Doctora Amor

El cine, con sus mitos sexuales y escenas eróticas, ha condicionado nuestra forma de "amar". Esta experta investiga morbos, calentones y otras alteraciones colectivas que provocan las imágenes proyectadas sobre una sábana blanca. Hablemos de ello.
08 Febrero 2008

¿Keira o Leonor?

Desde que se estrenó Los crímenes de Oxford, (reportaje en el vídeo de abajo) mis amig@s, vecin@s y pacientes me comentan la escena de cama entre Leonor Watling y Elijah Wood. Unos me dicen que qué asco y poco morboso lo de los espaguetis por la generosa delantera de la voz de Marlango, otras que no hay química entre ellos, la mayoría que el personaje de Leonor está metido con calzador...

Yo les comprendo a tod@s, porque tienen tod@s razón. Elijah está tan blanquito con esos ojos de muñeco diabólico a punto de salirse de sus cuencas y parece tan poquita cosa físicamente al lado de la rotunda chica Almodóvar que, claro, hubo un momento que me recordó a aquella imborrable secuencia de Amarcord, de Felllini, con el chaval ahogándose intentando comerse los pechos de aquel mujerón...

Exageraciones y comparaciones aparte, lo cierto es que la secuencia ha dado -y está dando- mucho de qué hablar, entre otras cosas porque en ella el gamberro de Álex de la Iglesia ha mezclado sin pudor dos de sus vicios confesados: la carne de hembra humana y la comida copiosa, y a mí me parece fenomenal. Porque entre tanta fórmula matemática, enigmas y frialdad inglesa, qué bien sienta un revolcón mullidito, mediterráneo, cálido y gastronómico... aunque no quede muy estético ni cinematográfico.

Las otras secuencias de recientes desvelos pertenecen a Expiación. Sí, quienes ya habéis visto la peli, sabréis de qué estoy hablando: Keira Knightley se sumerge en una fuente y sale todita chorreada y con la ropa ultrapegada a su cuerpecito, para regocijo de James McAvoy y de las plateas (podéis verla en el vídeo de arriba). Luego la cosa va a más y asistimos a un polvo sobre escalera de biblioteca muy estético (como toda la película) pero, para mi gusto, menos sorprendente.

Aquí la duda no proviene de la química entre los actores que las protagonizan, que la hay, sino de si Keira es morbosa o no. Porque guapa es a rabiar. Y la más fotogénica, a pesar de que siempre esté poniendo mohínes y como metiendo mofletes, pero está tan flaca y tan plana... ¿no? Al mirarla me viene a los oídos aquella canción de Los Burros que se titulaba Huesos.

Y aquí llegan mis preguntas torpedo, ¿quién os gusta más como sex-symbol: la madrileña o la inglesa? ¿Con cuál os meteríais en la cama... o en una sauna?

Voy a ser la primera en mojarme: a Keira me la llevaría a un desfile de moda, a tomar café con mis amigas, a la pelu y hasta la subiría a una carroza del carnaval de Tenerife, porque es monísima, ideal-ideal de la muerte, y queda muy decorativa en cualquier sitio. Pero mi mitad bollera preferiría echar una larga siesta acurrucada a la carnosidad curvilínea de la cantante de Marlango. Eso sí, que se estuviera calladita...

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Soy doctora en sexología audiovisual gracias a las miles de horas que, desde mi más tierna adolescencia, he invertido en las salas oscuras. En esta consulta bloguera diseccionaré la química sexual y el sex-appeal de las estrellas que tanto nos ponen.

Macizorros, tías buenas -estoy muy orgullosa de mi lado lésbico- y otros animales cinematográficos, culpables de que todos seamos incurables voyeurs, pasarán por mi despiadado microscopio. ¡Ropa fuera!

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