De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

21 Junio 2009

Un año sin Cyd: ¡larga vida, Charisse!

En Hollywood sólo hay una cosa más difícil que mantener una carrera de 60 años y es… mantener un matrimonio de 60 años. Cyd Charisse lo logró (mantener un matrimonio longevo, no una carrera): cuando vio que el cine que ella había conocido y amaba se iba apagando, decidió retirarse y actuar junto a su marido en obras de teatro y en algún programa de televisión que les permitiese pagar las facturas.

Esta semana se cumplió el primer aniversario de la muerte de esta maravillosa diosa que, según Juan Pedro Quiñonero, merece estar en el Olimpo grecorromano, junto a otras bellas como Ava Lavinia Gardner. Lleva razón. Hace un año, con motivo de su muerte, YO escribí esto:

“YO adoro a Cyd Charisse por una cuestión básica. Porque da igual si baila o canta (doblada, eso sí; Dios bastante tuvo con darle esas dos piernas como para también dotarla con las cuerdas vocales de un arpa: confórmate con un ukelele, rica, y da gracias), si se camufla tras los nombres de Felia Sidorova o María Istomina (al parecer, fueron los seudónimos que le puso el mismísimo Diágilev cuando bailó en los Ballets Rusos con sólo 13 años, aunque esto me suena más a invento promocional de la Metro que a 100% reality) o si se coloca uno de esos maravillosos pelucones a los que Guilaroff era tan adicto; da igual lo que haga: Cyd siempre está espléndida. Elegante(ísima), soberbia, espectacular. Divina. S-T-A-R, al fin y al cabo”.

Creo que la Charisse representa la quintaesencia de la mujer mascarón de proa que Hollywood supo capitalizar como nadie y que, desde entonces, no ha vuelto a levantar cabeza. En nuestro país, salvando las enooooooormes distancias, creo que tenemos (aún) a una Mujer Charisse a la que habrá que esperar a que estire la pata –toquemos madera y que dure muchos años– para poner en su justo lugar: Concha Velasco. Sus piernas son casi tan estupendas como las de la Charisse, sólo que ella no se las ha asegurado jamás por cinco millones de euros (en ese caso, seguro que la pobre hubiese tenido que empeñarlas para salir de un apuro en algún momento).

Me pregunto por qué muchos esperan a la muerte (ajena, siempre ajena) para postrarse de rodillas ante sus ídolos y gritar sin pudor sus alabanzas. En el caso de la Charisse, estaba claro. En el caso de la Velasco, aún habrá gente que espere a Lo Inevitable para apalancarla en lo alto del altar que le corresponde. No es mi caso: para mí las santas lo son antes de sustituir el manto por la mortaja.

Moraleja: ¡Viva Santa Cyd y que vivan también todas sus hijas!

>> Galería de fotos de Charisse y reportaje de producción propia TCM que incluye una exclusiva entrevista a esta gran actriz.

6 comentarios · Escribe el tuyo

18 Junio 2009

Grace Kelly: ¿reina de hielo? ¡Pero si tenía un hornillo de siete resistencias!

Hoy he hablado de mujeres de armas tomar en la lista de mis cinco pelis favoritas del día, pero creo que ninguna tan peligrosa como Zsa Zsa Gabor, una mujer que no necesita una catana para cortar cabezas; con la lengua le basta y le sobra. Y para ejemplo, un botón (eso sí, tamaño XXL, como los botones de alta costura de Balenciaga).

En sus memorias, la pérfida Zsa Zsa se despacha a gusto con medio Hollywood, pero una de sus víctimas predilectas es, paradójicamente, una santa (su proceso de canonización está en marcha) llamada Grace Kelly. Leed, leed:

“Me percaté de que Grace tenía más novios en un mes de los que yo había tenido en toda mi vida. Aunque había subido al estrellato como una casta reina de hielo, Grace se iba a la cama con cualquiera que le gustara en el momento. Conrad Hilton me contó una vez que Grace había vivido con uno de sus catadores de vino en una pequeña habitación del Waldorf Astoria, y también me dijo que se había hecho arreglar la nariz”.

De hecho, si hoy tenemos constancia de muchos de los amoríos de Grace es gracias, tal y como señala Alicia Misrahi en Los poderes de Venus, "a su indiscreta y despistada madre, Margaret". A los pocos días de que se anunciase el compromiso matrimonial entre su hija y el Príncipe Rainiero, a la buena mujer no se ocurrió otra cosa que enviar a la prensa un detallado, aunque suponemos que incompleto, listado con las muescas en el tacón de su hija. A saber:

Harper Davis

Don Richardson

Gene Lyons

Gary Cooper

Clark Gable

Bing Crosby

William Holden

Ray Milland

Oleg Cassini (el modisto casado con Gene Terney)

Jean-Pierre Aumont

Moraleja: Con ese historial, lo de Reina de Hielo me temo que le queda un poco grande… Dejémoslo en hidrógeno líquido.

