De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
08 Agosto 2008

Ataque de pánico: Santa Edith Head, líbrame de todo mal

“Que mi vida va a cambiar / me digo al despertar”, dice una canción de Luz Casal (que es una mujer que a mí no me gusta nada, pero que me emociona en esta canción en concreto). Pues eso es lo que me pasa: que mi vida va a cambiar. Son las cinco de la mañana y me acabo de despertar con los ojos como dos faros. Todavía es de noche y he tenido que levantarme de la cama porque, tumbada en la oscuridad, el ataque de pánico puede ser de órdago. Y ahora, ante el ordenador, trato de ordenar mis pensamientos, antes de que sigan dando vueltas y vueltas como Los pájaros de Hitchcock, esos cuervos negros y voraces o las gaviotas aterradoras, ávidas de carne. De mi carne. De la mía y de la de Tippi Hedren.

“ No. Louella, no”, me digo. “Tienes que calmarte”.Y, a falta de lexatines, vuelvo a la letra de aquella canción que me gustó en un momento de mi vida (un momento en que, erróneamente, pensé que mi vida iba a cambiar… y luego, tampoco fue para tanto). ¿Qué hacía la heroína de Hitchcock antes de sucumbir al estado de shock? Fingir. Sí, creo que eso sabré hacerlo. Fingir normalidad. Y me acuerdo de nuevo de la canción de Luz Casal. ¿Qué decía? “Entonces, sin quererlo, vuelvo a dar / esos pasos que aprendí / presiento que ante mí /se extiende un día igual que los demás.”

Eso es exactamente lo que haré: volver a dar los pasos que aprendí, vestida, eso sí, con un tailleur impecable de Edith Head. Vestida por La Más Grande (Head, no la Jurado), nada malo me puede pasar. ¿Y qué más? Presentir que ante mí se extiende un día igual a los demás. Eso tampoco me cuesta nada. Nada. Últimamente, tengo que confesar, en un acto de soberbia sin límites –siempre he sido muy fan del egotrip, pero últimamente más; me aferro a él como otras a sus logos–, que mi vida me gusta. ¿Un día exactamente igual a los demás? Me gusta. Es más: me parece un milagro. Cada día es un milagro. Sí, lo es.

Así que no pasa nada. Que vengan los pájaros, los cuervos, las gaviotas. Estoy preparada.

Moraleja: Espero, eso sí, no acabar como Tippi, la pobre. Qué papeleta…

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El Marqués de Portugal Este

¡La vida es una tómbola!

maciste betanzos

Yo también soy muy devoto de Santa Irene (Sharaff). Justo ahora aprovecho para recomendarle una screwball de Tay Ganrnett llamada La fugitiva de los trópicos, en donde Joan Bennett era la tal en cuestión, e iba vestida para recorrer la India, Shangaii, Pekin y San Francisco (todo eran trasparencias divinas: Garnet aprovechó documentales que filmó en sus vacaciones a bordo de su yate y empastó las imágenes por detrás de la Bennett) de modelitos marca Irene (la moda oscilaba entre el traje chaqueta de motivos marineros a las falditas y blusas estampadas de supremo textil). Ella huía porque creía que había matado al causante de la muerte de su hermana (no Constance, claro. Le recomiendo de esta última que vea su Moulin Rouge del 34, más rouge que Moulin: imitando a las cocottés está impagable. Ahora no sé qué Bennett me gustaba más en los años treinta, si Constance o Joan). Asi que lo primero que hace es teñirse el pelo (pasa de rubia a morena. Operación inversa a la de Marnie Hedren, por usted citada, por cierto). En fin, el guión es una cosa loca de la hostia, de lo más queer (Dorothy Parker lo debió terminar una mañana del Waldorf en un par de Dry Martinis).

Nilda


¡Qué mujer tan extraordinaria! La más grande y… la más plagiada: sus creaciones traspasaron la pantalla. Por fortuna, esta trabajadora infatigable, que supo mantenerse a flote durante varias décadas, derrochando belleza, vio recompensado su talento con ocho estatuillas. Además, su persona emanaba encanto y estilo.

Pues sí, un tailleur, una falda o un traje de baño de la susodicha serían, sin duda, de gran ayuda para nuestras esquicias. Un fondo de armario que, por mor de la estética, se compadecería requetebién con ‘cosillas’ de Travis Banton, Irene Scharaff, Adrian, Cecil Beaton, Orry-Kelly, Natacha Rambova…

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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