Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
El cisne fue el regalo que la MGM le entregó a su Peregrina, la perla de su corona, Grace Kelly, poco antes de su boda con el Príncipe Rainiero, uno de los hombres a quienes más he compadecido de toooooooodo el siglo pasado. Sin embargo, el verdadero canto de cisne del ídem de la Metro no fue tal, sino Alta Sociedad, una película tan deliciosa que, aunque parezca una osadía afirmarlo, resulta digna réplica del original.
¿Que no llega a la altura del clásico Historias de Filadelfia? Pues bueno, hija mía, a estas alturas ya he aprendido que cuando no te regalan un brillante hay que conformarse con una buena pieza de bisutería. Hay bisutería y bisutería, plasticazo y bijouterie, y Alta sociedad es haute bijou.

Lo más curioso de todo es que ella no fue la primera opción del estudio para interpretar a Tracy Lord, sino Elizabeth Taylor, a quien tuvo que sustituir en el último minuto… ¿Quién lo diría? El papel parece escrito para ella, ¿verdad? ¡Pero si hasta el anillo de compromiso que luce en su mano el personaje era en realidad la alianza con la que el Príncipe Rainiero pidió su mano a Papá Kelly (con el que, por cierto, tarifó cada dólar de la dote de su hijita como un tratante de camellos en el Gran Bazar)! Sí, paradojas de la vida: Tracy fue Grace y no Liz por los pelos, esa melena rubia ceniza que se convirtió en marca de la casa Grimaldi.
Todo, desde la banda sonora creada ex profeso por Cole Porter (excelente músico/execrable persona) al —maravillooooso— vestuario de Helen Rose (que fue quien diseñó su traje de novia, cortesía de la MGM), pasando, claro, por la dirección artística de Cedric Gibbons, conspira para crear ese aspecto impoluto, nacarado y casi impenetrable tanto de la película como de la mismísima Tracy Lord/Grace Kelly.

Nada más lejos de la realidad. Si algo se puede decir de Grace Kelly es que fue cualquier cosa excepto la Diosa de Hielo que le reprocha su ex. Su pasión por el Hombre Maduro como género (literario o de cualquier tipo) es legendaria. Si según la alquimia, todo ser humano está compuesto de fuego y de hielo (calor/frío, sequedad/humedad), ella era mucho fuego que hielo. Puro fuego, dónde va a parar… Que se lo digan a Gary Cooper, o a Clark Gable, o al mismísimo Bing Crosby, que durante un tiempo se quemaron en sus llamas.
Lo más curioso de todo es que TCM emite esta película el mismo día en que ha emitido Bodas reales, uno de mis musicales favoritos, en un curioso juego de espejos tan propio de ese equipo de guionistas al que Dios es tan aficionado. La boda real (o principesca) de Grace Kelly fue una de las estampas más conocidas del siglo pasado, sólo superada por la relamida boda de Carlos y Diana. El musical de Fred Astaire recuerda otra boda no menos regia: la de la princesa Elisabeth, futura Reina Isabel II.
Al margen del espectacular número del baile en las paredes, para mí lo más importante de Bodas reales no es tanto la coreografía como el papel de Jane Powell, hermana de Astaire en la ficción, inspirado en la hermanísima real, Adele, que, como ya conté en su día, sí que dio el salto del vaudeville al Gotha. Eso es una pirouette, sí, señor, y lo demás son tonterías. ¡Bravo por Adele!

Moraleja: Un grupo de beatas monegascas propone elevar a Grace Kelly de Princesa (aunque en sus funerales no figuró como tal, sino como "uxor principis", o sea, la esposa del príncipe) a Santa, ¿significa eso que el día de mañana un grupo de taradas pretenderá elevar a la Mujer Fricativa a los altares? Seguro que El País podrá acreditar alguno de sus milagros...
Mr Arkadin
No hay mejor campaña por el aborto que ver los tres churumbeles monegascos que alumbró está maravillosa dama...
Louella
¿Usted cree? Yo soy superdiva de Carolina. Y confieso que Estefanía me da mucha ternura (y para el chulerío hay que reconocer que la chica tiene ojo; por lo menos no se casó con el Junot, arg!)
Susú
A mí también me cae bien Carolina y me inspira cierto cariño y comprensión Estefanía ( después de todo vivió una experiencia fatídica en 1ª persona, que marcaría de por vida a cualquiera, como fue la traumática muerte de su madre ).
No se le puede reprochar (aunque sea princesa) ni a ella ni a nadie que haya vivido como haya querido o que haya tenido 20000 amantes, después de haber perdido a una madre que sin duda la entendía y haberse quedado con un padre autoritario, un hermano bobalicón y una hermana con la que no se relaciona.
Con ese panorama, no me extraña que recurriera a las sesiones de ninfomanía.
Lothorien
Porte y encanto Grace Kelly tenía, pero tras esa falsa apariencia etera y parsimoniosa, la mujer que hizo a la actriz era una mosquita muerta que a base de acostones llegó a ser quien fue: una cenicienta que terminó casándose (por ambición, no lo dudo) con un príncipe, y de paso, la única dama de la realeza en conseguir un Oscar a la Mejor Actriz. ¿Justo o injusto aquel premio por The Country Girl (George Seaton, 1953)?
Nilda
Alta Sociedad. Pocas veces un remake ha contado con el beneplácito —cada vez menos entusiasta, cierto— de público y crítica. Claro, ahí están Frank Sinatra, Louis Armstrong, Celeste Holm… y la banda sonora de Cole Porter.
Hablando de Cole Porter y de joyas. El compositor gastaba pitilleras de oro y piedras preciosas (nada de bisutería) que perdía sistemáticamente. Por eso hacía grabar en la tapa la inscripción “Robada a Cole Porter”. Lástima no haber pillado alguna, pues subastada hoy en Ebay daría para un buen plan de pensiones.
En cuanto a las chicas Grimaldi, ni fu ni fa. Me desagradan, sí, sus permanentes cancaneos, ese vivir “descansando del descanso”; pero aun así me resultan más soportables que otras Altezas (Serenísimas o no). Y además guapas.
Por cierto, parece que santa Gracia Patricia al final de sus días trocó la pasión por el Hombre Maduro en efusión por el Joven Imberbe. Normal.
Louella
Las pitilleras eran del duque de Verdura. Casualmente, mi tía Margarita, la cubana que vivía en New York casada con mi padrino, tenía un broche y un brazalete del mismísimo Fulco di Verdura. A saber dónde estarán hoy esas joyas...
El Marqués de Portugal Este
Un "Graustark" hecho realidad. O. Henry y J. Camba lo contaron... cincuenta años antes.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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