4 comentarios · Escribe el tuyo

18 Junio 2009

Mis cinco películas favoritas con mujeres de armas tomar

Hay días, como hoy, en que voy a pagar a Hacienda un potosí, en que desearía salir de casa no armada con unos tacones y un bolso Amazona, sino con una catana. Días en los que Una no querría ser una bomba sexual, sino una mercenaria (a la que además pagasen en dinero negro) dispuesta a pegar un tiro en menos tiempo del que tarda en persignarse un cura loco. Días en los que Una no querría ser encantadora, sino una de estas chicas…

1. Alien (1979)

La teniente Ripley es tan femenina como Burt Reynolds con medias de rejilla. El gesto adusto de Sigourney Weaver la convirtió en el sueño erótico de millones de truckers y lesbo-killers de medio mundo. No es mi caso, pero aún así tengo que confesar que, si algún día me da por bajarme al pilón, ella será la primera candidata a la que ofreceré mis servicios.

2. Foxy Brown (1974)

Mucho antes de Quentin Tarantino tuviese sus primeros picores, Pam Grier, la protagonista de Foxy Brown, ya era una estrella en el circuito de las películas de blaxplotation. Es más, el director, carne de videoclub, no tuvo reparo no ya en homenajear las convenciones del género en Jackie Brown, sino hasta de plagiar la tipografía del título. En el caso de esta película (y de muchas otras), la Grier, escotada hasta el ombligo, se toma la justicia por su mano a tetazo limpio.

3. Trío heroico (1992)

Un delirio made in Hong Kong, con tres lumis a cual más perraca: la Mujer Maravillas, la Mujer Gata y la Mujer Invisible. Las tres se unen para combatir a un diabólico eunuco (razones no le faltan) que está robando los bebés de un hospital a través de una red de esbirros de lo más organizada. Las tres, kimonazo en ristre y armadas con los palillos del moño, se lían a hostia limpia con todo el que se les pone por delante y salvan a Hong Kong de la ruina.

4. Tigre y dragón (2000)

Pues es un poco el caso de la peli anterior, pero con presupuesto. O sea, en lugar de serie B hablamos de serie A, súper A. Ang Lee, ese director camaleón que lo mismo te adapta a Jane Austen que te hace un western marica, que dirige una maravilla como La tormenta de hielo, volvió a sus raíces con esta película que es una mezcla de delirio, delicia y rollito de primavera.

5. Kill Bill (2003)

Pues más de lo mismo. Quentin Tarantino vuelve a su particular mina de carbón, el videoclub, para ver si es capaz de sacar algo original de su Mundo Interior, que parece construido con lo más B de la serie B. Aquí homenajea el cine de artes marciales y el resultado son dos películas estupendas en las que Uma Thurman demuestra que hasta para llevar un chándal (amarillo, encima) hay que tener percha. Mi favorita, sin embargo, no es la Thurman, ni siquiera Daryl Hannah, que está divina, sino la megaperraca de Lucy Liu.

Moraleja: Como decía Carmen Maura en Mujeres: "Estoy harta de ser buena". Ay, Pepa, qué bien te comprendo...

3 comentarios · Escribe el tuyo

17 Junio 2009

Fernando Delgado, otra voz (maravillosa) que se apaga

Es una pena que haya muerto Fernando Delgado, una de las voces más peculiares del teatro y el cine españoles. A mí, la voz de este señor me ponía los nervios como cuerdas de violín… Una cosa, vamos. Ese tono cavernoso, como de catacumba, que resonaba por los bronquios obstruidos, era capaz de revestir el texto más infame de ecos bíblicos.

Para mí, la voz es un instrumento básico del actor. Por eso me da rabia que muchos actores actuales tengan esas voces ratoneras o no vocalicen o, directamente, no se les entienda. ¿Por qué? ¿Por qué hacen eso? Y, lo que me parece muchísimo más grave, ¿por qué se les permite? ¿Por qué los directores españoles no sacan un látigo de siete colas y, cuando empiezan a farfullar y a destrozar un guión en el que alguien ha trabajado durante meses o incluso años, no les arrancan la piel a tiras?

