Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Me encanta que hoy lunes TCM emita seguidas dos películas que son la cara y la cruz de un mismo problema: Arsénico por compasión y Después del funeral. En la primera dos adorables asesinas en serie —pero cómo me gustan a mí los serial-killers, Dios mío; cada día más— matan impunemente a un puñado de ancianos, más por caridad que por inquina. Al final las dos salen indemnes porque se lo merecen, ya que, además de ser dos asesinas sin el menor escrúpulo moral, son dos viejecitas encantadoras que puede que te den arsénico, pero jamás a palo seco: lo acompañan con una reconfortante taza de te y un platillo de pastas caseras recién hechas. ¿Cómo va Una a desearle la silla eléctrica a dos señoras tan simpáticas?

En la segunda, sin embargo, el crimen no queda impune. Agatha Christie no permite jamás que los asesinos escapen sin purgar sus culpas, ya sea en la cárcel, en la horca o directamente en la sepultura. En este caso, su particular Némesis es, de nuevo, una viejecita encantadora capaz de mandarte a chirona sin que se le escape un punto de su labor. Miss Marple es, con diferencia, mi personaje favorito de esta escritora británica que, en una época muy oscura de mi vida, me abrió las puertas de un jardín secreto en el que se mezclaba el oxígeno de la literatura con la sangre y los asesinatos. Amo a Agatha Christie por encima de todas las cosas.
¿Merece un asesinato quedar impune? ¿Hay crímenes justificados? Pues, la verdad, en mi humildísima opinión —se trata del punto de vista de una iletrada en materia legal— sí. Hay crímenes MUY justificados. Asesinatos que yo, gustosamente, cometería sin que me temblase el pulso… si alguien me garantizase, naturalmente, que después no iba a ir a la cárcel (aunque sospecho que las cárceles son sitios mucho más sanos y más hospitalarios que algunas oficinas en las que he estado).
En una sociedad en la que cada día se niega más la muerte, en la que todo lo relacionado con Lo Distinguido (como lo llamaba Henry James) es un tabú, el cine, especialmente en los últimos años, nos ha familiarizado hasta tal punto con los asesinatos, los crímenes y las mutilaciones que hay incluso todo un género en torno a la figura de su máximo sacerdote, el serial-killer, el supercriminal nietzsheano. La vida humana se ha convertido en algo tan banal como un botón y el cine, según algunos —básicamente aquellos que opinan que la culpa siempre la tienen los demás—, ha contribuido en gran medida a ello.

¿Verdad o mentira? ¿El espectacular aumento de la criminalidad que hemos vivido en los últimos cien años tiene su origen en una sala a oscuras o, más bien, en una casa oscura, microscópica y mal ventilada, situada en un barrio oscuro, degradado y fétido que, además, está a escasa media hora de otro barrio maravilloso en el que las chinoiseries han sido mágicamente sustituidas por marroquinería de Hermès? Pues… no sabría qué decir. Yo, como Rappel, lo que soy es cinéfala, no socióloga.
Moraleja: Si tenéis ganas de cometer un asesinato, contáis con mi bendión. Pero recordad también que existe algo llamado Policía.
Nilda
De Quincey: «Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes. Una vez empezada esta marcha cuesta abajo, no se sabe nunca dónde hay que pararse. Muchos hombres han iniciado su ruina al cometer un asesinato de un tipo u otro, que en ese momento creyeron que no tenía la menor importancia».
Je, je.
Siempre tuyo
Huy!, si yo empezara...no acabaría nunca. Así q lo mejor será q m contenga (los primeros serían los chonis de OT).
El Marqués de Portugal Este
La razón y el pecado nunca estuvieron reñidos.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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