El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.

Anoche vi Los perros dormidos mienten. No voy a hablar de su pésimo título, porque ya se hizo con antelación en otro estupendo blog, donde encontraréis todos los datos del film. Pero si os voy a recordar el argumento.
No os desvelo nada, porque es sólo el comienzo: la protagonista, Amy (interpretada por Melinda Page Hamilton, la misma actriz que hacía de monja en Mujeres desesperadas e intentaba evangelizar al brutote marido de Eva Longoria) tiene un novio guapo, simpático y educado, incluso bueno en la cama. Y el chico, que la adora, le pide matrimonio. Amy acepta. Y en el subidón del momento, empiezan a contarse secretos del pasado.
Ella le dice (mintiéndole) que una vez, después de una noche de fiesta y alcohol, se enrolló con su mejor amiga. La anécdota pone a su chico a cien: ha funcionado.
Pero sigue el juego en casa de los padres de ella, y ahora es el turno del chico, que confiesa: de adolescente jugó a la galleta. ¿Y eso qué es? Pregunta ella intrigada. Nos poníamos todos los amigos, relata, alrededor de una galleta y nos masturbábamos sobre ella; el último en correrse se comía aquella galleta... ¿Y fuíste tú el último? El silencio de él confirma la sospecha de Amy.

Desarmada ante esa seminal confesión de su chico, Amy se decide a confesar el gran secreto de su vida, ése que nunca contó absolutamente a nadie: estando en la universidad, una noche le hizo una felación completa a su perro. La reacción del chico es de asco, incomprensión e incredulidad. Y, como las fichas de un dominó, todo el perfecto mundo que se estaba construyendo alrededor de Amy empieza a desmoronarse en cadena por culpa de aquella verdad. Y hasta aquí puedo leer, que diría Mayra Gómez Kemp en el Un, dos, tres, responda otra vez...
La cuestión que plantea esta atípica comedia romántica es si conviene contar siempre la sobrevalorada verdad, si es necesaria ésta en las relaciones íntimas o si es mucho más sano mantener ocultos ciertos aspectos de nuestra vida pasada y presente. ¿Qué opináis vosotr@s?
¿Habéis contado absolutamente todo a vuestras parejas? ¿Os ha pasado algo parecido a lo que narra la película? Aquí va el trailer
Y ya que estamos en Domingo de Ramos, iniciando la Semana Santa, ese tiempo de redención, sacrificio y penitencia, os propongo, aprovechando el anonimato de vuestros nicks, os liberéis de aquel secreto que nadie conoce exponiéndolo sanamente aquí.
Será liberador y no corréis el riesgo de arruinar vuestra vida, como le sucede a la pobre Amy de Los perros dormidos mienten.
Si sois valientes, prometo también contar algunos de mis secretillos...
JJ
No se atreve nadie, doctora, ¿será que sus lectores son todos castos y puros? O estarán por ahí pecando, felices? Feliz semana nosanta!
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Querida doctora yo la verdad es que soy un bocazas, es más creo que me gusta compartir con los demás mís experiencias y así alimentar el líbido de la pareja, si no es un caso tan gore como el de la película creo que es la mar de sensual el relatar tus historias picantes.
Alexandra_Del_Lago
pienso que a tu pareja no hay que contarle nada de tus experiencias sexuales, cuanto menos sepa mejor, yo a mi actual no le contaría que me lo monté con un bombero al salir de su turno de trabajo en el cuartel de la calle Sta. Engracia (en donde si os quereis solazar la vista podeis pasar a cualquier hora y encontrareis a varios sentados en un banco, luciendo sus uniformes azules que dejan adivinar sus cuerpazos... ni tampoco le hablaria de mi rápida aventura con el monitor yogurín de mi gym recién salido del Inef que me enseñó a estirar todos y cada uno de los músculos de mi, aunque ya no joven, estupendo body...
no haría mas que provocarle envidia y que no me tratara lo bien que lo hace ahora... !!!
A_different_gay
A raiz del comentario de la película puedo confesar que siendo adolescente y a raiz de una riña familiar me masturbé encima del asado que luego mi familia se comió el día de Navidad... todo el mundo alabó ese año el buen sabor del festín...
susanninski
fuimos 3 compañeras a ver la peli y aluciné bastante con el secretillo de la chica, me parecio una pelicula patetica y además creo que OJOS QUE NO VEN CORAZÓN QUE NO SIENTE.
No recomiendo la pelicula ni para pasar el rato.
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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.
Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!
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