El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

Se estrena esta semana la nueva película de los hermanos Wachovsky, Speed Racer, y yo me muero de ganas de ver alguna entrevista con los directores, tan reacios a darlas. No por lo que puedan decir sobre acción o efectos especiales, sino por ver qué accesorios, tocado y maquillaje llevan, sobre todo Larry, que apareció travestido en alguna ocasión como la de la foto de abajo y, según algunos rumores de Hollywood, se está hormonando para cambiarse de sexo y así satisfacer a su amante dominatrix lesbiana.

Sean cierto los rumores o no, el caso de este chico me recuerda al de Michael Cimino, que también empezó a operarse hace años, con el deseo de convertirse en una dama. A mí la noticia me dejó noqueada en su momento: no me podía imaginar al director de El cazador o La puerta del cielo llevando bolso, taconazo y minifalda. Pero repuesta del shock y viendo que lo que se lleva en Hollywood es cambiarse de sexo como cambia una de amante o de utilitario, ahora me parece de lo más chic.

Aunque hay casos, como el de Lee Tamahori, el realizador neocelandés de Guerreros de antaño, La brigada del sombrero y una de 007, Muere otro día (con cuyo elenco aparece arriba, es el canoso), que alcanza el grado de lumpen, pues fue detenido hace unos meses por ejercer la prostitución vestido de mujer, vaya por Dios. No hace falta llegar tan lejos, digo yo.
En fin, parece que el gran Ed Wood fue un adelantado de su tiempo y ha sentado cátedra entre sus colegas...y fans: vamos a ponernos ropa del sexo opuesto, para sorpresa de nuestros parejas, vecinas y jefes; cambiemos de roles continuamente, el caso es ampliar el campo sexual y descubrir qué se siente, piensa y goza estando en la piel de otr@.
¿Algún/a director/a de nuestro cine seguirá los pasos de los arriba reseñados y de Almodóvar, que lo hizo décadas atrás? ¿O aquí ya no se lleva la transgresión?
Os dejo con el cameo travestido de Pedro y MacNamara en Laberinto de pasiones.
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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