De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
27 Junio 2008

Un nuevo mito-mitazo: Eric Root. ¡De rodillas todos!

Cautivos del mal es, como ya debéis saber todos a estas alturas, una de mis películas favoritas. No sólo porque tiene una de las escenas que más me gustan de toda la historia del cine, el ataque de nervios de Lana Turner mientras conduce el coche que la aleja de su hombre (un genial Kirk Douglas en el papel de hijo de perra), sino porque resume en sí misma todo lo que le pido a una película, a una novela y, si me apuran, a una persona: que sea más grande que la vida. Grande, grande, GRANDE. Sí, señor, YO soy muy española: burra grande, ande o no ande.

Si el primer gesto de libertad fue un gesto de desobediencia (a Dios, claro), creo que mi primer gesto de desobediencia con una realidad que no me gustaba, con un Dios al que, casi desde que era niña, percibí no como a un padre, sino como a un enemigo, un enemigo terco y cruel, fue elegir la ficción como alternativa a la vida. Y cuando digo ficción, quiero decir cine. La literatura llegó después, como otras cosas (el alcohol, por ejemplo; incluso el sexo). Pero mi primer amor, mi primer orgasmo, mi primer pecado fue el cine. El cine y quienes lo hacían.

Cuando me preguntaban, siendo una niña, qué quería ser de mayor siempre respondía: “Directora de cine”. Hasta que me enteré de que quien ponía el dinero eran los productores. Entonces cambié de opinión: “Productora”. Luego cambié de opinión de nuevo y llegué a la que, creo, es mi verdadera vocación frustrada, Papa (o Papisa, en mi caso). Yo creo que hubiese sido una Papisa fabulosa, un poco en la línea de Alejandro VII, el Papa (de ficción) del Barón Corvo, enloquecido por los joyones de los tesoros vaticanos y por la guardia suiza. Pero, bueno, ésa es otra historia…

A lo que iba. El cine me permitió escapar de una realidad y un Dios que consideraba adversos. Bueno, no los consideraba: eran francamente, beligerantemente adversos. Y en mi profundo amor por el cine se mezcló también una forma descabellada, y depravada en el fondo, de especulación. No en el sentido económico o fraudulento, que también, sino en sentido literal, de espejo, speculum. Me miraba en el espejo de las grandes divas de la pantalla e imitaba sus réplicas, su forma de moverse, de fumar, de atusarse el pelo (teñido)… Buscaba en el cine una forma nueva de ser mujer que no tenía nada que ver con las mujeres que veía a mi alrededor. Esas no eran mujeres, eran víctimas. Yo quería ser otra cosa: una supermujer, el monstruo sagrado de Cocteau o el transformer de Gore Vidal, da igual; lo que YO quería ser es una creación de mí misma. Una re-creación. Imitar a Dios. Superar a Dios. Olvidarlo, en una palabra.

Y aquí llega ella, la Mujer con mayúsculas: Lana Turner. “¡No puedo estar bajo el mismo techo con una persona que detesta a Lana, que es divina!”. Amén, Manolito Puig. Amén. La Turner representaba, y más cuando conoces un poco su biografía, lo que YO pedía a una mujer: era falsa de los pies a la cabeza, una creación, un reflejo, una fantasía. Una mentira tan bien construida que, por arte de magia, de esa magia llamada cine, se había convertido en verdad. Lana Turner era, y es, la Gran Verdad: “Una mujer es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Almodóvar, esa gran mujer, me ha quitado, una vez más las palabras de la boca.

Bueno, pues el caso es que, si tengo que elegir entre todas las películas de Lana —espero que nadie nunca me ponga en una tesitura tan cruel—, me quedo con Cautivos del mal. En ella, Lana está más Lana que nunca. Es la quinta esencia de Lana. Ama a lo grande, odia a lo grande, se emborracha a lo grande y, cuando pierde los papeles, lo hace también A LO GRANDE.

Mi culto a Lana me llevó a escudriñar como una comadreja todo cuando se haya escrito y publicado de ella. He devorado sus biografías, he leído reportajes sobre su vida y su obra, me conozco al dedillo sus filias y sus fobias, creo que la conozco mejor que a alguno de mis hermanos (aunque tal vez éste no sea un buen ejemplo: mi familia es un caso aparte, coto vedado). Bueno, el caso es que un día, rebuscando en pos de esa sombra fugitiva llamada Lana Turner, me encontré con el libro The private diary of my life with Lana (algo así como El diario privado de mi vida con Lana), escrito por… ¿uno de sus amantes? ¿Su hija, la homicida? ¿Uno de sus ex maridos? Nooooooo, por su peluquero. Y claro, cuando Una se encuentra con un libro escrito por un peluquero, esos confesores contemporáneos ante los que toda mujer desnuda alguna vez su alma, Una no lo duda ni un minuto: HAY que comprar ese libro.

Dicho y hecho, lo hice. Y os aseguro que no tiene desperdicio. Pero, claro, cuál no sería mi sorpresa cuando el otro día, navegando por ese océano ignoto y maravilloso llamado youtube, me encontré con ¡¡¡una entrevista con Eric Root!!! ¡QUÉ MARAVILLA! Diossssss, esa cara. Bueno, esa cara, ese pelo, esa pluma, ese… ese todo. Hay que adorar a Eric Root. De rodillas todos (una posición en la que, por cierto, es muy frecuente encontrar al señor Root), con ustedes… ¡ERIC ROOT!

Moraleja: Me encantaría conocer, aunque no de manera directa, en absoluto, la versallesca colección de cockrings que este caballero debe guardar en su boudoir.

5 comentarios · Escribe el tuyo

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Landi

No sé, pero le veo cierto parecido a Tony Curtis. Y el bailecito que se echó con la Turner...meritorio.

Louella

¿Cierto parecido? Nooooo. Son clónicos. Lo que hace compartir cirujano plástico...

Susú

Es un delito imperdonable que no hayan reeditado ya en DVD " El cartero siempre llama dos veces" ni " Cautivos del mal", las 2 películas emblema por excelencia de Lana, aparte de los exquisitos melodramones " Imitación a la vida " y " Madame X".

A propósito de Eric Root, me ha encantado; tan artificioso y plumíferamente educado ( y operado)...... En definitiva, ¡ QUE GRAN DAMA !

El Marqués de Portugal Este

¿Quién dijo que Lana estaba cautiva...? Cautivada sería mas propio.

Nilda

He ahí un cursi con el nivel máximo de cursilería; un hortera supremo e inefable; un petimetre sin fisuras cuya cara es una bendición para un fisonomista que simpatice con el teatro kabuki. ¿Cautivos del mal gusto, dice usted? ¡Bah!

(También se da un aire a Paco Valladares.)

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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