El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

El viernes se estrena por fin Los cronocrímenes, el esperadísimo primer largo de Nacho Vigalondo. En él tiene un papel fundamental -es el objeto de deseo, el detonante del conflicto- el fabuloso físico de esa chica tan guapa llamada Bárbara Goenaga.
La actriz vasca ya trabajó con el cineasta cántabro en su cortometraje Choque (vídeo inferior), donde también era codiciada presa de los machos, y está en mente de Nacho para próximos proyectos. Vamos, que viene a ser para él como una musa (pues su participación alteró el guión original de Los cronocrímenes) con visos de convertirse en actriz fetiche.
Pero éste, como sabéis, no es el primer caso, ni será el último, que se da en el cine. Basta recordar a Tim Burton, que primero se casó con la espléndida Lisa Marie (foto inferior), y tras divorciarse de ésta, la cambió por la más gótica Helena Bonham Carter. A ambas las convirtió en marcianas, simias y brujas, dependiendo de la trama que tuviera el papá de Eduardo Manostijeras en mente.

Más casos extranjeros han sido el de David Lynch e Isabella Rossellini, pareja dentro y fuera de la industria del cine, que han dejado huella indeleble de su colaboración en Terciopelo azul y Corazón salvaje. Roman Polanski y la malograda Sharon Tate eran una pareja similar; años después pasó por su cama Nastassja Kinski (prota de Tess), y en Lunas de hiel ocupó el mismo puesto Emmanuelle Seigner. Y Woody Allen con Diane Keaton en los tiempos de Annie Hall, la relevó con Mia Farrow (La rosa púrpura del Cairo, entre otras), y finalmente prefiere a jovencitas neumáticas como Scarlett Johansson.

En el cine español también es conocido el caso de Pedro Almodóvar, que ha tenido primero a Carmen Maura, luego a Victoria Abril, más Marisa Paredes y ahora a Penélope como actrices-talismanes de su filmografía. O Julio Medem, que hizo de Emma Suárez musa de sus primeros films. O Daniel Calparsoro, que contó con su pareja en la vida real, Najwa Nimri, como protagonista de Salto al vacío y sucesivos títulos.
Y no me acuerdo ahora mismo de más, ¿me ayudáis a encontrar otros casos de fetichismo actoral?
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Pues ya que mencionas a la Rossellini, su papá e Ingrid Bergman.
Adrián
Yo me quedo con Julio Medem-Najwa Nimri y Carmen Maura-Pedro Almodóvar. En ambos casos nos encontramos ante situaciones donde los directores ofrecen grandes papeles y las actrices corresponden maravillosamente. Tanto la Ana de "Los amantes del círculo polar" como la Pepa de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" o la Irene de "Volver".
Toni Nievas
Saludos de Cosas Chupis y bonitas. Peliculas y cortos de Toni Nievas. Director underground sin pasta del inexistente cine balear
http://www.lacoctelera.com/toninievas
y DESHIELO, posiblemente la peor pelicula del cine español. En doce capitulos
http://es.youtube.com/user/toninievas
Tengo tiempo libre en el paro y hago estas cosas, lo siento.
Norma Duval es mi fetiche.
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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