta tal punto que la redención de este multimillonario sin escrúpulos sea también la redención del Downey actor, ex-yonqui, ex-alcohólico y ex-rebelde sin causa.
Sorprende que un actor que ha sobrepasado los cuarenta sea capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una película de superhéroes (o de una franquicia recién estrenada).

Muchas de las réplicas de Downey jr. podrían ser improvisadas, y la relación que mantiene con esa maravillosa mujer florero que es su asistente personal (una Gwyneth Paltrow algo desaprovechada) tiene algo de conmovedor.
Mola que Iron Man no sea un superhéroe por casualidad. No es como Peter Parker, que se transforma en Spiderman gracias a la picadura de una araña radiactiva, sino que el industrial Tony Stark no hace otra cosa que poner su genialidad tecnológica al servicio de la paz. Ser un buen superhéroe es cosa de hombres con fuerza de voluntad.
02 Mayo 2008
¿Quién teme a Jacques Rivette?

PUNTUACIÓN: 8
Cualquier ocasión es buena para hablar de Jacques Rivette, y ahora hay que celebrar el estreno, aunque tardío, de su última película, La duquesa de Langeais. Es una suerte que la distribución española le haya hecho caso, al menos de un modo intermitente: de sus películas más recientes, Sécret Defense y Histoire de Marie et Julien no llegaron a nuestras pantallas pero están editadas en DVD.
Cerebro en la sombra de la revista Cahiers de Cinéma, el cineasta más secreto de la Nouvelle Vague sigue en activo a los 80 años de edad, y más fiel que nunca a su proyecto estético. Aquí adapta a su admirado Balzac para contarnos una historia de amor condenada a la no correspondencia, en la que los afectos y las apariencias conspiran para ir contra los deseos de los personajes.
Otra vez el teatro como cristal donde se mira el mundo: se abre el telón y aparece un flashback que es el núcleo de la película. Un teatro de interiores, que no reniega ni de sus artificios ni de sus legados literarios (esos textos que interrumpen), que es el de un universo de aristócratas decadentes y protocolos ceremoniales.

La duquesa de Langeais puede parecer árida pero, al menos para quien esto suscribe, el viaje que emprende de habitación en habitación, de repetición en repetición, de Jeanne Balibar a Guillaume Depardieu, valió mucho la pena. Son los círculos viciosos del amor loco: se clonan hasta encerrar al espectador con sus víctimas.
¿Alguna peli de Rivette favorita? A ver si en TCM se animan a programarle... Por pedir que no quede.
01 Mayo 2008
Cosas que perdimos en el fuego

PUNTUACIÓN: 4
Leí una crítica de Jaime Pena sobre esta película que terminaba lamentándose del daño que han hecho los guiones de Guillermo Arriaga a cierto cine comercial de qualité. ¡Cuánta razón tiene! Cosas que perdimos en el fuego es la prueba fehaciente de estos daños colaterales. ¿Cómo se explica sino la estructura discontinua (que deja de serlo cuando se le antoja) del relato?
También es harto inexplicable cómo una ama de casa de lo más pija decide ayudar al mejor amigo (yonqui en proceso de rehabilitación) de su marido muerto. Se sabe que el dolor perturba el raciocinio, pero cuando Halle Berry le pregunta a Benicio del Toro qué se siente cuando te chutas y le pide un pico, a uno le entran ganas de salirse del cine.

Uno también se pregunta por qué Hollywood necesita a una directora danesa, Susanne Bier, para facturar este telefilme de lujo. ¿Será porque los americanos siguen viendo a los europeos como marca de prestigio? Porque lo cierto es que tienen unos cuantos profesionales competentes que podrían haber hecho un trabajo igual de digno o falto de verdadera inspiración.
Lo que nos queda es Benicio del Toro, el único que sale bien parado de este melodrama bienintencionado y milimétricamente calculado para satisfacer conciencias pequeñoburguesas.
29 Abril 2008

PUNTUACIÓN: 2
Entiendo que el cine español haya puesto sus ojos en la televisión para buscar su público. ¿Que ahora toca hacer un episodio de Los hombres de Paco? Pues se hace y ya está. ¿Que ahora mola copiar a Física y Química? Pues venga: miramos las noticias, escribimos un guión por SMS y seguro que nos sale ajustadito, como esas piezas de tres minutos de los programas de sucesos.
Cobardes intenta explicar el fenómeno del acoso escolar desde distintas perspectivas, a cual más banal. Los profes reaccionan con impotencia y tienen menos intuición que una puerta: creen a pies juntillas que uno de los líderes de la clase puede ser víctima de un pobre chico que, vaya casualidad, ha bajado su rendimiento escolar. A su vez el pobre chico tiene instintos acosadores, porque, ya se sabe, siempre hay un débil a quien fastidiar. Eso también lo saben los padres de los respectivos, que sufren el maltrato de sus jefes sin poder rechistar...

Es lamentable que cada una de las secuencias de la película imponga sus tesis a los personajes, que nada surja con naturalidad de sus actitudes y comportamientos, contradiciendo ese tono costumbrista que Corbacho y Cruz parecen haber escogido para narrar su historia.
El resultado es inverosímil y sensacionalista, los actores adolescentes no pueden estar peor y la puesta en escena es de lo más televisiva. En definitiva, un desastre.
28 Abril 2008

PUNTUACIÓN: 7
El punto de partida da para mucho: un tímido patológico, casi autista (son bastante graciosos, por no decir inquietantes, los feroces intentos de su cuñada para invitarle a cenar) se compra una muñeca hinchable por Internet y la trata como si fuera su novia de carne y hueso. Su delirio debe ser consensuado por su familia, sus compañeros de trabajo y los conocidos del pequeño pueblo donde viven.
Lars y una chica de verdad propone un pacto de credibilidad con el espectador. Le obliga a formar parte de esa comunidad de amables vecinos que, contra todo pronóstico, le siguen la corriente al protagonista sin apenas oponer resistencia. Puede resultar algo irritante la cordialidad de la América que retrata la película; cordialidad que nos permitimos poner en duda.

