De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
01 Julio 2008

Escuela de mitos

Escribiendo el post de ayer tuve como una revelación, lo que los cursis —o YO misma— llamarían una epifanía. Tuve una visión: la escuela de la MGM, un aula en la que en torno a una pizarra se juntaba lo más granado de la futura aristrocracia de Hollywood. En realidad, la escuela de la MGM no te formaba para ser un brillante matemático o un filólogo experto en lenguas muertas hace varios milenios, sino para ser algo tan difícil como un Hijo de Hollywood.

Tal y como ha confesado el propio Mickey Rooney en alguna entrevista, era una escuela en la que era muy difícil estudiar. “Imagínate… con un chica llamada Lana Turner al lado”, exclama entre risas. Y a su voz se añade la de Judy Garland, ya muy tocada, en un programa de televisión (el de Jack Paar en diciembre de 1962): “Estábamos Elizabeth Taylor y Lana Turner y Mickey Rooney y Freddie Bartholomew y yo y Deanna Durbin en la misma habitación”.

Hay que decir que, si analizas un poco las biografías de todas aquellas jóvenes estrellas, en la mayor parte de los casos la supuesta educación básica, muy, muy básica, fracasó estrepitosamente. Te imaginas a la pobre Judy Garland luchando contra las ecuaciones y, años más tarde, contra la resaca cuando iba al rodaje de Summer Stock como una sonámbula, siempre con el aire de una muñeca de cuerda que estuviese a punto de detenerse (lo que, por otro lado, no tiene nada de extraño dado que unas cuantas horas antes estaba siendo sometida a una terapia de electrochoque).

O bien a una jovencísima Lana Turner, luchando con la pronunciación francesa mientras trataba de olvidar su acento original, compartiendo confidencias con Judy: “¿Y te besó?” “Ooooh, no… Bueno, pero sólo un poco”. Y años más tarde, bromeando ante los periodistas: “Me gustan los hombres y a los hombres les gusto yo, ¿dónde está el problema?”. El problema, querida, está en que terminaste enredada con un ganster al que tu hija cosió a puñaladas… por no hablar, claro, de los intentos de violación de otro de tus maridos, Lex Baker, con la pequeña unos años antes. Natural que al final te saliese lesbokiller perdida.

¿Y Mickey Rooney? ¿Y Liz Taylor? ¿Y las botellas vacías? ¿Y las pastillas?… En fin, cuando ves a todos aquellos niños siendo sometidos a un régimen criminal que consistía, básicamente, en hacer añicos su ego, te das cuenta de que todos ellos estaban marcados. Marcados con el divino don del talento, pero también con la marca de Caín.

Moraleja: Ay, los niños y sus juguetitos... Como las princesas y sus sapos...

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El Marqués de Portugal Este

Seis grados de separación:
1.- Lana Turner
2.- Lex Baker
3.- Carmen Cervera
5.- Barón Thyssen
...y 6.- Inaugurar una exposición de Turner con un abrigo de lana, que has pasado mucho frío en la vida...

Nilda

«Estos críos son una mina; explotém, digo eduquémoslos»
No resulta difícil imaginar la naturaleza de esos rudimentos: como una cáscara vacía.

Por otra parte, la historia del cine está llena de educadores de muy distinta laya: abnegados, sádicos, menoreros, severísimos… Tal vez merezcan un post aparte.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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