El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

Con ese incorregible afán perfeccionista mío, cada vez que me dispongo a escribir la sección Mis sex-symbols favoritos intento refrescar algún título que me haga volver a sentir el mismo subidón que hace años me poseyó disfrutando de la criatura hipersexual de turno.
Normalmente, la cosa funciona, y en plan magdalena de Proust, regresan a mí la líbido, el deseo y la admiración pretérit@s, con una nitidez maravillosa y estimulante.
Pero en alguna que otra ocasión, volver a ver ciertas películas me hacen maldecir este preciso momento: era mucho mejor la fantasía infantil, el recuerdo de juventud, la imagen enriquecida por la nostalgia.

Sin ir más lejos, ayer estuve refrescando Flashdance.
Porque me volví loca, allá por los ochenta, por su guapísima protagonista: Jennifer Beals: llevaba el poster de la película decorando mi carpeta colegial y hasta quería ser como ella, tan mona.

La recordaba bailando como poseída por el ritmo, ejerciendo de obrera de día y showgirl de noche, y viviendo un amor romántico y sexy con su jefe mientras intentaba convertirse en una danzarina profesional.
Ay, qué diferentes se ven las películas dependiendo de la década que estés viviendo...

Resulta que la Beals, bellísima por supuesto, está doblada en todos y cada uno de los bailes (por lo tanto el atlético cuerpo de la doble nos impide conocer la auténtica anatomía y destreza de Jennifer), que la estética de la peli es mucho más que hortera y que la historia de amor con su jefe metalúrgico es tan ñoña que no la salva una supuesta escena erótica en un restaurante, con la chica usando un pie para masajear su entrepierna.

Y, bueno, la historia de superación es directamente vomitiva.
¡Quién me mandaría revisar Flashdance!
¿No os pasado alguna vez: llevaros un buen chasco al volver a ver la que considerábais una película mítica en vuestras vidas?
¿Qué títulos no han aguantado vuestra revisión?¿Y cuáles preferís no ver de nuevo por miedo a que se os caíga un mito?
Make
Sin lugar a dudas "La vida es bella".
jp3
hombre, alguien que por fin dice que la vida es bella es un truñaco.
sobre flashdance, bueno, con decir que el guionista es el mismo de "Showgirls", Joe Estherhas, nada más que decir, salvo que Verhoven convirtió la ñoñería en puro delirio culebronífero/filogay que era una auténtica delicia.
Posh
Y ya siguiendo con estos dos, ponemos "Instinto básico" que es uno de los zurullos más liaos que se han parido.
parra
Yo, por sistema, ya no reviso ningún clasico del que guarde buen recuerdo porque la mayoria de las veces que lo he hecho la revision no me ha provocado mas que decepciones. ¡¡ que pocas peliculas hay a las que el paso del tiempo no las maltrate¡¡¡
(en mayor o menor medida, por supuesto.)
parra
Por cierto, olvidaba añidir que concuerdo en que "La vida es bella" es un bluff.Pero, no fue necesaria una revision, la primera y única vez que la ví ya me pareció una pelicula sumamente tramposa.
Hi
Hola doctora, soy tu vecino jejje. Que currado tienes el blog, sigue asi!
saludos.
Maschio
Hola, Doctora... soy el que estuvo contigo anoche. Me olvidé los klein underwear bajo la cama, como salí con albornoz hacia mi habitación, pues... Guárdalos después de olerlos, ¿eh? No estuvo mal. ¿verdad...?
Manu
"Salvar al Soldado Ryan" (la brillante secuencia inicial es insoportable una vez vista), o "Malditos Bastardos".(demasiado diálogo intrascendente que, cuando ya te sabes lo que va a pasar en cada escena, hace que cada una de éstas sea larga y aburrida).
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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