Nadie ha visto todas las películas. Nadie lo sabe todo. Tampoco hay quien recuerde cuanto cine ha visto o que lo vea hoy con los mismos ojos de ayer. Todo cambia y el cine, afortunadamente, sigue ofreciendo grandes sorpresas. Vamos a disfrutarlas

Un soplo en el corazón se presentó en el festival de Cannes de 1971 junto a otras películas que marcaron época: El mensajero, de Joseph Losey, que ganó la Palma de Oro, Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, Sacco e Vanzetti, de Montaldo, junto a otras maravillas. Es inolvidable aquella edición del festival de Cannes.
El director francés Louis Malle, de 39 años, escandalizó en aquel festival con su noveno largometraje Un soplo en el corazón. La razón del escándalo estribaba en un incesto que él contemplaba con ojos limpios, sin asomo de culpa. Las gentes bien pensantes consideraron entonces que un supuesto pecado de esta naturaleza debía recibir un castigo ejemplar. Pero más allá de aquel escándalo tonto, Un soplo en el corazón es una película sensible e inteligente que habla del despertar a la vida de un adolescente de 15 años.

Se insistió mucho en el carácter autobiográfico de la película y su director lo negó siempre… aunque sin convencer a todos. Y es que, al igual que el propio Louis Malle, su joven protagonista tiene sus primeras experiencias sexuales en compañía de sus hermanos mayores; al igual que algún amigo igo de Louis Malle el muchacho de la película fue toqueteado por un cura pederasta; como Louis Malle, el adolescente de su historia pertenece a una familia burguesa de talante liberal en la que eran frecuentes las discusiones políticas…

La acción se desarrolla en 1954, en el momento en que Francia es derrotada en Indochina, en la batalla de Dien Bien Phu, tras casi un siglo de colonización. Ese cambio traumático en la sociedad francesa coincide con el cambio anímico y corporal del joven protagonista de Un soplo en el corazón.
Louis Malle acababa de regresar de la India de filmar un espléndido documental, Calcuta, experiencia que le marcó profundamente hasta el punto de comentar que ya no sabría hacer películas en un estudio y con actores. El clima de mayo del 68 que aún flotaba en el ambiente era propicio para la reflexión y la puesta en cuestión de todos los valores. Una vez fracasada la revuelta, fueron tiempos para la introspección.
Louis Malle se encerró a escribir y en 15 días terminó el guión de Un soplo en el corazón. Lo escribió sobre la marcha, sin saber él mismo en qué acabaría la historia. A pesar de tanta rapidez fue nominado al Oscar al mejor guión en 1973, premio que finalmente no obtuvo, aunque le permitió en poco tiempo abrirse las puertas de Hollywood.

Louis Malle fue un director inclasificable, no sujeto a normas, sin un estilo preestablecido, libre para acercarse a temas y géneros diversos. Falleció en 1995 a los 63 años a causa de un linfoma.
Veamos Un soplo en el corazón sin que ya pueda escandalizarnos. Y disfrutemos del exquisito pulso narrativo del director, de la espléndida actriz italiana Lea Massari, y de la revelación que en 1971 significó el chico Benoit Ferreux, hoy consagrado actor del cine francés.
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Amaranta
Extraordinaria Lea Massari. A través de su personaje, extranjera, mujer, exiliada, de izquierdas, sin prejuicios, Louis Malle pone en solfa a la burguesía francesa. Conecta así con las películas de otros grandes del cine francés (Chabrol, por ejemplo) críticos con la sociedad de su pais. No me extraña que la relación con el hijo, el incesto, fuera un escándalo en la "adelantada" pero burguesa Francia.
Aficionadoalcine
Con qué naturalidad resuelve el asunto del incesto. Magníficos personajes los de la madre y su destartalado hijo. En la banda sonora se nota que Malle es aficionado al jazz. Es otro atractivo de la película.
Mi preferida es Atlantic City con Burt Lancaster y Susan Sarandon que se salen. Dos imágenes: Lancaster espiando a Susan que se estruja limones en el pecho y unas enormes bolas metálicas que derrumban edicifios del viejo Atlantic City. Espero verla pronto otra vez.
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Me gusta el cine como a casi todo el mundo pero con frecuencia prefiero ver películas olvidadas, especialmente aquellas que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas o que mucha gente no ha podido ver porque fueron prohibidas o porque los comerciantes del cine las maltrataron.
Muchas veladas en mi casa han consistido en sorprender a los amigos con esas películas estupendas. Ahora tengo la oportunidad de programar algunas de ellas en TCM. Si quieres, las comentamos.
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