Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
21 Mayo 2008

¿Os gustan las bodas tan poco como a mí?

Hay algo que temo más que la alergia al polen. Llegan en tropel por las mismas fechas, con la primavera: esas comprometidas invitaciones a bodas, bautizos y comuniones a las que una, en principio, no le apetece nada ir.

Pero el personal se empeña. Erre que erre. Hace poco recibí una invitación de una conocida, insisto, conocida, no amiga, no íntima. Y encima no se casa ella, sino su hermanita, a quien apenas he visto en dos ocasiones y habremos intercambiado tres frases de puro rigor.

Pues bien, mi conocida insiste en que vaya a la boda de su sister, que tendrá lugar en una bucólica finca rural.

Para ello me ha endosado un sobre que incluye la invitación oficial, un plano para llegar al lejano lugar del banquete, una lista de hoteles donde me puedo alojar (que corre por mi cuenta, por supuesto: o eso o regresar borracha conduciendo a casa) y la cuenta corriente bancaria donde he de ingresar el dinero correspondiente al regalo, porque los contrayentes prefieren cash a detalles u otros objetos.

¡Mamma mía, qué negocio, vamos todas a casarnos!

Hombre, sé que soy ingeniosa, elegante y físicamente destaco por encima de la media. Que aporto glamour, prestigio, diversión y clase a un evento que me imagino hortera, como todos los actos de su especie que el cine nos ha mostrado sobradamente. También sé que no tengo abuela, jeje.

Pero de ahí a tener que invertir tiempo, dinero y salud (mi alergia a las gramíneas, en plena campiña, puede destrozar sobradamente mi maquillaje-peluquería-puesta en escena a golpe de lagrimón, picores y estornudo) para asistir a una boda de compromiso... va un abismo.

Si al menos fuera una boda gay, por la novedad tendría su aquel.

Y yo que ni me he casado ni planeo hacerlo, lo más cerca que estaré estos días de un bodorrio será si voy a ver la nueva comedia tontorrona de Patrick Dempsey, el galán de Anatomía de Grey: La boda de mi novia. Aquí va el trailer:

Con esto lleno el cupo de asistencia a una ceremonia que me resulta en general aburrida, eterna, cursi y prescindible. Ya me pasé una década acudiendo a las de mis más cercanos amigo/as. Estoy saturada.

Pero, bueno, voy a dejarme querer y si mi amiga/conocida insiste mucho, puedo hacer como la Preysler, su Chabeli o el mismísimo Adrien Brody, que cobran un potosí por asomar sus caretos por las fiestas.

Si me hace una buena oferta soy capaz de aparecer allí con mi mascarilla anti-polen cual Hannibal Lecter.

Y a vosotros, ¿os gustan las bodas? ¿Tenéis que ir a muchas este año? ¿Os parecen estupendas o una costumbre anacrónica, pedante y exhibicionista?

¿Os gustan al menos las cinematográficas? ¿Qué títulos?

¿Y pagariáis porque un famoso acudiera a vuestras fiestas? ¿Cuánto?

2 comentarios · Escribe el tuyo

Comentarios » escribe el tuyo

Adrián

Odio las bodas cinematográficas, porque casi siempre dan comedias espantosas.

Una (semi)excepción fue la despedida de soltero que se montan en "Very Bad Things", una comedia divertidísima aunque se desmadre tanto al final

Doctora Amor

Tienes razón Adrián, esa comedia negra es salvaje y divertida. Me reí mucho, además ridiculizaba el tema de los preparativos nupciales, con una Cameron Diaz absolutamente repelente como prometida, jeje

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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