Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

En Ivanhoe, Robert Taylor se debate entre el amor de Joan Fontaine y el de Liz Taylor, o lo que es lo mismo, entre el amor sagrado de la virginal Lady Rowena y el mucho más pagano de la carnal Liz, que no en vano interpreta a la judía Rebeca (y en el –paradójicamente– antisemita Hollywood clásico eso se asociaba a una sexualidad insaciable a menudo desviada: felación, sexo anal, ninfomanía… En fin, la sal de la tierra).
Los folletines de Walter Scott —Dios mío, supongo que ahora una cohorte de admiradores de los novelones del señor Scott pretenderán sacarme los ojos— son ideales para ser llevados al cine: tienen acción a raudales, un puñado de personajes construidos siguiendo las férreas normas de la narrativa por entregas y un componente de pastiche histórico que siempre da bien en cámara. Pero eso no es lo más importante de Ivanhoe. Lo que verdaderamente llama la atención de esta película es el altísimo nivel de belleza de sus intérpretes.
Porque si bella está Liz, no menos bello está Robert Taylor. Y muchísimo más bella está Joan Fontaine, una actriz que adoro pero que sospecho que es una auténtica arpía. Una se imagina que la dulce Joan es tal y como aparecía en Rebeca o, un año más tarde, en Sospecha, una virginal mosquita muerta a quien es fácil amilanar. Carita de mono y todo ese rollo... ¡Ja! ¡Y un cuerno!

Joan es una auténtica perraca que lleva años sin dirigirse la palabra con su hermana (Olivia de Havilland) y con sus propias hijas. Al parecer, los celos profesionales ocasionaron el primer distanciamiento entre las hermanas. Joan rechazó la mano tendida de Olivia, en sentido literal, cuando le entregaron el Oscar por Sospecha y su hermanita le guardó el feo hasta que, algunos años después, pudo quitarse la espinita poniendo a su hermana a caer de un burro por unas declaraciones que había hecho de su marido. Jajajaja.
Por lo visto, las hermanas dejaron de hablarse por completo en 1975 (o sea, hace la friolera de casi 35 años), porque, según declaraciones de Fontaine, “Olivia no la había invitado a un servicio en memoria de su madre, Lilian de Havilland, quien había fallecido recientemente a causa de un cáncer”. Su hermana respondió que si quieres arroz, Catalina y aseguró que sí había avisado a su hermana, pero que Joan había rechazado ir “porque tenía mucho trabajo”. Una relación preciosa, como véis (sólo se me ocurre un símil patrio: Marujita y Saritísima, en un tête à tête en La Noria).

Hasta aquí, todo me parece de lo más normal. No hay nada que comprenda mejor que una riña entre hermanas. Las familias que se odian entre sí gozan de todas mis simpatías. Es más, el tipo de familia que es como-una-piña (en almíbar) es el que logra sacarme de mis casillas.
Lo más alucinante de todo es que Joan, que ya debe estar para el arrastre, tampoco se habla con sus hijas porque, al parecer, descubrió que seguían hablándose con la tía Olivia. O sea, que no contenta con enemistarse con su hermana, también está que se tira de los pelos con su descendencia (básicamente con su hija biológica, porque la otra, una niña de origen peruano llamada Melinda, se largó con viento fresco del domicilio materno a la menor ocasión: me imagino a la típica princesa putumaya poniendo pies en polvo-rosa, hasta el tocado de plumas de marabú de la típica mamá-estrella). Ay, Joan...
Moraleja: Con lo sola que se está en la cumbre… ¿por qué no me adoptas?
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Las malas lenguas decían que cuando Olivia interpretó a dos hermanas gemelas en A través del espejo, Joan debió haber hecho de la mala.
El Marqués de Portugal Este
¡Ah! Una familia normal...
Nilda
Se suelen (re)cargar las tintas sobre Fontaine, pero tengo leído por ahí que, cuando niñas, Olivia redactó un testamento de mentirijilla en estos términos: «Lego toda mi belleza a mi hermanita Joan… que carece por completo de ella». Ja, ja, ja. Se non è vero, è ben trovato.
Creo que ambas se aplicaron en alimentar las habladurías, con lo que se hicieron un flaco favor. Es triste que cada trabajo crítico sobre alguna de ellas vaya acompañado —¡siempre!— de la nota familiar discordante. Bueno, a estas alturas…
Manderly
Aunque me apasiona 'Rebeca', me quedo con Olivia. No sé... le tengo mucho más cariño y me parece mejor actriz. También tengo que decir que he visto más películas de Olivia que de Joan.
Si tanto la madre de ambas parece que tenía más relación con Olivia que con Joan y las hijas de ésta también ¿querrá esto decir algo?
Siempre tuyo
Yo m quedo con Olivia, donde va a parar...Joan era una mosquita muerta y demasiado pava par interpretar aunq más guapa q su hermana.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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