Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Como ya dije ayer (o antes de ayer, la verdad es que últimamente el tiempo ha cobrado un nuevo sentido para mí, cercano a la distorsión más absoluta), fui a la ópera. Elegí un modelo discreto, porque en Madrid, a diferencia por ejemplo de Barcelona, la gente NO se viste para ir al Real, ni siquiera en las noches de estreno.
Como dice mi Santa Madre (Santa, Santa, Santa; también puede ser una hija de perra, pero reconozco que, a menudo, incluso cuando escupe un comentario de lo más malévolo cargado de veneno, suele llevar más razón que una ídem, o sea, lo que es: Santa), pues bueno, a lo que iba, como dice mi S. M., y de paso Carlos García-Calvo [porque lo siguiente es una cita suya]:
“Comprendo que esas épocas felices en las que las mujeres se enfundaban un vestido de cóctel y los hombres traje oscuro con corbata, han llegado a su triste fin. Pero ayer [en el Real] las vestimentas de hombres y mujeres rayaban en el 'neocochambrismo' e incluso en lo 'destroyer/killer'. No lejos de mi había un grupo de jóvenes vestidos con pantalones cargo y camiseta de camuflaje. Uno de ellos, para colmo, llevaba sandalias”.

Pues sí. Madrid es así. Una va al Liceo y las burguesas catalanas van con el pelo enlacado y una toilette (delirante) de gasas y brillos. En el Real, en cambio, los nuevos burgueses van hechos unos zorros. Ellos y ellas. O sea, casi como en Zalacaín: zorros y zorras.
Bueno, a lo que iba. La ópera, El caso Makropulos, me encantó. Me encantó la partitura, de Janáček, y el libreto, también del compositor, basado en un disparate expresionista en el que una fascinante diva de la ópera se mezcla en un litigio legal de lo más enrevesado con un único objetivo: recuperar unos papeles que busca desde hace años. Como Joel Cairo, o como YO misma, la protagonista, Emilia Marty, no se detiene ante nada y, si tiene que acostarse con quien sea para salirse con la suya, no dudará en hacerlo. Lo importante es recuperar esos papeles.
¿Pero qué es lo que está buscando tan afanosamente? ¿Qué es lo que tanto la obsesiona y le lleva a provocar una espiral de deseo, de muerte y de destrucción a su alrededor? ¿Qué se esconde detrás de esos papeles y detrás de Emilia Marty? ¿Cuál es su secreto? Pues bien, resulta que lo que busca es el hechizo que su padre, médico y alquimista de la corte del emperador Rodolfo, creó hace la friolera de 337 años y que desde entonces le permitió disfrutar de una eterna juventud bajo distintos nombres: Elina Makropulos, Ellian MacGregor, Elsa Müller, Eugenia Montez, Emilia Marty… Pero algo pasa, el hechizo ha dejado de ser efectivo: ha empezado a envejecer. ¡Tiene que recuperarlo!
Como os podéis imaginar, una historia semejante no puede escenificarse con un criterio realista. Es un delirio y como tal hay que llevarlo a escena. La producción de El caso Makropulos que vi el pasado domingo es de la Ópera Nacional de París, con dirección de escena de Krzysztof Warlikowski. Un lujazo. Un derroche de medios. Un auténtico festival de medios: ¿será por dinero?
—Quiero una réplica a escala gigantesca de King Kong.
—Ahí lo tienes, querido. ¿Algo más?
—Pues sí. Una piscina. Y un patio de butacas. Y un despacho art-decó. Y…
—Lo que tú digas, rey.

La dirección escénica es apabullante. Recuerdo que cuando fui a ver La muerte en Venecia al Liceo con mi amigo R. y vi aquel montaje como de chocolatada parroquial, me indigné un poquito. Un poquito bastante. Por 140 euros, Una espera un derroche de medios y no una proyección que parecía la publicidad de una línea de vuelos barata. Una espera de una noche en la ópera Otra Cosa. Lo que YO tuve el otro día con mi ex marido, por ejemplo.
Bueno, el caso es que, como siempre, me he liado la manta a la cabeza (como en el anuncio de Sunsilk) y, como siempre también, a estas alturas os debéis preguntar: ¿QUÉ COÑO tiene todo esto que ver con el cine clásico? Bueno, ya llego al meollo del asunto. Un poco de paciencia.
El caso es que Krzysztof Warlikowski ha decidido, con muy buen criterio, inspirarse en la figura de las divas del celuloide para construir la personalidad y, sobre todo, el look de la diva protagonista, Emilia Marty. La ópera comienza con una obertura MARAVILLOSA mientras en una pantalla se proyecta la secuencia inicial de Sunset Boulevard, el clásico de Billy Wilder, la de la policía llegando a la casa de Norma Desmond, mientras la cámara se desplaza hasta la famosa piscina donde flota el cadáver del narrador y protagonista. El efecto es hipnótico.

