Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
12 Noviembre 2009

Programado con Amor: "La huída", el demonio de los celos

Hoy puedo reunir dos de mis secciones en un mismo post.

Porque el domingo he programado en mi ciclo, para las diez de la noche, la película que el gran Sam Peckinpah rodó en 1972, basada en una novela de Jim Thompson (adaptada por Walter Hill, otro crack), protagonizada por Ali MacGraw, una actriz a la que siempre he admirado porque se ha pegado lotazos con dos de mis rubiales favoritos: Ryan O´Neall (en la cursilona Love story) y Steve McQueen, en esta peli, con quien además estuvo casada.

Porque el magnífico Steve es uno de mis sex-symbols favoritos, un tipo duro que me pone toda bruta, el ejemplar de macho por el que puedo llegar a hacer más que diabluras.

Por eso no me extraña pero nada que el personaje de Ali, en esta película, se baje las bragas ante un tipejo para lograr así sacar a su maromo de la sombra.

Lo malo es que a tu macho la jugada no le acabe de hacer gracia y tú te pases toda la película -toda la fuga- pidiéndole perdón con la mirada, como una gata herida, al tiempo que le dices eso de "Déjame que te haga feliz" mientras te arrimas a él.

Tendrás que ir ganándote su confianza, aunque vuelvas a meter la patita con el maletín con la pasta, hasta que consigas que el fantasma de los celos vaya dando paso, en el corazón de tu hombre, al afecto aquel que sentía por ti, querida, antes de pasar una temporada en chirona.

Lo que no falta en toda la pelicula es una química sexual brutal entre los protagonistas, algo que traspasaba los límites de la ficción para deleite de los mirones y mironas que disfrutamos viéndoles retozar, bañarse vestidos en un lago o hacer guarrerías bajo el albornoz y recién levantados, mientras el desayuno se quema en la cocina.

No en vano, la pareja se casó poco después del rodaje.

Ya se ha dicho mucho del excesivo y apasionado Steve McQueen, que si era una aleación explosiva de dureza y ternura, la esencia de lo cool, un caprichoso de un talento acorde con su gallardía, un actor por encima de la estrella, un rebelde disléxico aficionado al motor y el deporte (con un cuerpo magnífico), un héroe de acción que no usaba dobles, etc..., por eso mis suspiros piropeándole no son precisamente el colmo de la originalidad, pero aún así os recomiendo que veáis el domingo ese coctail explosivo de acción y sex-appeal titulado La huída , para entender de qué hablo cuando mataría por haber estado en la piel de la MacGraw.

Por supuesto, podéis pasar de comparar la pelicula original con el remake que protagonizaron Kim Basinger y su marido de entonces Alec Baldwin dos décadas más tarde, porque no hay color: rechazad imitaciones y disfrutad este domingo de este peliculón.

Pero hasta entonces yo os pregunto, querid@s:

¿Te acostarías con un cerdo por sacar a tu pareja del hoyo?

¿Sentirías celos si supieras que tu chic@, por hacerte un gran favor, se lo hizo con alguien destestable?

¿Y le llegarías a perdonar?

3 comentarios · Escribe el tuyo

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jp3

gran elección, doctora, porque peckimpah (casi) siempre es calidad asegurada.
en cuanto a las diatribas sobre la infidelidad por amor, qué chungo, ¿no?, la verdad es que se tendría que estar en la situación, pero yo creo, que, por alguien a quien quiero con locura, lo haría. repito, creo. ¿Es eso ser un romántico o un cabrón?

Conciliador (Conci para los amigos)

jp3, no me tientes...

Francisco R. Cao

La Huída es una película extraordinaria. Probablemente sea la película más comercial de Sam Peckinpah, pero ello no es óbice para que sigamos encontrándonos ante las esencias propias de toda obra “peckinpahriana”.

“The Gateway” es una road y caper movie en la que se ven envueltos una pareja de antihéroes, pero todavía con posibilidad de redención, y para ello no dudan en recurrir al robo, al engaño, al adulterio o al asesinato. No son por tanto, seres perfectos, pero se resisten a la autodestrucción, sus conductas nunca son injustificadas.

La pareja que forman Steve Mcqueen (Doc McCoy) y Ali Macgraw (Carol) –bellísima en este film, y pareja en ciernes durante el rodaje- surgen como un haz de luminosidad en un mundo lleno de ladrones, asesinos, traidores que se desenvuelven en una sociedad corrupta, inmoralidad y nihilista, a la que tanto despreciaba Peckinpah.

Macqueen se nos muestra en la película, contundente, elegante, con clase y estilo, destilando toda su esencia “cool”, vestido en un traje negro y siempre acompañado de un buen fusíl en el que confiar. Su personaje supone sin duda un antecedente que inspiró al mejor Tarantino de Reservoig Dogs y Pulp Fiction. Por su parte, Macgraw es la mujer, amante y compañera perfecta que no permanece en el tradicional papel pasivo de chica guapa que acompaña al héroe, sino que participa activamente en los atracos, mata e incluso engaña a Mcqueen para liberarlo.

Ambos constituyen una simbiosis perfecta de dos seres inadaptados, contradictorios y apasionados, que se odian y se aman, ríen y sufren. Así, su baño en el parque en el que se miran, se abrazan, se tocan, se besan,… ; o la escena en la cama del decadente hotel fronterizo de El Paso, bañados en dólares robados, despiertan un lirismo, una sensualidad, y a su vez una melancolía, que no hacen sino que sublimarse con la armoniosa banda sonora de Quincy Jones que impregna todo film del indiscutible sello de las películas de los setenta. Sin embargo su complicidad se verá socavada a medida que transcurre la huída hacia México, por el necesario adulterio de Carol, ante el que McCoy reacciona violentamente –en una imagen que hoy sería considerada como apología de la violencia de género-, y le convierta aún más si cabe en el personaje descreído que ya era, porque “ya no se puede confiar en nadie” sólo en “dios”, pero en el dios (god) de los billetes de dólares.

En todo caso sus aventuras y tribulaciones se oponen al viaje paralelo del sicario traidor interpretado por Al Lettieri, carente de moralidad, ética, educación, y que se ve acompañado de una patética, vulgar, fácil y simple acompañante.

Obviamente como ya anticipamos, la película es extraordinariamente violenta, con las tradicionales escenas a cámara lenta de Peckinpah, pero no es una sublimación de la violencia, sino que esta se nos muestra como necesaria, en una trepidante acción de perseguidores y perseguidos, que nos conduce a México.

¡¡¡México!!!. México era el paraíso adorado y deseado de Peckinpah, su vida transcurre en la frontera, sus westerns crepusculares tienen su final al sur del Río Bravo, eran su destino, la última esperanza de su viaje iniciático, y ahí está México, puro y salvaje, pero también trágico destino de sus grandes obras, en las que no hay lugar a la redención para sus personajes perdedores, malditos, y violentos como en “Grupo Salvaje” o “Quiero la cabeza de Alfredo García”. Y aquí radica una de las peculiaridades de “La Huída”, MacCoy y Carol todavía no son unos malditos. México es la última oportunidad para un come back, y ahí uno de los directores más transgresores de Hollywood nos deja ver su lado más melancólico, porque el cascarrabias de Sam, siempre fue un melancólico. ¿O no?

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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