Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
02 Julio 2008

Lectura criptogay de "El increíble Hulk"

Me ha gustado el nuevo Hulk. Me ha divertido, entre otras cosas porque, en fechas de celebración homosexual, la he interpretado como una gran metáfora de esa extendida plaga de obsesión enfermiza por el músculo entre cierto sector gay. De hecho, de cara al desfile orgulloso del próximo sábado, son muchos los ansiosos que se están pinchando ciclos de anabolizantes. Me explico:

Edward Norton es, en la peli, un chico mono, de buena genética, natural, con un cuerpecito definido que no está mal, pero, poseído por el deseo incontrolable de crecer muscularmente, se inyecta Winstrol y otras hormonas del crecimiento artificial y la hipertrofia.

El resultado es evidente, le aumentan mucho sus bíceps, estalla las camisetas y se convierte en un gigante bello, verde y musculoso... pero uno de los varios efectos secundarios de estas sustancias ilegales es que provoca -amén de disfunción hormonal propia- continuos e inexplicables cambios de humor. Vamos, que el sujeto que se lo mete pal cuerpo pasa del relax a la furia incontrolada en un pis-pas.

Así, Norton, arrepentido por todo el destrozo que su obsesión furiosa ha creado alrededor, huye a Brasil para recuperar su salud mental, muy deteriorada por todo el veneno que se ha metido en el cuerpo.

Liv Tyler es la mariliendre que intenta echar un polvo con Norton: quiere sentir todos esos músculos encima, no tiene miedo a ser aplastada... pero la cosa no cuaja, ya os imagináis por qué.

Su padre, William Hurt, no quiere que su hija salga con un gay, y lo quiere atrapar para, metiéndole en el ejército, convertirlo en un macho man.

Un científico loco -y gay closeteado-, con quien Norton ha chateado frecuentemente, admira la figura proteíca de Hulk y almacena su sangre para comercializarla en gimnasios de Chueca y así hacerse rico, famoso y tirarse a algunos jovencitos cachas.

Pero un chico escuálido -Tim Roth- que, tras contemplar a Hulk mientras lo persigue, envidia su poder y sueña con convertirse en un gigante, se mete -ansioso- una cantidad incontrolada de hormonas. El efecto, en lugar de convertirle en un ser espectacular como Hulk, lo transforma en un monstruo desproporcionado, feo y rabioso: La Abominación.

Al final, tras reducir a la despendolada Abominación, Hulk tendrá que volver a huir, solo y huraño, pues es imposible convivir con una persona de carácter tan complicado, por mucho músculo que luzca.

FIN.

Ps: Dedico, con todo mi cariño, este post a mis amigos musculocas/maricachas ;-)

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Hulkie

Buenísimo, sra doctora, me gustó su historia, habría que rodar un corto así durante el gaypride, no??

Doctora Amor

Buena idea!, jeje. Me apunto, como guionista y directora ;-) Gracias, Hulkie.

Alexandra_Del_Lago

muy buena, doctora, tu interpretación sobre esa película, me han dado ganas y todo de verla... (como no sale esta vez el chulazo de Eric Bana y no esta dirigida por un autor de qualité como Ang Lee, me daba algo de pereza pagar 7 eurazos por ella)
y en cuanto a los adictos a los anabolizantes, solo decirte que ,como vecina del barrio gay por antonomasia de Madrid, cada vez son mas los chicos que se aficionan a pincharse esas sospechosas sustancias, al menos asi lo compruebo verano tras verano,cuando salen en masa a la calle con sus camisetas de tirantes a punto de explotar...
y en cuanto a lo de los cambios de humor derivados de la apliación de esos inyectables, puedo corroborarlo por experiencia propia ya que mi maravilloso personal trainer que me pone en forma a lo largo de todo el año, unos dias esta super simpatico mientras que otro no hay quien lo aguante y dia a dia sus músculos van creciendo como los de nuestro amigo verde
y dicho todo lo cual: ME ENCANTA EL MÚSCULO , TIOS DEL MUNDO: CICLAOS!!!

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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