Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Cada vez que veo El halcón maltés me acuerdo de aquello que leí en su día (ay, ¡qué joven era, Dios mío!), un escándalo maravilloso de Mary Astor (una actriz que me encanta) allá por la década de los años 30, que el señor Keneth Anger (otro mitazo) cuenta en esa Biblia llamada Hollywood Babilonia.
Resulta que Miss Astor, que ya era una estrella mucho antes de su papelón de arpía en este mítico thriller, tuvo su gran momento de gloria mediática unos cuantos años antes. En 1937 su (hasta entonces) marido interpuso una demanda de divorcio alegando un motivo tan viejo como el mundo: infidelidad. Y para probarlo entregó al juez (y de paso a la prensa sensacionalista) el diario de su mujer, en el que relataba con pelos y señales —con muchos pelos y muchas señales— las virtudes eróticas del escritor George S. Kaufman, otro de los conspicuos comensales de esa mesa redonda en la que hubiese empeñado la cabeza (y todas mis joyas falsas) por sentarme aunque fuera una sola vez.
Imaginaos: Dorothy Parker y Ring Lardner comentando las dimensiones del aparato del señor Kaufman. Por lo visto, a la Astor le volvía loca la tranca del dramaturgo. La actriz ponderaba en su diario el grosor y las dimensiones del “origen de la vida”, una cosa, al parecer, “inabarcable”. En su diario no sólo contaba cómo y cuándo (y cuántas veces) lo hacía con el señor Kaufman, también ponderaba la calidad de sus orgasmos. Una maravilla, vamos.
Finalmente, aunque el juez mandó destruir el diario porque aseguraba que eso formaba parte de la vida privada de la actriz, los tabloides hicieron no tanto leña del árbol caído como una caja de cerillas. Una orgía de portadas y carnaza, vamos. Y lo peor de todo es que el señor Kaufman siguió felizmente casado mientras publicaciones como Confidential arrastraban el honor de la Astor por los suelos…
Moraleja: Mucho cuidado con lo que escribes en tu diario o en tu blog, que luego TODO se sabe.
El Marqués de Portugal Este
La Ley de Lucrecia Murphy: una mujer debe parecer honesta; un hombre, ni por asomo... As always.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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