Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Sobrecogida quedéme ayer. Entré en los baños del Jardín de Serrano a lavarme el premolar y cuál no sería mi sorpresa cuando observé que allí, en plena Zona Nacional, había un pajarruqueo que ríete tú del parque ornitológico Lorosexi. Cancaneo del más bizarro. Por un momento, me pareció haber retrocedido a la España de finales de los 70.
A mi lado, mientras me limpiaba la encía, un hombre se acaricaba el miembro sin pudor. Si hubiese estado al lado de un inodoro no me hubiese importado, pero es que estaba apoyado en una pared, junto al lavabo, con una expresión lúbrica de inenarrable perversidad. Bien sabe Dios que no soy ninguna mojigata, pero… ¡un poco de decoro, por favor! Cuando Una se acaba de comer un codillo, lo último que le apetece es chupar una polla. Al menos, YO soy de la escuela de que después de un buen codillo, lo que hay que hacer es echar una buena siesta (y no un mal polvo).
En esto el cine, como en casi todo, ha sido mi Gran Escuela, una escuela, como digo en la descripción del blog, "a no imitar". Una ve los típicos (sub)productos made in Hollywood de arribistas sociales tipo Molly Brown siempre a flote y ¿qué conclusión saca? Que lo de ensuciarse las rodillas en un baño público no es el mejor camino para ascender en sociedad.
Falso. Error. Piiiiiip. BalP (Bajarse al Pilón) es, hoy por hoy (y siempre), uno de los mejores métodos para medrar en sociedad que existan. Es prácticamente infalible. Da igual que sea en un WC o en una garçonnière. El caso es que, si quieres llegar a ser una socialite, hay que aprender a mamarla. No basta con el entusiasmo o la confianza en una misma. No, Molly Brown, no, bonita-corazón-tesoro. Con el entusiasmo no basta.
En este punto me acuerdo de un maravilloso monólogo de Antonia San Juan (pobrecita) en el que recogía un Goya a la mejor actriz secundaria (perdón, de reparto) escrito por ella misma, faltaría más, y por Félix Sabroso: “A nuestras jóvenes promesas del cine español… Ay, qué pena más grande. Os recomiendo una cosa. ¡Aprended a mamarla! No basta con metérsela en la boca”. Amén, hermana.

Una no se imagina a Debbie Reynolds de rodillas en el despacho de un productor ganándose el papel a golpe de campanilla, ¿verdad? Pues, chicos, lamento sacaros de vuestro de error, pero, tal y como dejó dicho la simpar Marilyn para la posteridad, los papeles en Hollywood se ganaban así. De hinojos. Y en nuestra (precaria) industria la cosa no ha cambiado nada.
En una comedia clásica tipo Cómo casarse con un millonario bastaba con el encanto, la espontaneidad y, sí, Molly Brown, sí, con el entusiasmo. Pero Grandes Damas del Cine Patrio como la simpar Tita descubrieron a tiempo los engaños de Hollywood, la capital del fraude. Margaret Tobin Brown, la real, no era una chica pizpireta llena de entusiasmo. Para nada. Era una matrona, una cateta en toda regla, pero riquísima. Y claro, cuando hay pasta las puertas de los salones que hasta entonces habían permanecido cerradas a cal y canto se abren como por ensalmo. Pero… ¿y si no hay pasta? Pues a mamarla. No hay más remedio.
Moraleja: Chicas (y chicos), estad preparadas/os. Y, por supuesto, si aspiráis a medrar en sociedad, absteneos de codillo. Os irá mucho mejor que a mí.
Fuencisla de Havilland
El problema real del cine español es el micropene. Entre felatio o codillo yo eligo (brazo hasta el) codillo
El Marqués de Portugal Este
El problema del cine español es que se bocaliza más que se vocaliza.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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