Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
La infancia de James Garner no fue nada fácil. Por lo visto, su madre, que tenía sangre cherokee, murió cuando él tenía cuatro años. Su padre lo envió con unos parientes hasta que se casó por segunda vez, pero el regreso al hogar no fue precisamente idílico: su madrastra era una bruja que no dudó en maltratar a los tres hijos de su marido física y psicológicamente hasta dejarlos reducidos a un manojo de nervios. “Era una malvada hija de puta”, es lo más suave que dijo uno de ellos.
Concretamente, al niño James solía vestirlo con ropas de mujer para, acto seguido, humillarle en público hasta que un día él casi la ahogó en un rapto de locura. No la estranguló de milagro. Tenía 14 años. Lo que se dice una infancia modélica. Sí, señor.

Viéndolo años más tarde, cuando protagonizaba tantas y tantas comedias como galán macizorro (hay que reconocer que, en su juventud, el señor Garner tenía eso que antes llamaban sex-appeal), nadie podía imaginarse el infierno que fue su infancia. Semejante espléndido trozo de carne arrastraba, como la señal de Caín o la letra escarlata, un trauma con T de Telva del tamaño del Valle de los Caídos. ¿Quién lo iba a decir?
Garner fue uno de los pioneros en dar el salto de la TV al cine (y no al contrario). Después vinieron muchos otros (por ejemplo, George Clooney), pero él fue uno de los primeros. Su éxito en la serie Maverick le abrió las puertas de Hollywood, donde se especializó en papeles de galán en comedias blancas con actrices oxigenadas como Doris Day (Su pequeña aventura), una jovencísima Lee Remick (Camas separadas –hoy en TCM–; ay, cómo me gusta Lee Remick, qué morbo y qué actrizón) o una pizpireta Julie Andrews (La americanización de Emily). Años después, se pariodaría a sí mismo en la hilarante, maravillosa y desinhibida Victor o Victoria, de nuevo con Julie, cuando ya ambos peinaban canas (teñidas) y postizos varios (capilares, dentales, etc).

A mí, Garner no me enloquece. Pero confieso que me enternece pensar que detrás de este espléndido trozo de carne, de su apostura de galán típicamente made in Hollywood se esconde un niño maltratado, una persona que vivió un infierno y que casi perece en el intento de escapar de él (bueno, la que estuvo a punto de estirar la pata fue la madrastra, que abandonó al padre de Garner ipso facto). No es el único.
Al parecer, son muchos los sex-symbols que tuvieron una infancia dificilísima, marcada por unos padres atroces que no dudaron en maltratarlos, en reírse de ellos y en vejarlos a la menor ocasión. Y si era en público, mejor que mejor. Supongo que, para ellos, la belleza o, en su defecto, su reflejo (el deseo) proyectado en el imaginario erótico ajeno fue la única salida. No sé. La verdad es que si ese es el precio por ser un sex-symbol me parece demasiado alto…
Moraleja: Ya se sabe, la suerte de la fea… Por cierto, que a mí Bea me sigue pareciendo feísima. Pero feísima. Con las cejas depiladas, pero un horror de tía, con todo el aspecto de tener una piel como astringente... ¡Arg!
Susú
Con qué delicioso Beefcake ha deleitado esta página esta mañana, Louella. Y además, pobrecito, sufrió el maltrato de una bruja madrastra en su infancia. Eso le da un carácter más tierno, y eso me conmueve y derrite.
Mmmm, me hubiera gustado liberarlo de sus horribles traumas, poniendo todo mi amor ( y mi cuerpo ) a su servicio.
Conmigo su traumatizada etapa puber se hubiera tornado feliz y deliciosa para él ( y para mí ).
A propósito, no he tenido el placer de ver ninguna de sus películas aún, pero gracias a su post me apresuraré a descubrirlas. Sobre todo, si en ellas están Lee Remick y Julie Andrews; dos de mis actrices predilectas desde mi tierna infancia.
1 saludo,Louella ! Y siga deleitándonos con semejantes piezas cárnicas.
Nilda
¿Cuál es la causa de tan pertinaz y bendita lluvia? Muy sencillo: todo el calentamiento global ha ido a parar du côté de chez Susú ;-))
Susú
Oh ! tiene vd. razón , pero es que con tan apetitosos surtidos en este stand público y exclusivo, es difícil no dejarse tentar por la gula.
Supongo que debería practicar el hipócrita arte del autocontrol; o mejor dicho, de la autocontención.
El Marqués de Portugal Este
Han aprendido a actuar desde su más tierna infancia.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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