¿Quién decidió que lo natural era hablar como si te acabases de meter un calcetín sudado en la boca? Una ve una película de cine clásico en versión original y a los actores da gloria oírlos: se les entiende todo. No es que hablen un inglés perfecto, sino que vocalizan y, oh, maravilla, las palabras, las frases, la entonación… todo encaja para que el espectador reciba el mensaje sin necesidad de subtítulos simultáneos (otro día hablamos del doblaje, que algunos execran pero que a mí, particularmente, me sigue pareciendo en algunos casos brillantísimo; un ejemplo: el maravilloso doblaje de Eva al desnundo).

¿Por qué los actores actuales no miman su instrumento de trabajo? ¿Por qué desde Carmen Maura, que va ya camino de los 65, no encuentro en el cine español una actriz que sepa decir (no ya que sepa decir algo; que sepa decir, simplemente)? ¿Qué pasa? ¿Es tan difícil?

Moraleja: ¡Coño, pues es su trabajo!

9 comentarios · Escribe el tuyo

17 Junio 2009

Mis cinco películas favoritas con la Estatua de la Libertad

El domingo me voy once días a Nueva York y ya estoy babeando con la idea. Ya estoy preparando la maleta, el petite robe noir (o little black dress, que para eso voy a NYC) para pasear por la Quinta esquina con la 57 (Tiffany’s) con un churro en la mano y la mascarilla de oxígeno (porque el amigo que me ha a hospedar me ha dicho que me prepare: la temperatura y la humedad son las de una sauna finlandesa pasada por los altos hornos de Dachau). Me da igual: Nueva York bien vale una lipotimia. Y, para ir abriendo boca, hoy he elegido mis cinco películas favoritas con un símbolo tan neoyorquino como la Estatua de la Libertad. Aquí las tenéis…

1. Sabotaje (1942)

Que nadie se equivoque, no hablo de la peli británica del mismo título pero de unos años atrás (1936), con Sylvia Sidney, sino de la peli americana que termina con una escena espectacular en lo alto de la Estatua de Libertad. A mí, cuando alguien dice que Hitchcock tiene obras menores me da la risa.

2. El planeta de los simios (1968)

Charlton Heston y algunos compañeros astronautas se extravían en un extraño planeta y, tras mil vicisitudes y enseñar el culo (el presidente de la Asociación Nacional del Rifle era muy de enseñar cacha si lo exigía el guión), descubren que… Y hasta aquí puedo leer, porque si no siempre habrá algún analfabeto que no haya visto la peli y que me acuse de destripársela (lo que ahora los cursis llaman spoiler). La escena con la Estatua de la Libertad hecha unos zorros es de lo más desgarradora, aunque le sobran los exabruptos de Heston; con el sonido de las olas del mar y el silencio hubiese sido mucho más desoladora.

3. Lovers and Lollipops (1956)

Segunda de las películas que el tándem formado por el matrimonio de Morris Engel y Ruth Orkin realiza en la década de los 50 en EE UU, que influenciaron tantísimo a los chicos de la Nouvelle Vague y a los indies norteamericanos, con Cassavetes en cabeza. Una maravilla y una rareza, rodada cámara al hombro, prácticamente desconocida. Si este es tu caso, no pierdas más el tiempo y corre a verla.

4. El padrino (1972)

Cuando el pobre inmigrante italiano divisa la Estatua de la Libertad aún cree que en EE UU atan a los perros con longanizas, pero luego viene la primera hostia: ¡zas!, el funcionario de Ellis Island te pone de apellido el nombre de tu pueblo y se queda tan contento (afortunadamente para Vito, su pueblo tiene el eufónico nombre de Corleone, pero si llega a ser Brazatortas imaginad la putada). Después, la realidad ya se irá encargando de abofetearle hasta que no le queden ganas de ofrecer la otra mejilla. Y de ahí a ser un gánster…

5. Remo Williams, la aventura comienza (1985)

Un subproducto B que sale de la literatura pulp. Como veis, hoy estoy de lo más pop y lo mismo mezclo churras con merinas que alta costura cinematográfica con H&M. YO soy así… pobre (porque si Una pudiese, iba a mezclar Rita La Chartreuse). La escena de la Estatua de Libertad es la clave para entenderlo todo (aunque que nadie se llame a engaño: no hay mucho que entender, ¿eh?).

Moraleja: A mí, con la Estatua de la Libertad me pasa un poco como con las fallas… Lejos, más lejos, un poco más. Ahí, sí, justo ahí. Al otro lado del mundo.