En otro momento de la ópera, el director de escena polaco elige la secuencia del baile espectral que Norma Desmond organiza en su salón sólo para ella y su joven protégé. Y, por supuesto, la secuencia final, la de la escalera. “Estoy lista para mi primer plano, señor de Mille”. Ay, Dios, el efecto de la música de Janáček con los primeros planos de Gloria Swanson es sencillamente feérico. Magistral. Delicioso. Ahhhhhh.
La otra referencia con la que juega el señor Warlikowski es King Kong, el clásico de la RKO con la primera sream queen, Fay Wray. Aunque finalmente quien se lleva el gato al agua en cuanto a presencia escénica es Marilyn, ya que el director de escena regala a la audiencia con algunos de los planos más suntuosos de este monstruo del siglo XX. El personaje de la diva protagonista está construido a imagen y semejanza del icono Marilyn. No falta nada: ni la peluca rubia platino ni la famosísimo modelo de Travilla, inluido el vuelo de la falda sobre los recios muslos de la estrella. Nada. Un auténtico delirio para fans del mayor sex-symbol que ha habido y habrá.

Como veis, para una amante del cine clásico como YO este montaje resulta una experiencia muy cercana al orgasmo. Y sin embargo…
Ay, sin embargo, sí, Una no puede evitar ser un poco Ratita (Presumida) de Filmoteca y piensa, ay, piensa en otro clásico de Wilder que, aunque no posea el aire mítico de Sunset Boulevard, le va muchísimo más al argumento de esta ópera: Fedora.
¡Cómo adoro Fedora! ¡Cómo me gusta esta película que supone una vuelta de tuerca en torno al mundo del cine y, sobre todo, al mundo del cine contemplado como lo que es, un gran guiñol en el que las estrellas, esos seres tan horriblemente infatuados, se comportan como los títeres que son! ¡Qué película más maravillosa y más absurda! ¡Qué delirante y qué fallida! ¡Cómo amo esta película! Como a un hijo tarado, sí, señor.

Me encanta la macabra historia de esa estrella modelada a escala de dos de mis grandes mitos, Marlene y Greta Garbo (también de Pola Negri y Olga Tschechowa, según el imdb). Siempre pensé que el fantasma de ambas sobrevolaba toda la película hasta el domingo, en que vi El caso Makropulos, y descubrí que la ópera de Janáček estaba también detrás del guión de esta maravillosa historia.
Sí, el señor Wilder siempre admitió que buscaba la inspiración en todas partes, en el vodevil más abyecto y en la alta cultura, en los clásicos olvidados del cine mudo alemán y checo y en las secciones de sucesos de los tabloides americanos. Todo podía servirle a la hora de construir una historia. ¿Y por qué no una ópera? Eso mismo. ¿Por qué no?
Moraleja: Et pourquoi pas?
Rufino
Hola!
He leído tu post sobre Ramón Novarro y estoy interesado en leer más acerca de su vida y, sobre todo, su muerte (lo reconozco, soy morboso)
He pensado que tú me podrías aconsejar algo y me he tomado la libertad de escribirte.
Por cierto me encanta el blog, yo también soy admirador de Ángela Channing y Alexis Colby (a mis amigos les tengo hartos, cada vez que me llaman al móvil suena la sintonía de Falcon Crest...) y me vuelven loco películas como El crepúsculo de los dioses o Eva al desnudo. No es peloteo (y si lo es, es sano)
Me encantaría charlar contigo, y si me recomiendas algo sobre Ramón Novarro te estaré eternamente agradecido. Puedes contactar conmigo en mi correo electrónico:
superrufos_2@hotmail.com
Muchas gracias por todo
Un abrazo!
Rufino
El Marqués de Portugal Este
¡Por fin el Teatro Real es real teatro...!
bob
¡qué envidia! (y de la mala)
Nilda
POS yono tenvidio de laopera pk yustoy entreten ida posteando en uns entrada mu vonita q se yamah hanna montana. yes de una xica q sale x la televicion ycanta y excrive mu vien yes mu intelijente. es lo + y me gustaria tbn conoserla quando yegue a mi siuda de Madris si puede benir a españa. ES WAPA Y LA MEJOR MAS LINDA ARTISTA Q AH ABIDO JAMAS BEO TOD LASERIE.
BAI, BAY, BAY TE Q y me encantaria q me alludases. TENGO TUS SAPATO LA CAMIZA Y LA CARTERA DE TI. SI PUEDES BENIR VEN
grabiela yesi cabayero
Louella
Perdón? Poppers?
Nilda
Esa Nilda oligofrénica es un pútrido clon. No me preocupa, incluso le reconozco cierta gracia. Lo que me inquieta (relativamente) es que la suplantación haya coincidido con un ataque de puertos — suena a Pearl Harbor— que ha sufrido mi equipo.
Inestimado clon, ya estoy blindada.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Rufino créame, Ramón Novarro está vivo.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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