Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
18 Diciembre 2009

¿Repetimos el comportamiento sentimental de nuestros padres?

Se estrena hoy viernes la película francesa Toda la culpa es de mi madre, donde se aborda eso tan común en las familias: los secretos -a voces- tanto tiempo guardados.

Y lo hace a través de los Celliers: un padre jubilado que se aburre como una mona, una madre avinagrada (Charlotte Rampling) que, continuamente, pone a sus hijos pingando: el mayor (el guapísimo Pascal Elbé), empresario fracasado, padre y casado con una mujer "sin el cromosoma del sex-appeal" (mamá dixit); Alice (la supersexy Mathilde Seigner, la mejor de la función), una artista promiscua y fiestera que pinta madonas con cuchillos clavados en los ojos (¿en quién se inspirará?); y Anabelle, una enfermera liada con un médico casado y que busca las soluciones vitales en las cartas de Tarot.

Me hace gracia que una película así se estrene precisamente ahora, en fechas tan familiares. Porque aunque no es todo lo ácida que una gran odiadora de la entrañable navidad como servidora desearía, sí pone sobre la mesa algunos asuntos que invitan a la sonrisa, la reflexión y el análisis.

Para empezar, ¿estamos tan condicionados por nuestros progenitores que, sin darnos cuenta y sin quererlo, acabamos repitiendo sus mismos defectos a la hora de relacionarnos?

Está claro que podemos heredar el color de ojos, una finca en Extremadura (los más afortunados) y hasta los enemigos, pero lo que ningun@ queremos -yo por lo menos- es repetir los mismos esquemas erróneos de funcionamiento emocional de nuestros papis.

Pero, ¿cómo escapar de ello si son nuestros modelos? Esto se pregunta Cécile Telerman, la misma cineasta que hace unos años lanzaba otra cuestión desde el título de su ópera prima: ¿Por qué las mujeres siempre queremos más?.

Y es que en demasiadas ocasiones, por no defraudar las espectativas familiares, el personal vive vidas que no desea realmente. Eso le sucede a los personajes de esta película, atrapados en unos rituales duros de desmontar.

Como asegura la directora: "Seamos libres y escojamos nuestras coacciones, no vivamos las de los demás".

Porque, además, los secretos familiares, o habría que decir verdades no expresadas a viva voz, son más fáciles de derrumbar que un castillo de naipes, porque todo el mundo los conoce.

No deberían llamarse secretos, sino temas innombrables o tabú o zona prohibida en las conversaciones.

Resulta cómico cuando en una cena de navidad, por ejemplo, l@s cuñad@s meten la pata hablando de esos supuestos secretos con total naturalidad: porque, efectivamente, son evidencias para los demás menos para los integrantes de la familia. De coña, vamos.

¡Felices fiestas (con o sin la familia), querid@s!

6 comentarios · Escribe el tuyo

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Nietzsche

¿Se ha dado cuenta Doctora, de cómo huyen las personas de reflexionar sobre los temas que les tocan la carne viva...?

Doctora Amor

Si, querido Nietzsche, me estoy dando cuenta con este post. Parece que Avatar es un tema más popular. En fin...

SHEWOLF

Ojala y no!!
Me parezco en muchas cosas a mi madre, pero al mismo tiempo yo tengo mis ideas.
En tal caso a mí me tendría que gustar Mel Gibson o comer arroz con jitomate (puaj!!).
Pero sí, en Navidad pasan cosas muy extrañas.

Maestro Ciruela

Esos Locos Bajitos


A menudo los hijos se nos parecen,
asi nos dan la primera satisfaccion;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.


Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.


Niño,
deja ya de joder con la pelota.
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.


Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.


Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocacion.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada cancion.


Niño,
deja ya de joder con la pelota.
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.


Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un dia
nos digan adios.



Joan Manuel Serrat

Estas estrofas de Serrat dicen más sobre el tema que plantea usted, Doctora, que cualquier cosa que ahora mismo se me pudiera ocurrir. Confieso que se me hace muy difícil escuchar a Juan Manuel cantándolas, sin que se me ponga un nudo en la garganta.
Se me viene encima un aluvión de sensaciones relacionadas con mi infancia y siento una opresión en el pecho al no poder decirles a mis padres, ya muertos, que hace mucho que les perdoné todo, que ellos lo hicieron lo mejor que supieron, pero que el oficio de padre es el más difícil del mundo.
Tiene usted razón... ¡Cada vez me pone más Mathilde Seigner!

anonimo

esta´pagin a es raaraaaa

Nietzsche

anónimo, se equivocó de página... Rambo y James Bond están torciendo a la derecha.

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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