De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
09 Mayo 2008

¡Qué malo es el champán malo!

Ante todo, perdón. Perdón, perdón, perdón. Lo sé. Soy LO PEOR. Lo sé. Lo soy. Perdonadme. Os lo pido de rodillas, de hinojos, postradita viva. Podéis verjarme, escupirme, escarnecerme (es más, os lo imploro), me lo merezco. ¡Qué desatendidos os he tenido...! No tengo perdón de Dios, lo sé. Pero es que Dios es así: cicatero. Un miserable. Vosotros en cambio no. Yo sé que sabréis perdonarme.

Hoy me he levantado sin cabeza. Literalmente. Me he levantado ligera como una pluma. Divinamente. Pero sin cabeza. Como YO soy una mujer supercebral, lo tengo TODO (bueno, todo, todo, todo... no, también tengo tetas: dos, y un par de piernas que para sí las quisiera la Raquel Welch) en la cabeza y, claro, como me he levantado sin cabeza me sentía superligera. Una falacia. Otra más. Resulta que no tenía cabeza. Había rodado dejado de la cama, junto a miz zapatillas de marabú y cuña (homenaje a Carmen Miranda, una mujer, de la que hablaré otro día, que adoro: una mujer que esconde la cocaína en las plataformas es siempre un ejemplo a seguir).

¿Y por qué?, os preguntaréis. Pues porque ayer me intoxicaron (bueno, a mí y a mi amigo R., otra víctima de la Ley Seca y de la Ley Sálica) en una tienda Loewe con champán de garrafón. ¿Möet Chandon? ¡Ja! Möet Cha-chandón, más bien. Recién destilado en la trastienda, donde ponen las pieles de los corderos nonatos a secar para hacer todas esas cosas de marroquinería carísimas que tanto les gustan a las señoronas (y a los maricas, de los que ayer había una colección muy considerable en la susodicha tienda; todos con pantalón pitillo, una pena de pitillos, lo que YO os diga).

En fin, el caso es que esta mañana me he prometido que ya no bebo más hasta, por lo menos, dentro de dos horas. Soy una mujer con carácter y con una fuerza de voluntad a prueba de bombas. No hay nada más malo que el champán malo. Sé de lo que hablo...

...Porque sí, queridos, NO me he vuelto loca del pussy. Todo esta parrafada tiene un objetivo. Y ese objetivo es hablar de Greta Scacchi, de la que hoy se emite un documental en TCM clásico que NO os podéis perder. Bueno, si os llama Eric Banna y os propone cosas que están prohibidas en algunos estados confederados, como Alabama, comprendo que prefiráis la compañía —y el rabo— de Eric a la sublime elegancia de esta actriz, a la que adoro, hablando de Joan Crawford, otra actriz a la que también adoro, pero a la que, por razones estrictamente cronólogicas, nunca llegué a conocer.

A Greta Scacchi, en cambio, sí que la conocí. ¡Qué encanto de mujer! ¡Qué educada! ¡Y qué Santa Paciencia! Porque, sí, chicos, cuando la entrevisté en la suite de un cursilísimo y delicioso hotel que me encanta (y que os recomiendo vivamente desde aquí), el Hotel Orfila, Yo iba chuzada hasta las trancas. Chuzadaviva. Curda. Borracha. La culpa no fue mía, claro -nunca lo es- sino del champán. Del champán malo.

Hubo un pequeño retraso de dos horas. Un pequeño retraso de dos horas es algo de lo más habitual en las entrevistas promocinales en nuestro país; fuera de España sería un escándalo, pero en España no pasa nada: los David-y-Piti de turno, mientras tanto, animan la demora con interesantísimas anécdotas sobre sus esfínteres. Qué encanto, D&P... y qué capacidad de dilatación, Santo Cielo.

Bueno, el caso es que pasaron dos horas, amenizadas con esos ingeniosísimos monologos, y claro, Una, que es Una Mujer que no está acostumbrada a que la hagan esperar, pierde la paciencia y encuentra refugio en el champán. Qué razón llevaba Santa Bette Davis: “Llega un momento en la vida de toda mujer en que su único consuelo es una copa de champán”. Amén, hermana.

Lamentablemente, ese momento NO era aquel. NUNCA debes hacer una entrevista borracha como una cuba. Los actores están acostrumbrados al alcohol y sus perniciosos efectos sobre la humana naturaleza —la misma Greta Scacchi no se inmutó cuando me vio entrar en su suite dando tumbos como una borracha de opereta—, pero YO no. Vamos, YO muchísimo, pero nunca me había oído a mí misma hablando (o algo parecido) en semejantes condiciones. Una pena.

Cuando dos días después trascribí la cinta en la caspa-redacción en la que trabajaba en aquel momento, me quise morir. QUÉ VERGÜENZA. G. S. respondía impasible, incluso encantadora, con humor, ironía y una inteligencia agilísima, a mis preguntas (o lo que quiera que fueran aquellas intervenciones erráticas que escuchaba en la cinta), pronunciadas en un inglés indescriptible con la lengua saburrosa. Por no hablar del aliento, claro. Porque cuando me emborracho (bueno, YO y el resto de la especie humana) y te echo el aliento a la cara, puedo rizarte las pestañas hasta convertirlas en dos sarmientos manchegos.

No sé cómo, me quedó una entrevista medianamente coherente. Un punto para Greta. Un cero para mí. Suspensa. Muy deficiente. Fatal. Fatal, fatal, fatal.

Moraleja: Lo dicho. No bebo más. Un momento... ¿eso es un dry martini? Bueno, si insiste, caballero...

4 comentarios · Escribe el tuyo

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Nilda

Seguro que a usted, que es una dama, cuando bebe champán no le ocurre lo mismo que a su homónima Louella PP (pipí, por su tendencia a orinarse encima cuando pimplaba) Parson.

La susodicha tampoco sentía por Joan Crawford la misma adoración que usted dice sentir. La despellejaba (bueno, a ella y a todas) desde su columna. Pero el aprecio era mutuo. Muerta la viperina, Joan confesó aliviada: “Al entierro de Lolly [Parson] sólo he ido por comprobar que realmente estaba muerta”.

O sea, que es usted un ángel comparada con su tocaya Hollywoodense. Y mucho más guapa.

Y Greta, un querubín.

Mr Arkadin

Seguro que su entrevista chuzesca es mucho más interesante que la mayoria de las entrevistas de promoción esas que vemos en la tele. Todas con las mismas preguntas y más aburridas que un phoskito sin cromo...

Lula

Nena... como dijo alguna vez una ídola mía (y lo suscribí immediatamente) yo para un hombre o para una copa, nunca tengo un no.

Y si todo se hunde, vete al Sephora!!

El Marques de Portugal Este

Recuerda lo que decia Conchita Montes en estas situaciones, cuando le servian > en fiestas de postin: "Si no es champan rose, querido, prefiero sinceramente el vino con casera..."

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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