4 comentarios · Escribe el tuyo

16 Junio 2009

Mis cinco películas favoritas de agujeros (de golf, que hay que decirlo todo)

¿Os gusta el golf? Me alegro. Es como si me decís que os gusta el macramé o la miga de pan. Son actividades, junto con el ahorro o la abstinencia, para las que Dios no me ha llamado. Pero, bueno, como la psique femenina es imprevisible y Una nunca sabe por dónde le va a amanecer ese día el tacón, aquí os dejo hoy mis cinco películas favoritas con palos y pelotas de golf y es que, lo reconozco, si Una chica (en edad casadera) tiene que practicar un deporte, que sea al menos uno en el que pueda encontrar futuros candidatos…

1. La impetuosa (1952)

Katharine Hepburn es una golfista que lo tiene todo, pero que, en el fondo, no tiene nada cuando descubre que su hombre, Spencer Tracy, se siente amenazado. Otra comedia sobre la lucha de sexos con guión de Ruth Gordon y Garson Kanin en la que la mujer (fuerte) tiene que ceder el sitio al hombre (débil)… lo que casualmente se correspondía con la realidad, pero no con sus protagonistas (aunque un poco, también), sino con sus guionistas (muchos pensaban que en casa, y en la cama, era la vieja Ruth la que llevaba los pantalones).

2. El club de los chalados (1980)

La típica comedia tontorrona de los 80 con el más tontorrón de los actores bobalicones de la historia: Chevy Chase, un hombre al que YO no tocaría ni con una pértiga de tres metros de largo. Y vestido de caddie, mucho menos. Y lo peor de todo es que tiene su público (depravados, básicamente).

3. M*A*S*H* (1970)

En plena apocalipsis bélica, los militares, con sus martinis, juegan al golf mientras programan el próximo paso de su sistemático acoso sexual a las enfermeras… Robert Altman saca la botella de salfumán y espolvorea con ella los rincones más sucios de la Guerra de Corea y, oh, milagro, de la suciedad sale una perla de humor (negro, eso sí).

4. Tin Cup (1996)

¿Kevin Costner y Don Johnson en una misma película? Pues sí, los dos caspa ex sex-symbols supuran ajado sex-appeal en esta comedia para ver quién se lleva al catre a Rene Russo, que es una actriz que me encanta (YO me iría a la cama con los dos, pero, vamos, sin dudarlo un minuto: aún recuerdo sus fotos despecheratados a finales de los 80 y me acuerdo de la frase de Carmen Maura en La ley del deseo, cuando entra en su instituto, el Ramiro de Maeztu: “Cuántas pajas me habré hecho yo entre estos muros…” Y que lo digas, hija, y que lo digas).

5. El golfista especialista (1930)

Aunque en España sea prácticamente desconocido, en EE UU W. C. Fields es un auténtico mito en algunos círculos que siguen recordándolo más por sus epigramas, más ácidos que un esputo de amoníaco, que por sus películas; casi todos ellos, casualmente, dedicados a su gran amor: la botella. Os dejo aquí algunos ejemplos:

"La Navidad en mi casa es por lo menos seis o siete veces más agradable que en cualquier otro sitio. Empezamos a beber temprano, y cuando el resto de la gente ve un solo Santa Claus, nosotros vemos seis o siete."

"Yo practico el autocontrol. Nunca bebo nada más fuerte que la ginebra antes del desayuno."

"Yo no bebo agua, los peces fornican en ella."

Moraleja: Superfan de practicar el golf, siempre y cuando no metas la pelotita en el agujero equivocado.

14 comentarios · Escribe el tuyo

15 Junio 2009

Contra Tracy Lords: NO al síndrome Abuela Cebolleta

Leo en el periódico que deberían repartir con toallitas higiénicas una entrevista con Tracy Lords que no tiene desperdicio. Parece que hablase una mezcla de Katharine Hepburn desencantada (lo que supongo que no carece de cierta coherencia si tu nombre artístico procede de uno de sus personajes) y Carmencita Franco. Una aberración.

La entrevista en cuestión tiene momentos antológicos como este: “Hace unos años había códigos de buenas maneras. Pero en esta última década ha cambiado el mundo. La gente dice tacos por nada, es molesta, no saluda… Y creo que Internet tiene buena culpa de ello”.

Casualmente, es el mismo argumento que esgrimen todas las abuelitas que intentan colarse en el supermercado con la excusa de “Perdona, pero es que me he dejado la olla en el fuego” cuando les respondes: “Pues es una pena, porque cuando llegue a casa su casa va a estar en llamas”, y les sugieres, de manera bastante perentoria, que hagan cola como toda hija de vecina. Antes de Internet, la culpa de todo la tenía la televisión; y antes, el cine; y antes, supongo que los folletines, o el teatro del Siglo de Oro o cualquier otra patochada por el estilo.

