De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
03 Abril 2008

En París, te juro que fue en París

Si esta noche tenéis insomnio, no os preocupéis. Es más, alegraos. Poneos de rodillas —de hinojos, sí, postraditos como Santa Gema Galgani (¡qué divina!)— y dad gracias a Dios. Robarle horas al sueño, si es por una buena causa, no es pecado. Es una bendición. Y esa bendición tiene un nombre, un nombre y un apellido: Howard Keel, al que esta noche podéis ver en El amor nació en París (yo, cada vez que oigo París me acuerdo de Fabio McNamara: “En París-te juro que fue en París-con mucha pedreríaaaaa”).

En mi caso, el amor no nació en París. Más bien lo contrario: murió en París. Pero no estamos aquí para hablar de mí —a pesar de que SÍ, lo sé, soy un tema fascinante— sino de ese pedazo de hombre llamado Howard Keel. ¿Qué por qué me gusta HK? Pues porque tiene el típico aspecto de cowboy americano, con dientes sanos y fuertes —qué dientes, por favor; ¡qué maravilla!: parecen blanqueados con cal viva— a juego con unos brazos más sanos y más fuertes aún y un par de piernas sanísimas y fortísimas. Qué buenas piernas. Y qué pectorales. Vamos, yo es ver a Howard Keel y empezar a babear como una perra en celo. ¡Y esa voz, Dios mío! Donde se ponga un barítono, que se quite un tenor, vamos, por Diossssss.

Pero además de por Howard Keel (guapisísimo en Magnolia, en Siete novias para siete hermanos —YO, que no soy Mujer Celosa, odio a las siete novias, las abomino, execro de ellas; siete putas, eso es lo que son—, y en Kiss me, Kate), hay otra razón de peso para ver El amor nació en París (“te juro que fue en París”): una escena MA-RA-VI-LLO-SA en la que hay un desfile de modelos, todos firmados por Adrian, el modisto oficial de la MGM que, en un alarde de humor sin precedentes, se casó con el megabollo de Janet Gaynor. Aquello no fue un matrimonio blanco, fue… Pues no sé: me imagino a Alaska y a Mario Vaquerizo juntas, desayunando por la mañana (o por la tarde), mojando la magdalena proustiana en el café y comentado modelos… lo mismito que Janet y Adrian.

El pase de modelos es divino. No lo dirigió Mervin LeRoy, que firma la película, sino otro de mis mitazos, Vincente Minnelli, pero es que, claro, Vicentín tenía tan buena mano para la moda, para los moños y para los fontaneros…

En fin, que no os perdáis este musical. Por Howard y por Adrian. Y por mí, queridos. También por mí.

Moraleja: Rezad por mí, que me hace mucha falta.

2 comentarios · Escribe el tuyo

Comentarios » escribe el tuyo

El Marqués de Portugal Este

No imagines el desayuno de Alaska y Maria: leelo en su blog de Libertad Digital...
http://www.libertaddigital.com/bitacora/alaskamario/

Louella

Jajajajajajaja

Recomendaciones

Escribe tu comentario

TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.

El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

suscríbete