Mamá...quiero ser guionista... Ay mamá... protagonista...
Ayer estuve en una cena con guionistas de televisión, aunque aquello se parecía más a una terapia de grupo.
De todas las historias allí contadas la que más impresionó fue la de una bella compañera que decía haber llegado a un punto en el que no sabía si abandonar la profesión y dedicarse al montaje de bolígrafos.
En la última serie en la que estuvo le tocó hacer de mediadora entre la productora y la gente de plató.
Por gente de plató entiéndase actores y directores, personas que, por lo general, pueden opinar sobre los guiones, pero que en ningún caso tendrán la última palabra sobre ellos.
Porque en televisión el productor ejecutivo es Dios. Y los guionistas son unos angelitos sin genitales que revolotean a su alrededor.
Pero en esta serie ocurría algo extraño: los actores y directores se rebelaban contra la autoridad divina. Y a mi amiga le había tocado el marrón de ser la única representante de Guión en plató. Todos los días pisaba territorio comanche.
“Pues ahora llamas al productor ejecutivo y le dices que esta escena es una mierda y que la vamos a hacer como nos salga de los huevos”, le decía un actor principal.
De modo que lo que empezó siendo un trabajo de guionista, acabó convirtiéndose en un trabajo de traductora.
“Oye, Dios, que ha dicho Actor que por qué no metemos estos cambios, que podría quedar la escena mucho mejor”.
Como en aquel anuncio de Coca-cola en el que un niño cursi dulcifica las borderías que se dirigen sus padres. Mi compi sabía que si ella no ejercía de filtro, aquello se iba a convertir en un parlamento taiwanés.
Mi amiga no es ninguna niñita asustadiza, pero la presión a la que estaba sometida era mucha. Por un lado, los de plató la desacreditaban y trataban con desconfianza. Y por otro lado, la gente de la productora la acusaba de no saber imponerse. Unos y otros tiraban de ella como si de una muñeca se tratara y en más de una ocasión tuvo que escaparse para dar un paseo. O sea, para llorar sin que nadie la viera. Nadie, excepto los camioneros que entraban y salían del polígono industrial donde estaba ubicado el plató.
Finalmente, gracias a su profesionalidad y su encanto personal, consiguió que las fieras comieran de su mano. Pero nada pudo evitar que las cosas acabaran como en un parlamento taiwanés.
No podía ser de otra manera.
Mr. Pepe
Como diría Ford Fairlane, tanto gilipollas y tan pocas balas.
Te lo juro que las crecidas de los actores, con la pasta que ganan, me tocan los cojones de forma sobrehumana. Que lo escriban ellos, o que les despidan, será que no hay actores.
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En este caso si despedían al actor se terminaba la serie. Es como si quitan a Carmen Machi de Aída, que no se concibe. Y claro, cuanto más imprescindible se siente una persona (sea actor o de otra profesión) más gilipollas se pone.
Un saludo, Mr Pepe ¿usted no se va de vacaciones?
Mr. Pepe
Ay ojalá. Con lo que ha subido el MIBOR el mejor paisaje que puedo ver es GIGANTE de George Stevens en el plasma.
Mari congui
tengo una duda ¿que decian el director y el realizador de la serie? ¿estaban de acuerdo con el actor o tenian una tercera opinión? ¡que lio!
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Soy guionista profesional (traducción, escribo lo que sea por dinero) y me conoceréis por títulos como " ", " " y por supuesto, " ". Efectivamente, por el momento no me conoceréis por nada... Trabajo sobre todo en el cine pero también en televisión. Y, a partir de ahora, aquí estaré, para charlar o resolver cualquier duda que podáis tener sobre el mundo del guión, la escritura de ficción para la pantalla la tele o la reproducción de la zarigüeya...
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