Mi boutade favorita, sin embargo, es esta otra: “El porno ya no me interesa como consumidora porque no tiene alma”. ¿Se supone que cuando ella empezó, con 15 años, la industria del porno era una chocolatada parroquial (tesis con la que me temo que Linda Lovelace no estaría para nada de acuerdo)? O esta otra perla: “Acabo de añadir el título de madre a mi currículo”.

Hay que joderse. Lo más fuerte es que todas las has been tienen los mismos argumentos: da igual que seas Tracy Lords que Norma Desmond, es mucho más fácil decir: “El cine ha muerto. El glamour ha muerto. El buen gusto ha muerto. Incluso el porno ha muerto”, que admitir que tu momento ha pasado. Luego te encuentras con que la estrella real, la auténtica Gloria Swanson, nunca dijo nada parecido.

La Swanson nunca perdió el entusiasmo ni la capacidad de sorpresa. Le seguía interesando el cine y el arte contemporáneo, la moda y la ecología, el naturismo y la música dodecafónica. Era moderna incluso cuando podía haberse permitido el lujo de ser un clásico (eufemismo de fósil) porque lo que la mantenía viva no era el pasado, ni siquiera el futuro, sino el presente. El ahora.

Y lo mismo pasa cuando lees la biografía de otras actrices auténticamente grandes, como Bette o la mismísima Kate. Nunca quisieron estancarse, sino que preferían estar vivas. ¿Vivir de las rentas? Joan jamás lo hubiese permitido.

Moraleja: Aunque a veces YO misma me pongo en plan Abuela Cebolleta, reconozco que cuando detecto los síntomas en otras personas me pongo de los nervios. Sólo de pensar que me puedo convertir en piedra, me entran los siete males…

12 comentarios · Escribe el tuyo

15 Junio 2009

Mis cinco películas favoritas con primerísimos primeros planos

Muchos consideran a David Wark Griffith el padre del cine moderno y el inventor de conceptos como el primer plano o el flashback. No seré YO quien les lleve la contraria. A mí, desde luego, el espectáculo de las emociones reflejadas en una cara, en una mirada, es algo que me pone los pelos como escarpias; ni el Gran Cañón del Colorado ni la Plaza de San Marcos se pueden comparar con unos ojos arrasados en lágrimas. En fin, el caso es que si esos momentos de placer (morboso, como casi todos mis placeres) se los debo al gran David W. G., pues nada, me pongo de rodillas y empiezo a prender el incienso. ¿Alguien me pasa un mechero?

1. El crepúsculo de los dioses (1950)

“Nosotros no necesitábamos voces, ¡teníamos rostros!”. Totally agree(pina), señorita Desmond. Aunque hay otra frase que me encanta: “Estoy lista para mi primer plano, señor DeMille”, que YO suelo decir muy a menudo (especialmente en las mañanas que me levanto con resaca).

2. La reina Cristina de Suecia (1934)

“A ver, bonita, tú ponte ahí, en la proa, y no pienses en nada… Seguro que no te cuesta demasiado”. Eso fue lo que le dijo Rouben Mamoulian a la Garbo cuando llegó la hora de rodar el plano que cierra la película, que forma parte de la historia del cine. Hoy, una actriz de método nos contaría la milonga de que se ha leído unos 400 libros del personaje, que ha engordado o adelgazado unos 28 kilos y se ha bajado al pilón para ver qué se siente. La Garbo no, la Garbo se queda en blanco y está espléndida. Es la diferencia entre ser una petarda y una estrella.

3. La pasión de Juana de Arco (1928)

“Mira, esta es la escena en la que te queman viva como un pollo al ast, pero como yo soy un artista voy a hacer una cosa: no vamos a ver las llamas, vamos a ver tu sufrimiento, ¿me entiendes? Así que, cuando diga acción, vas a sufrir como una perra, ¿estamos de acuerdo?”. Y María Falconetti, que tenía a Dreyer a menos de 20 centímetros de la cara, le dijo: “¿Con esa halitosis? No me va a costar ningún trabajo”.

4. Un perro andaluz (1928)

“Mira, Luisito, he pensado que lo de la luna y la nube es muy Bécquer, incluso muy Federico (que pesada es la Fede, y que mano más larga…) así que podíamos sustituirlo por una metáfora: ¿qué te parece un ojo, así rollo globo ocular, y una navaja”. “Pues no sé, Salvador, lo que tú veas; yo, en habiendo una teta…”

5. Hasta que llegó su hora (1969)

“Y aquí la cámara va a hacer un primerísimo primer plano sobre tu poro sudoroso, tú suda, no te cortes. ¿Otra guindilla, Henry?”. Esas fueron, más o menos, las indicaciones de Sergio Leone a sus actores durante el rodaje, porque YO nunca he visto unos cutis más seborreicos en todos los días de mi vida.

