De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
09 Octubre 2008

Siempre me quedará París

Según Woody Allen, un hombre capaz de hacer añicos su peana en mi iconostasio con una sola y abominable película (sí, admito que YO también aplico la ley de la tolerancia 0, pero no a los maltratadores –hay personas, hombres y mujeres, que están pidiendo una hostia a gritos– , sino a los falsos profetas), Cantando bajo la lluvia es mejor que un Lexatín o un chupito de Prozac. Estoy de acuerdo. Pero ese chute de optimismo no sólo me lo proporciona un clásico como Cantando, sino muchos otros; entre ellos, por supuesto, destacaría Un americano en París.

En este caso, el optimismo no viene del argumento, que básicamente es pura melancolía disfrazada de musical (con un maravilloso Technicolor basado en la paleta de Raoul Duffy); el optimismo viene directamente de la Obra Bien Hecha, del placer que proporciona toda pieza perfecta, como una estatuilla de Henry Moore o un brochazo azul de Yves Klein. Vincente Minnelli, de quien todos sabéis a estas alturas que soy megadiva, hace con la cámara lo que este par de genios con sus manos: lucha contra el vacío. Y gana.

Un americano en París tiene, además, un valor añadido (al menos, para mí, puesto que, aunque parezca imposible, también tiene sus detractores): París. ¡ADORO París! Me identifico plenamente con la letra del cantable de Cole Porter.

I love Paris in the springtime, / I love Paris in the fall, / I love Paris in the winter, when it drizzles, / I love Paris in the summer, when it sizzles. / I love Paris every moment, /Every moment of the year, / I love Paris”

Pues sí, amo París. Es una ciudad que ha sido MUY generosa conmigo y que, como Nueva York, da muy bien en cámara. No tiene un perfil malo, ni una mala cara, ni una arruga. París es como Marilyn: imposible pillarla en un faux pas (bueno, TODO el mundo tiene un faux pas, incluida Marilyn: ese bodrio llamado Niebla en el alma). A mí, París es que me vuelve Loca del Pussy.

En Funny Face, en Gigi, en La última vez que vi ídem, incluso en un truño como El último tango (insportable película de un insoportable director con un Marlon Brando bastante insoportable también, pasadísimo y pesadísimo… en todos los sentidos), París es París. “Te juro que fue en París”. Pues sí. París es así, jamás decepciona: lujo, glamour, savoir faire, frío, cultura, grandeur… Puro exceso. Como Un americano en París. O como YO misma.

Ay, París…

Moraleja: Dorothy, puede que como en casa se esté como en ningún sitio. Pero cuando tu casa está en Kansas, cielo, permíteme que lo dude. Si estuviese en los Campos Elíseos… Sin ir más lejos, incluso el mismo Woody (puaj!) se costeó otras bonitas vacaciones en París con la flojita (pero Obra Maestra al lado de su última aberración) Todos dicen I love you... Todos menos YO. Yo, a Monsieur A., le diría más bien: "FUCK YOU!" Pero desde el cariño, claro. Y la admiración.

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el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)

Yo también adoro a Minnelli y detesto a Bertolucci, el uno apostol de la belleza, el otro de la fealdad. París es maravillosa hasta con Luis Mariano pintando la torre eiffel.

maciste betanzos

Yo creo que mi Paris favorito es el auténtico , el canalla y en versión realista, blanco y negro. El de Quai des brumes, mismamente. O el de la fredcura de sus gentes de preguerra (el de la trilogia de Marius pur Marcel pagnol). Yo un Paris sin Arletty y Gabin escuchando cantar a la loca de Trenet no me lo creo. Ni siquiera en esa féerie de Minelli (algo artificial, postizo, excesivo, demasiado pretencioso...salvo el "I got rhythm", tan americano por cierto).
Y no sólo el capitalino, también el campestre (Renoir y "A Dejeneur sur l'herbe" o "A partie de campagne"). La Piaf y Marivaux en un tete a tete indestructible, libertino, natural como las tetitas traviesas de la Josephine Baker recién llegada de los trópicos (ni siquiera los Salut les copains, el chovinsimo y el mal gusto intrínseco a los franceses, paisanaje que repudio como repudio a esa famosa campesina de nombre Juliette Binoche que en su época de efímera fama debió pasar por la nueva Michele Morgan) me harán olvidar que alguna vez en una gran pantalla Paris no siempre fue un recurrente kitsch (ergo Hollywood style) como también lo fueron Sevilla o Roma (otras tarjetas postales de lo imposible). Incluyendo aqui la hemingwayana Las nieves del Kilimanjaro (episodio francés: la Gardner en la cava y en tesituras lost generation).
Afortunadamente el último Bertolucci potable (L'ultimo tango a Parigi) pudo dar la campanada, poner el colofón desde otra óptica sumamente respetable a una ciudad de desarraigados, siempre desde su visión mediterránea de lo que debía sentir un extranjero en ella (¿stranger in paradise?).

Louella

Ay, Maciste mío, es que a Sevilla le pasa una cosa. ES UN TÓPICO. O sea, lo de la peineta, el caracolillo, la Giralda et al... ¡es así exactamente! Sevilla es un gran escenario. Bellísimo, falsísimo, delirante, barroco. Desafortunadamente, también, lleno de una gente tremenda (como París).

maciste betanzos

El Arny, acuérdase, el Arny.

Lothorien

Quizá pueda amarse más el París acortonado que el cine made in Hollywood retrató en los años 50's y 60's que el París real aún con sus campos Elíseos y su mítica torre. Pues siempre que se tiene la oportunidad de pasear por sus calles y disfrutar del romanticismo, vienen a la mente recuerdos de grandes amores de pantalla como el de Gene Kelly cantando suavemente al oído de Leslie Caron junto al Sena en American in Paris (1951), a Louis Jourdan admitiendo su amor por Gigi (1958), a Jack Lemmon requiriendo los favores de Shirley MacLaine en Irma la Dulce (1963), la temporada que Bogart y Bergman pasaron juntos en Casablanca (1942), y la diversión nocturna en el Moulin Rouge (2001). Lo dije: el París cinematográfico tiene más glamour que el verdadero... al menos para los guionistas.

El Marqués de Portugal Este

Yo soy de los que pienso que en casa como en ningún sitio. Pero... ¿en casa de quién? En el Veme o en el IXeme hay muchas casa en las que, efectivamente, se está como en ningún sitio.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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