Un espacio de cine en TCM, un espacio en el que descubrir el cine que ya tenías que haber visto o el cine que queda por ver. Se admite el debate y las sugerencias, por supuesto.

Hoy emiten dos de mis comedias predilectas, tal vez —sólo tal vez— mis comedias favoritas: Historias de Filadelfia y Mi desconfiada esposa. ¡Qué maravilla! ¡Que felicidad! Sí, felicidad, con todas las letras, como en el cuento de Katherine Mansfield (una de mis escritoras favoritas): F-E-L-I-C-I-D-A-D.
Para mí reír es lo más importante del mundo. La risa, en mi caso, es la sustituta del amor, como para Tennessee Williams lo era del llanto. Yo no. Yo ya he llorado bastante. No quiero llorar más. Lo que quiero ahora es reír. Reír, reír, reír. Sí, señor. Si hay algo que adore por encima de todo, por encima incluso de la belleza, es el humor: a mí me haces reír y me tienes en el bote. Si me quieres embaucar, no trates de seducirme; hazme reír, será más efectivo. Hay que reír más.
La gente hoy ríe por casi cualquier cosa. Pero —y eso es un drama— ríe mal. Ríe fatal. ¡Qué mal ríe la gente! ¡Qué pena más grande! Esa es la madre del drama padre: lo mal que ríe la gente. No se puede reír Una de cualquier cosa. Cualquier cosa NO es graciosa. Hay pocas cosas graciosas, pero cuando te encuentras con una… Ay, Dios, cuando te encuentras con una, ¡qué cosa tan maravillosa! ¡Qué milagro! ¡Qué bendito don el de la risa!
Por eso, porque hoy emiten dos de mis comedias favoritas, quiero contaros una de esas cosas graciosas que, por azares del destino, me habían pasado desapercibidas… hasta que me la descubrió mi ex marido (con el que cada día me río más: “Phyllis! Stop!” Jajajaja).
Resulta que, por esos mismos azares del destino que hicieron que no reparara en su día en esta anécdota, mi ex marido no había oído hablar en su vida de Joe Orton hasta que vio en mi casa Ábrete de orejas, la espléndida película de Stephen Frears basada en su biografía y, sobre todo, en sus diarios. Se quedó de piedra-pómez con el personaje. No es para menos, ya que Joe Orton es muy tremendo.

En fin, el caso es que le dije: “Pues, chico, YO tengo los diarios, te los dejo ahora mismo”. Dicho y hecho, le dejé una hoy inencontrable edición de Espejo de tinta y él la devoró de cabo a rabo (palabra que, tratándose de los diarios de Joe Orton, se presta a más de un equívoco: “Pero… ¡esto es una cochinada!”, me dijo mi ex marido cuando empezó a leerlos).
Bueno, el caso es que cochino o no —lo es, Joe Orton es un cochino, pero también un genio para captar las voces ajenas y sus inflexiones, los malentendidos y los juegos de palabras más hilarantes y procaces—, mi ex marido devoró aquel libro plagado de anécdotas divertídisimas de principio a fin. Y, por encima de todos esos fuegos artificiales de ingenio mariconil, se quedó con esta:
Resulta que, cuando en una visita de Madame de Gaulle al Reino Unido, alguien le preguntó a la provecta primera dama de Francia: “¿Y usted qué espera cuando se retire?”, ella contestó: “Lo que espero sobre todo es… un pene”. Se hizo un silencio casi sideral, como si alguien hubiese arrojado un meteorito a la comitiva desde el espacio exterior. “¿C… cómo? (Pausa). Ah, oui, ¿félicité, Madame?”
Jajajajaja. Resulta que, para los franceses (maravillosos para tantas cosas relacionadas con la lengua, pero unos negados para los idiomas, los pobres), “happiness” y “a penis” se pronuncian casi exactamente igual. Genial. ¡GENIAL!
Ay, mi querido, querídisimo ex marido, nunca se lo agradeceré lo bastante. Mil gracias. Mille tendresses.
Moraleja: Donde se ponga un ex marido (que te haga reír), que se quite todo lo demás.
El Marqués de Portugal Este
Isabel P, Tita C, Louella P...
Louella
¿Putas todas?
El Marqués de Portugal Este
Poetisas, autoras de grandes elogios (inmerecidos) a su exes... Y todas ellas legatarias de museos...
Nilda
Jajajajaja. Acabo de sufrir un ataque de risa (y un pasmo): en una colchonería tienen a la venta el ‘libro’ Aída Nízar se confiesa. Precio: 22 euros. Ja, ja, ja.
La risa. Ese bien —no añado divino porque, como dice una amiga mía, ese adjetivo ha quedado para uso y abuso de gays— tan necesario como la respiración. Qué saludable es reír a mandíbula batiente, desternillarse, mondarse y partirse de risa. Nada hay tan liberador. ¡Qué divertido es ser divertido!
maciste betanzos
Si, pero que no parezcamos la Anita Borregón ni la hija aquella del crooner Lorenzo Valverde, de infausto recuerdo. Con sentidito (de la mesura), a ser posible.
Me encanta que le encante la Mansfield (Katherine), aunque la otra (Jayne) también tenía un punto G... cuando hacía declaraciones locas (hilvanando con lo anterior, un poco ese nonsense vulgarote que en la actualidad devendría nuestra Ana del cuore). Y desde luego, completamente de acuerdo con lo de Orton: un personaje muy extremo. En los sixties todos lo fueron. Y gran película (pese a Oldman, que no lo soporto). Yo de mayor quiero ser como él.
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