Moraleja: La cámara no miente, pero los actores (los buenos, al menos) sí. Y YO, entre la verdad de mi portera y la mentira de una diosa del cine, pues… vamos, como que no hay color.

3 comentarios · Escribe el tuyo

12 Junio 2009

Bernardette NO está para canciones

Hola, soy Bernardette Soubirous y estoy que trino. Estoy hasta la pañoleta de que me tomen por una palurda y crean que pueden hacer con mi vida lo que les salga del potorro a los productores de Hollywood. Que me interprete en la pantalla grande una lagarta como la Jennifer Jones me llegó a lo más hondo. La barragana del David O. Selznick, amancebada con el tiparraco ese (mujeriego, pastillero, obeso... un truño, vamos), encarnándome a mí. ¡A mí! Hay que joderse.

Se lo dije a La Señora en cuanto me la eché a la cara. “Virgen, eso no debías tú de consentirlo”, le dije. Pero La Señora, cuando no hay público, es de lo más hermética. La Señora, si no tiene por lo menos a cien personas delante, no suelta prenda. A ser posible, analfabetas.

Bueno, pues resulta que veo el otro día la dichosa peliculita, y me encuentro con esto…

¿Habéis visto esas cejas? ¿Os imagináis cómo me hubiesen puesto en el pueblo si me llego yo a depilar las cejas como la Jones? ¡Y esa cara de boba…! ¿Qué quieren insinuar? ¿Que yo era faltuca? Para nada. Yo era muy viva, despiertísima. Leer… no mucho. Pero sabiduría popular, la que quieras. Y mira a la Jones, esa cara de pánfila… ¿Y la capita? ¿Y los lazos? “Señora”, le dije a la Virgen, “tenemos que hacer algo porque yo ya estoy hasta el mismísimo de que en el Mundo se crean yo era tonta de baba…” Nada, la callada por respuesta.

Y luego esa manía que tiene La Señora de aparecerse en los sitios más inauditos: poblachones inmundos, la sierra pelada, la finca de una marquesona… Que digo yo que qué trabajo le costaría aparecerse en la Quinta Avenida o en la Rue de la Paix o en la Gran Vía, pero no, a La Señora, desde que el mundo es mundo, le dio por lo rural y de ese registro no hay quien la saque. “Nenaaaaaaaaaaaaaaa, ponte al día y dale un tajo ya a esas faldas”, le decimos aquí, en la Gloria, el núcleo progre. Pero nada, ella nada. Ella está aferrada al look tunicaza y melenón y de ahí no hay quien la saque. “Nena, una seda, un damasco, un crêpe… Nada. Arpillera y esparto. Una cosa”.

“En tiempos como estos”, le dijo a menudo (porque a la Gloria también nos han llegado los ecos de la crisis), “la gente lo que quiere es soñar, SOÑAR. ¡Un poquito de glamour, nenaaaaaaa!”. Nada. Como el que oye llover. La Señora, para mí, que es un poco teniente. “Y un poquito de rimmel, y corrector de ojeras, y serum de La Prairie, nena… Aquí, miserias las justitas, que esto es La Gloria”. Pues no hay tu tía.

Moraleja: Mirad, así, en confianza, que esto no salga de aquí, pero, entre vosotros y yo, empiezo a estar de La Señora hasta el mismísimo refajo. Esto va a acabar como el rosario de la aurora. Y si no, al tiempo…

2 comentarios · Escribe el tuyo

12 Junio 2009

Mis cinco pelis favoritas bajo tierra: ¡próxima estación, Esperanza!

Estoy con la Lomana en que ahí fuera, entre la gente pobre, “hay unos dramas…” (por cierto, el mismo día en el que emitían esto, mi amigo A. P. estaba cenando en su casa; espero crónica, A., espero crónica).

Bueno , pues resulta que para sumergirte en esos dramas de los que la Lomana tiene una vaguísima impresión y vivirlos en primera persona, nada como el transporte público y, sobre todo, el metro. O sea, tú te levantas, te asomas al balcón pensando que hace un día maravilloso, que luce el sol, que los pájaros cantan (como en el aria de Orfeo y Eurídice), te duchas, te arreglas, te sientes llena de energía, te montas en el metro y… ¡Zas! Un hostiazo de realidad. ¡Qué gente más fea! ¡Qué caras! ¡Y qué vidas, qué miserias, qué dramas puedes detectar en cada mirada, en cada gesto, en cada mano de uñas enlutadas aferradas a los travesaños del vagón! Se acabó el sueño, empieza la pesadilla.

