Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Invitación a la danza es exactamente eso. Nunca un título ha sido más expresivo (bueno, miento: creo que en la industria del porno hay también títulos de los MÁS expresivos, algunos verdaderamente demasiado; lo sé porque hubo una época de mi vida en que trabajé en ella, en la industria del porno, sí... pero no haciéndola sino visionándola). Gene Kelly toma de la mano al espectador que tiene un hueco libre en su carnet de baile y le lleva al centro de la pista. Let’s dance!
A mí, la danza me apasiona. La clásica, la contemporánea… cualquier tipo de danza. Bueno, no, otra vez tengo que precisar un poco: las danzas regionales en general me espantan y en concreto, si tengo que matizar aún más, diré que la sardana me parece un invento de Satán.
En fin, el caso es que soy muy fan de la danza y del ballet. Para mí, Diaghilev es un dios, un dios de párpados caídos pero un dios al fin y al cabo. Y los ballets rusos —que, sí, queridos, actuaron en Madrid en 1916— un sueño. Si algún día inventan la máquina del tiempo que se vayan otros al Egipto mugroso o a la pestilente corte del Rey Sol, YO me quedo con la belle époque. Plumas, lentejuelas y alta gastronomía.
Bueno, pues resulta que uno de mis dioses tutelares no es otro que Balanchine. George Balanchine se inventó el baile moderno. Él solo. Así de sencillo y así de tajante. Bueno, pues cuando Balanchine puso los ojos sobre un cisne llamado Tamara Toumanova decidió llevársela de inmediato a Monte Carlo, donde se creó la compañía del Ballet Ruso de Monte Carlo tras la muerte de Diaghilev. La Toumanova se convirtió en una de las bailarinas más jóvenes de la compañía; de hecho eran tres las integrantes de un grupúsculo llamado las “Baby ballerinas”.

Bueno, pues resulta que aquella chica flaca que bailaba como los ángeles, que había tenido una infancia perra de exilio —de Rusia a Shangai, y de ahí a París—, se convirtió de la noche a la mañana en “La perla negra del ballet ruso”. Hasta Massine, que es otro de mis mitos, creó un montón de coreografías sólo para ella. Y vosotros os preguntaréis: “Pero, bueno, y esta loca, ¿por qué COÑO nos cuenta esto?” Un poquito de paciencia, por favor.
Como ya sabéis, Hollywood es como una urraca: no puede resistirse al brillo ajeno. Y con los Ballets Rusos de Monte Carlo deslumbraban en la década de los 30 y los 40, ¿qué mejor que hacer una película con ellos? Dicho y hecho, en 1942 uno de mis directores favoritos, Jean Negulesco, dirigió un corto de 19 minutos titulado Spanish Fiesta en el que, además de Massine, estaba también la Toumanova.

Se quedaron tan flipados con ella que poco después, en 1953, encarnaba a la mismísima Pavlova en una película de Mitchell Leisen, Tonight we dance. Tres años después, Gene Kelly la eligió para bailar en su particular Invitación a la danza y, diez años después, el mismísimo Alfred Hitchcok le dio un papel breve, pero jugosísimo en la divertídisma Cortina rasgada. Siiiií, ella es la odiosa bailarina rusa que intenta entregar a la policía soviética al profesor americano —un Paul Newman guapísimo— y a su pizpireta ayudante (Julie Andrews, que me encanta en esta película).
La primera vez que vi Cortina Rasgada me quedé enganchadísimo con esta mujer. La cara de la Toumanova es magnética: no puedes apartar los ojos de ella. ¿No os pasa lo mismo a vosotros?
Su último papel en el cine fue como bailarina rusa, Madame Petrova, en La vida privada de Sherlock Holmes, la película más personal —según él mismo confiesa— de Billy Wilder. Por lo visto, los productores masacraron la cinta en el montaje. Si él lo dice será verdad, pero aún así esta película me sigue encantando. Masacrada o no, es deliciosa.
Bueno, como veis sí que quería llegar a alguna parte. A la figura de esta maravillosa bailarina que pocos, muy pocos recuerdan en la actualidad, pero que figura en un lugar privilegiado de mi iconostasio particular (a estas alturas, tan abigarrado como un bric-á-brac).
Moraleja: Nunca perdáis la paciencia, porque aunque a veces me lío la manta a la cabeza, como en el anuncio de Sunsilk, siempre llego a alguna parte. Siempre. Bueno, casi siempre. Nadie es perfecto.
Begoña
Louella por fin encuentro a alguien a quien le gusta "La vida privada de Sherlock Holmes", qué gusto por Diosss. Y sí, la verdad es que su físico era muy de bailarina del este. En la peli de Wilder se rie un poco de si misma haciendo de vieja gloria de la danza (la verdad es que no se como quería tener un hijo con Sherlok, la veo con el arroz pelín pasao no?) y muy caprichosa. También me gusta el papel del director de la compañía (creo que era ese su papel) el que la aguanta todos los días y supongo que en el fondo le gustaría ser el elegido.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
¿Es que a alguién no le gusta La vida privada de S.Holmes? Para mí una de las películas más románticas de la historia del cine y es que queridos el cínico de Wilder también tenía su corazoncito ¿ o no?
El Marqués de Portugal Este
La Historia del Cine está llena de caras que solo unos pocos sabéis reconocer...
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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