El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

Megaimitada en la escena de la playa de 007 con bañador blanco y machete en el rol de Honey Ryder, la primera chica Bond siempre me fascinó.

La admiré también y sobre todo en La diosa de fuego y me dejó noqueada porque además de guapa a rabiar, hacía de malota y terminaba ardiendo en sus propias llamas: toda una imagen sexual.
Creo que esta cinta la vi en la tele, en aquellas sesiones sabatinas de TVE que nos regalaban gentilmente cine tolerado y saturado de cowboys, forzudos, espadachines y tías buenorras.

Porque para mí esta suiza -que estuvo casada con John Derek, ese actor aficionado a las mujeres rubias y monumentales- sigue siendo, en mi opinión, la mejor y más representativa de las Bond girls, de una voluptuosidad pecaminosa y descarada, una mujer que derrochaba sex-appeal y altivez a cada caderazo, con una melena que fue deslizando hacia atrás, dejando con el tiempo una frente tan despejada como la de Rappel, y de un físico no apto para pusilánimes; de hecho creo que de tan rotunda asustaría a más de uno si éste tuviera que lidiar con esta fiera entre sábanas.

Su fama de devorahombres sobrepasó la ficción y se zampó trofeos tan digestivos como Marlon Brando, Ryan O´Neal, Belmondo, Warren Beatty, Fabio Testi y Harry Hamlin, el guapetón actorcillo de la original Furia de Titanes, en cuyo rodaje se conocieron pues ella, que le sacaba unos 15 años, hacía de Afrodita, cómo no.
¡Buen provecho, Señora Úrsula!

Pero es que lo mejor de la Andress es que su mayor talento no era precisamente actúar, aunque intervino en títulos como Scaramouche, Las tribulaciones de un chino en China y Casino Royale (y aunque no lo creáis estuvo a punto de protagonizar La decisión de Sophie, sí, en el papel que luego tendría la oscaradicta Meryl Streep).
Era ponerse la tipa delante de la cámara y ya daba igual lo que hiciera: caías hechizada antes su rotundidad sexual.

Recuerdo también que en una película esta leona se desnudaba en plena calle provocando con esta simpática acción múltiples accidentes automovilísticos (no me estraña, quien no se distrae observando a semejante diosa), con lo que resucitaba un alicaído taller mecánico cercano por el que había sido contratada.
No sé muy bien si esta escena era de un film, un spot o simplemente la soñé. Quizás algun@ de vostotr@s me saquéis de esta duda...

En cualquier caso, aunque no fuera la mejor actriz del mundo, siempre me puso cachonda esta señora, icono sexual en los 60 y parte de los 70, que ya anda por los 73 años.

¿Y a vosotr@s: os pone brut@s Ursula Andress en su momento de super maciza centroeuropea?
Posh
Me puso y me pone total. Uno de los iconos sexuales más potentes de la historia del cine, despidiendo sex appeal a chorros como las cataratas del Niágara. Por cierto, Doctora... ¿se ha dado cuenta de lo poco que se emplea en la actualidad esta expresión - sex appeal- con lo definitoria que es?
carmine
Pues a mí me da miedo...
jp3
si casi 50 años después del estreno de Dr. No sigue siendo imitada hasta aburrir, por algo es...
tess
Ya no hay mujeres como las de antes eeh?.
Angel
Señora estupendisima, elegante, felina, bella a rabiar y..... por desgracia, pesima actriz pero ¡en fin! no se puede tener todo. Personalmente, me quedo con su imagen, fascinante, en la version que protagonizo para la HAMMER de "La diosa de fuego", pelicula menor pero de indiscutible encanto y en la que junto a los miticos Christopher Lee y Peter Cushing, formaba pareja, estupenda, con un apolineo, varonil y rubisimo JOHN RICHARDSON.
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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