Sí, queridos, aquí os dejo mis cinco películas favoritas en las que el metro, un medio de transporte que ABORREZCO, EXECRO Y ABOMINO, tiene un papel protagonista.

1. Pelham uno dos tres (1974)

Un colgado secuestra un vagón del metro y pide un rescate. Los pasajeros lo pasan fatal. Natural. Imagina que tienes que estar un montón de horas ahí abajo, viéndole el careto a esa señora de uñas desportilladas y pelo cual bandera tricolor durante horas y horas (y horas), por no hablar de la simpática pandilla de adolescentes de extrarradio que escuchan reguetón en sus móviles non stop. ¡Perreo, perreo! Con ese panorama, Una casi prefiere que le peguen un tiro. O tirarlo Una.

2. Kontroll (2003)

Esta película húngara arrasó en varios festivales por varias razones de peso (lo de ser húngara ayuda mucho, qué duda cabe), pero a mí me irritó por otras tantas razones, a saber. Su protagonista es un revisor del metro de Budapest, una especie de antihéroe que… ¡Un momento! ¿Un revisor del metro de Budapest, un antihéroe? Pero si a Una, que es urbanita 100%, la única vez que le han tangado ha sido en el metro de Budapest y fue precisamente un revisor. ¡Vamos, no me jodas!

3. Un hombre lobo americano en Londres (1981)

Un yanqui es atacado por una bestia en medio de Gales y el resultado es que, las noches de luna llena, se convierte en una folclórica hirsuta (y sin maquillar) sedienta de sangre. Si le ponéis unas gafas de sol y una cola de caballo, sabréis de quién hablo. La peli de John Landis es hoy un título de culto (para incultos), aunque hay que reconocer que tiene escenas de lo más impactantes (como la del ataque en el metro, que se rodó en la estación de Tottenham Court Road).

4. La séptima víctima (1943)

Una peliculita de serie B de la RKO de lo más encantadora. Una chica de provincias va a Nueva York a investigar la desaparición de su hermana que, en lugar de meterse a puta o hacerse yonki (lo normal cuando has crecido en un poblachón inmundo), resulta que no, que ha sido raptada por una secta satánica compuesta, eso sí, por gente encantadora, como los vecinitos de Rosemary, ¿os acordáis?, que eran aquel matrimonio de viejecitos simpatiquísimos… En fin, si la chica es feliz creyéndose eso, no seremos nosotros quienes la saquemos de su error, pero por experiencia sé que cuando una Chica Provinciana desaparece en la Gran Ciudad lo más fácil es que no la encuentres en las catacumbas adorando a Baal, sino en un puticlub, a cuatro patas, puesta hasta las trancas.

5. Un día en Nueva York (1949)

Stantley Donen y Gene Kelly dirigieron al alimón este musical maravilloso, en el que la gran protagonista no es ninguna chica (ni tampoco ellos, los chicos, y eso que además de Kelly está también Frank Sinatra), sino Manhattan. La peli, una declaración de amor a Nueva York, está rodada en escenarios naturales; los números son gloria bendita y hasta el metro, pasado por la Metro, tiene glamour y encanto a partes iguales (eso en la peli, porque luego, en la vida real, os lo digo YO, en el metro de NY ha sido en el único metro del mundo en el que Una ha visto unas ratas como conejos que no se las un gitano).

Moraleja: ¿El metro? Sí, precioso, y no hay mejor manera de tomarle el pulso a una ciudad y... bla-bla-bla. Eh, ¿aquello no es una luz verde? ¡Taxiiiiiiiii! ¡Sexyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

7 comentarios · Escribe el tuyo

11 Junio 2009

Mis cinco pelis favoritas con tatuajes

A mí, en general, los tatuajes me repugnan. No les veo la fascinación por ninguna parte. Todo eso del tuneado corporal me parece cosa propia:

a) de delincuentes (sí, soy un anacronismo ambulante),

b) de maricas que intentan imitar/parodiar una estética machirula con la que están muy lejos de comulgar,

c) de pijas absurdas que olvidan que, el día de mañana, entre un sol en la pelvis y la epidural, una mujer con la cabeza sobre los hombros siempre elegirá la epidural.

En fin, que a mí todo eso del fenómeno tattoo como que se me escapa. Paso total. A mí, dame una piel suave, limpia y una cuenta saneada y me harás feliz. Los presidiarios, que se los queden otras. YO ya no estoy para redimir a nadie. Al contrario, estoy más bien para que me rediman a mí.

