El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

Alexandra del Lago, una de las adictas a este blog, me comentaba que había conocido a Pablo Rivero, el actor de la serie Cuéntame, y que le había parecido más guapo y sexy al natural que en la tele.

Suele ocurrir. Por sorpresa nos topamos en una cafetería de Malasaña o en una cala ibicenca, por ejemplo, a Elsa Pataky y comprobamos que bella es de sobra, pero también pequeñita, como diria mi madre: "poca cosa".
Aunque hay otras que no pierden nada al natural, como Penélope, siempre bella. Pero no hay que olvidar que la cámara agranda, el maquillaje retoca y los focos hacen resplandecer.
Por ejemplo, a Julianne Moore.

Coincidí con ella en el ascensor de un rascacielos neoyorquino y casi la confundo con una mendiga: pálida, pecosa, encojida, con el pelo sucio y un abrigo heredado de su bisabuela. Y su vocecilla cuando dio las gracias tampoco hacían recordar a la estupenda señora de Lejos del cielo, entre otras de sus sublimes interpretaciones.

Otro sex-symbol que se me cayó del Olimpo así, a pocos centímetros, fue Mel Gibson. Fue hace años, cuando rodó El hombre sin rostro, creo, y lo presentaba en el Cap D´Antibes, un hotelako con todas las estrellas posibles, ubicado primorosamente a las afueras de Cannes.
Tenía un pasar que el actor masticara chicle ruidosamente y que te lo enseñara al hablar (modales de tipo duro, pensaba una servidora), pero lo que me echó para atrás todita fueron sus dedos gordezuelos y peludos (como un manojo de pollas, que diría el gran Alex de la Iglesia) y su piel... era sencillamente horrible, enrojecida, fea, antisexy para un pedazo galán. Cero carisma, además.
¡Dios mío, con la de sueños húmedos que tuve con él tras admirarle en El año que vivimos peligrosamente!

Menos mal que aquel mismo año Bruce Willis presentaba en el mismo sitio Color of night, un thriller erótico donde lo enseñaba todo. Pues bien, a mí el entonces marido de la otra Moore no me decía gran cosa en pantalla... pero tenerlo al ladico, todo calvo, todo sonriente, todo grandote y campechano, como que me puso, mira tú.
Así entendí, por la testosterona que derrochaba, que ligara tanto, que la cámara le adorase y que fuera capaz de destruir medio Nueva York persiguiendo a los malos.
¡Fuera de mis sueños húmedos, Mel! Me dije entonces. ¡Y súbete tú, Bruce!
Y a vosotr@s, ¿qué actores/actrices os han sorprendido, para bien o para mal, en las distancias cortas?
Alexandra_Del_Lago
Bueno doctora, como ya te dije en un anterior post (y gracias por mencionarme), conocí a Pablo Rivero una de esas noches en que servidora se lanza a la vorágine de la noche madrileña a la caza de jóvenes adonis con los que pasar un buen rato (aunque sólo sea observando de lejos esa belleza con la que la naturaleza les ha obsequiado de forma algo caprichosa a veces (algunos creo que no se merecen tanta suerte), pero bueno... ese es otro tema), como decía: estuve al lado de ese jovenzuelo y me pareció mucho mas guapo que en las pocas ocasiones que lo he visto en la pantalla...
no he tenido oportunidad alguna de estar con otra estrella del celuloide pero lo que nos cuentas de nuestro adorado Mel no me sorprende en absoluto (qué importantes son y qué poca importancia se da a las manos) y en cuanto a Bruce, qué decirte!, nunca una alopecia estuvo mejor puesta!!
a mí a quien me gustaria conocer de verdad es a Miguel Angel Silvestre (no soy nada original, lo reconozco)... alguien podría decirme por dónde se mueve por Madrid para dejarme caer por ahí?... besos a todos los tios buenos del blog...
Infiltrada
Doctora, lo de los dedos de mel gibson me ha encantado, qué forma tan rápida de derribar un mito sexual :) lo de "gordezuelo" es demasiado!
Doctora Amor
Gracias, querida Infiltrada, pero es que eran así: gordezuelos, jeje. Besos.
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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