Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Me quedé con ganas, lo confieso. Cuando el pasado martes escribí el breve apunte sobre Helen Rose y el traje de novia que diseñó para Grace Kelly, me quedé con ganas de más. La emisión hoy de Cita en París me brinda la oportunidad en bandeja, ya que la peli es apenas una excusa para mostrar a lo grande, sin pudor, los diseños de esta mujer, un monstruo de la aguja semioculta por la sombra del resto de los grandes, a saber: Adrian, Travis Banton y Edith Head. Oleg Cassini era otra cosa. Ya hablaré de él en otra ocasión.
Los diseños de Helen Rose son esencialmente femeninos. Le dio un toque girlie al new look: empezó diseñando trajes para el vaudeville y las chicas del coro, y eso se nota. Se nota en que las mujeres vestidas por Madame Rose son esencialmente femeninas, como grandes flores oferentes, como monstruosas orquídeas, sensuales, deletéreas (que es una palabra que me encanta, cortesía de Andrés Trapiello). No son mujeres-florero, sino mujeres-flor.
Por lo visto, cuando Edith Head se enteró de que Grace Kelly había elegido a Helen Rose para que diseñase su traje de novia le dio un jamacuco, un verdadero ataque de nervios. No es para menos. Es uno de los trajes más publicitados del siglo XX, sin embargo no es, ni mucho menos, mi favorito. Todos y cada uno de los que luce Lauren Bacall en Mi desconfiada esposa, los de Dolores Gray, el maravilloso traje blanco de Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc (“white chiffon gown with the revealing décolletage”), los de Kay Kendall en Mamá nos complica la vida… Uf, me pongo mala.

Liz, en négligée, aferrada al cabecero de la cama (incandescente) como Maggie la gata.

Bacall, con una maravillosa blusa de organza de manga abullonada en Mi desconfiada esposa.
Madame Rose vistió (y conoció a la perfección los secretos de su silueta) a estrellas como Ava Gardner, Cyd Charisse, Lena Horne, Deborah Kerr, Grace & Liz, Jane Powell… En fin, todas las estrellas de la Metro, ya que fue ella la que heredó el cetro que dejó vacante el grandísimo Adrian. “La elegancia ha muerto”, dijo cuando abandonó la cumbre. ¿Tenía razón? Puede que sí: la elegancia tal vez (muchos, empezando por Mí Misma, sostienen que la elegancia murió en el siglo XVIII, con Madame du Deffand y compañía), el glamour no. Helen Rose reinventó el glamour y la silueta femenina. Sus diseños en la MGM le valieron el halago del mismísimo Louis B. Mayer, el ogro, que la llamaba “my sweetheart Rose”.
Como Adrian, cuando vio que el negocio del cine tomaba un rumbo que no le interesaba en absoluto, que como la elegancia, también el glamour tocaba a su fin, Helen Rose abrió un salón privado donde siguió vistiendo a sus incondicionales y a las socialites de la Costa Oeste mientras Hollywood optaba por el pantalón campana y las fibras sintéticas. Cosas de la moda.

[Por cierto, los guantes de arriba son obra de Madame Rose. Con algo así YO no me batiría en duelo, sino que agarraría el guante al vuelo y saldría corriendo. ¡Qué maravilla!]
Moraleja: Helen, I LOVE YOU!
El Marqués de Portugal Este
El cine dejó de tener diseño cuando pasó a tener Director de Vestuario.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Louella, el post sencillamente maravilloso. Helen Rose para mí junto a Adrian son los modistos más glamurosos del cine.
Nilda
A mi también me encantó su entrada, Louella. ¡Enorme Helen Rose!
Estoy con con usted en que la elegancia acabó en el XVIII, y cada vez estoy más convencida de que era verdad la famosa frase de Teyllerand: «Quien no conoció el Antiguo Régimen, no conoció la dulzura de vivir». Bien es verdad que sólo una minoría de empelucados alcanzó la felicidad, a costa de una mayoría de infelices. Pero después, con la Revolución Francesa, todos fueron infelices de manera unánime.
¿Conocen la famosa anécdota de Madame du Deffand con uno de esos empelucados? Él había estado locamente enamorado durante toda su vida, pero sólo cuando ambos eran ancianos y ella se encontraba en el lecho de muerte se atrevió a declararse:
— Madame, os confieso que siempre os amé.
— Pues habérmelo dicho y me habríais tenido, como todos.
Murieron la elegancia y el glamour, pero ahora estamos rodeados de gurús de la moda: diseñadores —nadie habla de modistas—, estilistas, periodistas especializados, trend-setters, cool hunters… Basta hojear las revistas para comprobarlo. Armani, Lagerfeld, Galiano, Cavalli… son gurús de moda. Natural. Patrick Demarchelier, también gurú. Y los Beckhan, Paris Hilton y Sarah Jessica Parker. Todos, toítos gurús. ¡Eso sí que es cursi!
Cursi (y horrible) el anglicismo tributo, cierto. Pero ¿qué me dice del archipleonasmo «todos y cada uno» que usted perpetra unas líneas más abajo? ¿Ein? Tampoco es manco.
Saludo cariñoso.
Nilda
A mi = A mí.
Ejem.
Louella
As usual, lleva usted toda la razón. Pero, lamento decirlo, la verdad es que ADORO los pleonasmos...
Nilda
Disculpe, era una broma para olvidarme de que la inflación alcanza ya el 4,7% (doy un respingo). La verdad es que los pleonasmos también a mí me gustan. Y los oximorones, ni le cuento.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Lo de los pleonasmos me recuerda a uno de los grandes amores de mi vida, ella los odiaba, disculpenme soy un sentimental.
Nilda
Claro, otro Ben-Hur, es que a los grandes amores de nuestra vida no se les debe decir: «cómeme con la boca» o «baja abajo, que yo me subo arriba». Compréndalo. (Aunque, pensándolo bien, se podría decir que el amor es puritita redundancia.)
Acabo de llegar de una ciudad idónea para sentimentales: Coimbra.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Querida Nilda, los que incidian en los pleonasmos eran algunos de sus amantes ocasionales, me siento herido viendo que usted piensa tan mal de mí. Por cierto, lo que más me gusta de Coimbra es la canción. especialmente si es en la versión de Amalia Rodrigues
P.D. Para que luego digan que los hombres somos ordinarios.
Nilda
Un recuerdo para el sin par couturier français:
¡Qué guapa estaba Capucine, vestida de Saint-Laurent (d.e.p.), en La Pantera Rosa!
Louella
Ay, Coimbra... ¡QUÉ ENVIDIA!!!!!
Nilda
(Paréntesis cotilla)
¿Vieron ya el desnudo (antitaurino, dicen) de Alaska para Peta? Yo sí. En el Librillo de Ramón Buenaventura. Y no me resisto a colgar el comentario del escritor, que suscribo de pe a pa: «Fotochopazo bravo contra la chulescamente denominada “fiesta nacional”. En fin. Hay peores excusas para desnudarse en cuerpo ajeno».
Como hablábamos de glamour... ;-))
Louella
Ay, Nilda, me he enterado (tarde, como siempre) de la muerte del grandísimo YSL. Desoladita me he quedado... Es que... Ay... Como dice una amiga mía: "¿Y ahora QUÉ voy a ponerme?"
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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