Coincido plenamente con lo que opina Truman Capote acerca del tema, a saber:

"El ochenta por cierto de los asesinos múltiples tienen tatuajes. Entrevista tras entrevista, siempre resulta que tienen tatuajes, pocos o muchos. (...) No hay que acercársele [a esta gente] por muchas razones. La mayoría de las personas con tatuajes siempre tienen algo realmente malo. Por lo menos siempre hay alguna historia horrible. Sé por experiencia que hay alguna espantosa tara en las personas que llevan tatuajes. (...) Es horrible. Psicológicamente es cosa de locos. En la mayoría de la gente que lleva tatuajes, es señal de algún sentimiento de inferioridad: tratan de crearse cierta identificación viril."

Amén, hermano.

1. La noche del cazador (1955)

Me encanta. Una obra maestra, a medio camino entre la pesadilla y el cuento infantil (si es que hay alguna diferencia). En su día fue un fracaso, hoy es una maravilla. Todo: la estética, las interpretaciones de Robert Mitchum y Lillian Gish, los clarooscuros, hasta los más pequeños detalles (saqueados después hasta la saciedad por directores que quieren ponerse la vitola de cinéfilos)… todo encaja, a su manera perversa, como el mecanismo de un reloj o de un autómata. Sí, puede incluso que tenga algo de mecánico que, ah, ¡qué mecánica más admirable!

2. Memento (2001)

La vi en su día y recuerdo que me pareció una de esas historias que parecen mucho más complejas de lo que son en realidad. Reconozco que, vista una sola vez en el silencio y la oscuridad de una sala de cine, la recuerdo con cierto cariño. Muy efectista, sí, a juego con la década.

3. El cabo del terror (1962)

Hablo, naturalmente, de la versión del 62 con Gregory Peck y Robert Mitchum. La de después, la de los 90, con Robert de Niro convertido en una Gorgona pintarrajeada no hay quien se la crea (los críticos hablaron de grand guignol; yo, directamente, llamaría a las cosas por su nombre: falla valenciana con mascletá incluida).

4. Guerreros de antaño (1994)

Una de esas pelis que te deja el cuerpo como si te hubiese pasado por encima una apisonadora: tatuajes y alcoholismo, el pan de cada día para los pobres mahoríes a los que esquilmaron con malas artes. Eso sí, hay que reconocer que la peli tuvo un efecto inmediato en los culturistas-maricas de todo el mundo: puso de moda el tatuaje austral y, desde entonces, no hay anabolena que no luzca una o dos medallas votivas impresas en sus bíceps, espalda o deltoides con la donosura de un guerrero mahorí.

5. Promesas del este (2007)

Adoro a David Cronenberg incluso cuando no se parece a sí mismo (como es el caso de esta peli, que podría ser de cualquier otro director). Reconozco que es una peli bastante rara dentro de su filmografía, pero aunque sólo sea por la interpretación de Viggo Mortensen como mafisoso ruso ya merece la pena. Te pone los pelos como escarpias. Todos.

Moraleja: Antes de tatuarte un bonito motivo étnico en el brazo, reflexiona: ¿de verdad crees que con 68 años, cuando tu firme brazo se haya convertido en un dantesco espectáculo de carnes tolendas, la visión de una desdibujada greca minoica contribuirá en algo al bien común? Si no lo haces por ti, hazlo al menos por los demás.

15 comentarios · Escribe el tuyo

09 Junio 2009

El cine español y el glamour: glamú-quinqui

Veo en el periódico que deberían repartir con toallitas húmedas esta imagen (la de abajo, no la de arriba) y me quedo de piedra pómez…

Se supone que forma parte de una exposición de la Academia de Cine sobre Retratos del cine español.

Bueno, a estas alturas Una ya no es tan ingenua como para pensar que un actor debe posar de esta guisa:

O de esta:

Vamos, que Una ya no pide glamour al cine (ni a la vida, si me apuras), pero sí por lo menos un poco de… otra cosa. Vamos, que el huevo frito, el chorizaco y el vaso de los palillos para quitarse el pa’luego… ¡Ay, por Dios, si sólo le falta eructar!

Moraleja: El cine español… ¡Qué pena más grande!

[Nota a pie de página: La imagen que abre el post corresponde a una portada de Fotogramas del 21 de octubre de 1979 y, junto a la foto del astro revelación 'El Torete', está ese impagable titular a cargo de Liza Minnelli: "Yo en un pedestal y los hombres como perros". Y tú que lo digas, Liza.]

16 comentarios · Escribe el tuyo

TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.

Añádeme a tu página de Google

Añádeme a tu página de Google

El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

suscríbete