Sin embargo, algo ocurre en el transcurso de ese pacto: porque esta fábula moral, muy bien planteada y peor desarrollada, produce una cierta inquietud, la que provoca una sociedad solipsista, alérgica al contacto humano y completamente desconectada de sus propias emociones.
Una pena que el final de este cuento sea tan previsible y tan conciliador. A uno le habría gustado un poco más de negrura en el rostro de Ryan Gosling, mucho mejor cuando está solo que cuando está acompañado de su novia de látex, tan fascinante como desasosegadora.
25 Abril 2008

PUNTUACIÓN: 5
Es vox pópuli: la ficción televisiva norteamericana ha pasado -está pasando- por una edad de oro. Cualquier episodio de Los Soprano compite en la misma liga que Uno de los nuestros, por poner un ejemplo claro y meridiano. Es obvio que las series de ficción han absorbido lo mejor del cine de género y que han transformado sus usos y costumbres según los parámetros de la serialidad.
Se está practicando una operación en sentido inverso: ahora es la televisión la que influye al cine. Eso se nota en Expediente Anwar, cuya estructura atomizada, abrumada por los juegos temporales (todo hay que decirlo, algo tramposos y confusos), difícilmente encuentra la entidad dramática que necesita para vehicular su discurso político.

Expediente Anwar funciona como una ficción conspiranoica a la manera de 24. Aquí tenemos a un pobre ingeniero químico que es acusado injustamente por los americanos de ser la cabeza pensante de un atentado terrorista. El argumento se dispersa según diversas líneas narrativas: la esposa preocupada, la política monstruosa, el agente del Gobierno responsable, los verdaderos terroristas...
Lo que podría haber dado buenos resultados en formato televisivo, naufraga en un mar de dudas e interrupciones en una película que se abre como una tela de araña, devorada por su propia dispersión, sin llegar nunca a profundizar en nada ni en nadie.
24 Abril 2008

PUNTUACIÓN: 7
Uno podría hablar de traición: después de todo en El animal moribundo Philip Roth se acercaba al inexorable paso del tiempo a través de la relación entre sexo y muerte (o decadencia de la carne). Isabel Coixet prescinde prácticamente del sexo para hablar de lo mismo; eso sí, desde un cierto romanticismo. Coixet no ha hecho otra cosa que llevar a su terreno la temática de un libro que admira.
Ya os lo dije cuando la vi en Berlín: el cine de la Coixet no me gusta. Lo encuentro afectado, acaramelado, pretencioso y falsamente culterano. No negaré que algunos de sus defectos persisten en Elegy: el uso de la música, los subrayados de algunas imágenes presuntamente poéticas, el exceso de voz en off...

Pero... esta vez me creo la historia. La puesta en escena es más sobria, más sensata, está más pendiente de los personajes. Y los personajes están muy bien interpretados por Penélope Cruz y Ben Kingsley. No sé si son ellos o el trabajo de cámara (opera Coixet), pero hay una intimidad real entre ellos.
Sí, el final es distinto al de la novela. No estoy seguro de que eso sea malo: en su primera película de encargo Coixet ha decidido personalizar el material de partida. Y ya sabéis: literatura y cine son disciplinas creativas que no tienen por qué seguir el mismo camino.
22 Abril 2008

PUNTUACIÓN: 6,5
Wayne Wang no ha buscado en el minimalismo nuevas vías expresivas porque Mil años de oración es más vieja que Matusalén. Es una historia sencilla, modesta y humilde que cuenta el reencuentro entre un padre y una hija separados por el choque generacional y de culturas: él es un hijo (y una víctima) de la Revolución Cultural y ella es una americana de adopción, que ha querido reinventarse al dejar atrás un pasado que la avergonzaba.
No hay grandes aspavientos en el argumento de la película, y esa es una de sus grandes virtudes: Wang evita los tópicos del cine llorón, melodramático, cuando podría haber caído fácilmente en ellos. Todo se desarrolla en voz baja, y con delicadeza. A Wang le interesa sobre todo hacer un estudio de personajes.

Ahí, en esa noble intención, es donde Mil años de oración se encuentra completamente descompensada. Porque Wang le dedica mucha más energía al personaje del padre, interpretado por un magnífico Henry O, que al de la hija: a sus derivas por la ciudad, a sus conversaciones con una mujer iraní en el parque, a su soledad suburbana. Se crea aquí una complicidad, una empatía fuerte con el personaje.
Empatía que no existe con la hija, cuya presencia dramática aparece demasiado tarde en el filme, como si Wang se hubiera acordado de ella de repente y entonces intentara quebrar la distancia que ha mantenido con el personaje.
TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Así me gano la vida: criticando películas. ¿Te puedes imaginar que tu mayor pasión, ver cine, te dé de comer? Ya sé, tenemos mala fama, pero... ¿con quién se meterían los cinéfilos y la gente de la industria si no existiéramos? Venga, no pierdas el tiempo: critícame si te atreves...
Sergi Sánchez
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