Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
24 Julio 2008

¿Os habéis salido del cine a mitad de la proyección?

Soy un cyborg se estrenó el pasado viernes en Madrid. Una, que es curiosa, morbosa y cinéfaga, fue ayer a verla atraída por los trabajos previos de su director, el coreano Park Chan-wook, autor de las violentas Oldboy y Sympathy for Lady Vengueance, entre otras.

Pues bien, una iba buscando una historia de amor entre dos locos, una versión surrealista de Alguien voló sobre el nido del cuco y un argumento que fue premiado -sin su dosis de polémica- en el último festival de Sitges. O que me sorprendan, que siempre se agradece.

Pero la peli en cuestión, que transcurre en un colorista manicomio repleto de gente que se cree distinta (la misma prota: un robot letal, sin ir más lejos) es tan surrealista, tan rara-rara que aquello acaba derrumbándose por falta de agarraderos a los que fijar la atención (y la mínima cordura). Vamos, que estás todo el tiempo, mientras miras sus potentes imágenes, preguntándote qué diablos te están queriendo contar. Y eso fatiga mucho, amigos.

Por eso una aguantó estoica durante una hora, mientras algunos abandonaban la sala al poco de empezar y otros intentaban reir con las dudosas gracias que se exhibían en pantalla, cercanas al teatro del absurdo o al humor de los clowns.

Cuando por fin me levanté, cogí mi bolso y desfilé orgullosa delante de la pantalla ante la mirada del resto de espectadores que no se atrevían a hacer lo mismo -se supone que todos eran tan modernos que debían apreciar una obra de este calibre intelectual- me sentí liberada, como si me hubiera quitado una losa de encima y de repente tuviera un tiempo con el que no contaba para, por ejemplo, pasear por un Madrid incandescente.

Y vosotros, ¿cuándo os salistéis del cine antes de que acabara la peli? ¿Qué título fue? ¿Os sucede a menudo, os cuesta hacerlo?

¿Verdad que una se siente estupenda cuando lo hace? Es toda una terapia, una contundente forma de demostrar al mundo que lo que estábamos viendo no nos gustaba pero nada de nada.

5 comentarios · Escribe el tuyo

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qué pena! a mí me tiene una pinta de puta madre.
yo me salí con rompiendo las olas... es que no podía más de melodrama!!

Alexandra_Del_Lago

Pero Doctora, a quién se le ocurre ir a ver esas cosas? El cine de chinos (salvo las de Bruce Lee y las de Kurosawa), cuanto mas lejos mejor aunque "La balada de Narayama" era bien bonita y algunas de Nagisa Oshima no estaban mal y la serie de Godzilla tenía su encanto)...
Yo me sali no hace mucho de una cosa mejicana insoportable y anteriormente de otra francesa (y mira que a mí me gusta lo francés) que había ganado un César a la mejor peli y que era un docudrama que no había por donde cogerlo...
También recuerdo que me salí de otra de Abel Ferrara (no recuerdo el título y de "24 hour people" de Winterbottom ...

un fan de la peli

Yo la ví y me encantó. Es curioso que pienses que es una peli que ha de "no gustar" y que sólo por snobismo no nos salimos de la sala. La verdad es que es una reflexión muy poco respetuosa con todos los que disfrutamos la película y denota un amor hacia ti misma realmente envidiable e irritante, a partes iguales.

Adrián

La única vez que me he salido del cine fue con "El reino de los cielos", aunque me han dado ganas un par de veces, ayer mismo por ejemplo viendo la larguísima "Sexo en Nueva York".

cris

para adrián: a quien se le ocurre ir al cine a ver sexo en nueva yorck,eso es para alquilarla y hacer pausas para ir al baño o ir a por agua a la cocina o ver tus sms en el mobil. yo la unica vez que me dieron ganas de salirme del cine fue en el señor de los anillos pero me quede abia pagado la entrada..........

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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