De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
17 Abril 2008

En plan travesti radical

El camp era una cosa de maricas hasta que Susan Sontag, esa especie de mofeta con patas —lo digo por el pelo, no por el olor—, lo dignificó en uno de sus típicos libritos-rodillo, que tan bien vienen para calzar una mesita de noche. A mí el camp me interesa como materia prima, como el barro primigenio de la creación, como la carne y los huesos con los que muchas y muchos, YO sin ir más lejos, nos recreamos y construimos. Me interesan mucho las mujeres que se han hecho a sí mismas. No importa que nacieran siendo hombres. El cine sabe mucho de eso y Gore Vidal también... pero eso es otra historia.

La leyenda de Lylah Clare es, para mí, uno de los ejemplos más claros, más paradigmáticos de camp cinematográfico. El personaje de Kim Novak, una actriz desconocia llamada Elsa Brickman, va siendo poseído poco a poco por el espíritu de la muerta que resulta ser poco menos que una drag queen, una supermujer con vozarrón de camionero que se (auto)expresa de manera maravillosa, nada sutil —no olvidemos que el director es Robert Aldrich, no George Cukor—, en la escena de su presentación en sociedad.

Lo camp llevado a su máximo extremo es Pura Política. Lo travesti como valor, como transgresión, como desafío. ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas. Adoro lo travesti y a los travestis, a pesar de que muchos amigos míos, muy bien informados, me han advertido una y otra vez de que “los travestis son mala gente: no hay nada peor que un travesti… si exceptuamos, claro, un jefe cocainómano”. Adoro esa manera de ver y entender la vida. Por eso, me encanta también esta escena, que no es de Lylah Clare, sino de Strange Shadows in an Empty Room, una película delirante de los 70.

Esa mezcla de drag-ninja me fascina. Para mí son un poco como Lylah Clare/Elsa Brickman: tres supermujeres que poseen el cuerpo de tres alfeñiques. O mejor dicho: todo lo contrario: tres alfeñiques que se transforman en tres fuerzas de la naturaleza por obra y gracia de los tacones. Tres huracanes con pelucones y mucho maquillaje.

Moraleja: Lylah Clare es mucho más que una película camp. Es una declaración de intenciones. ¡Rimmel al poder!

4 comentarios · Escribe el tuyo

Comentarios » escribe el tuyo

BOB POP

maravilloso texto

MUA

Louella

Muchas gracias, rey

El Marqués de Portugal Este

El problema es que el mundo, al menos este, es un república. Siempre.

winnetou

Por que este canal no respeta el formato de algunas de sus películas como esta ?

Recomendaciones

Escribe tu comentario

TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.

El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

suscríbete