Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Para mí, Dirk Bogarde es algo más que un mito erótico —que también—, es un magnífico escritor que hizo de sí mismo su propia materia de creación. Tiene unos libros de memorias deliciosos que, por supuesto, no se han publicado en nuestro país. Total, ¿para qué? Si aquí no lee ni el Tato.
También escribió novelas (más flojas, pero aún así interesantísimas) y filmó algunas películas caseras, que legó a su sobrino y albacea, Brock van den Bogaerde (ese era su verdadero apellido), en las que aparecía él y el que durante muchísimos años fue su pareja, Tony Forwood, acompañados de algunas estrellas de Hollywood como Judy Garland, Gregory Peck o Ava Gardner, que les visitaron en sus distintas casas, tanto en la de las afueras de Amersham como, más adelante, en la de los Downs, de Sussex, y, posteriormente, en la de la Provenza.
Al final, cuando le dio un jamacuco, casi diez años después de que su pareja muriera, Bogarde regresó a un pequeño pisito en Londres, donde finalmente murió. La verdad es que su vida fue de lo más doméstica, muy alejada de lo que lo que muchos esperarían de una súper estrella del cine que trabajó con los mejores directores de su época (Visconti, Losey, la sobrevaloradísima Cavani…).

A mí me encanta este hombre. Me parece serio, elegante, inteligente, equilibrado —y eso que uno de sus mayores temores era “perder los estribos”—, guapísimo en su juventud y espléndido en su madurez… En fin, todo lo que me gustaría ser a mí (y que, desafortunadamente, jamás llegaré a ser).
Me interesa Bogarde, sobre todo, por una cosa: jamás fue autocomplaciente. Le espantaba la autocomplacencia, la chabacanería sensiblera, la autocompasión, la exteriorización de cualquier tipo de sentimiento (natural o antinatural); o sea, le horrorizaba casi todo lo que me define a mí Como Mujer y Como Artista. Y sin embargo…
…Sin embargo siento que me une a él un hilo finísimo, una especie de sutil conexión que me hace tenerle muy presente y que me alegra el día cuando, en días como hoy, emiten una película en la que él actuó. Adoro a Dirk Bogarde.

Moraleja: La única vez que se planteó pasar por la vicaría fue por un ser tan divino como Capucine, otra santa de mi iconostasio a la que el olvido ha sepultado bajo paletadas de tierra y de cal viva. ¿Era o no era divino? Me imagino a ambos, compartiendo foulard y confidencias. Una relación perfecta.
Nilda
Espasa Calpe, en su colección Mañana, sí publicó el tomo de memorias An Ordely Man (Un hombre ordenado), en 1981. Delicioso.
Amén a todo lo demás
Un saludo.
Louella
Descatalogado, claro!!! Con unos gustos literarios como los míos está claro que estoy condenada a no tener JAMÁS una manicura como Dios manda.
El Marqués de Portugal Este
Teniendo en cuenta la historia de los Orange en Inglaterra, en el Reino Unido se dice que "todo holandés en Londres es parte de la familia real". Ese debe ser el secreto.
Y tener un médico en casa...
Sandra
En realidad la elegancia, la sofisticación, el saber estar ¿a quién no le gustan?
Louella
Pues a un montón de gente. A la Pantoja, sin ir más lejos. O a su hijo.
Siempre tuyo
M encanta Dirk Bogarde
El Tato
Pues a mí sí me gustaría leer ese libro de memorias del Sr. Bogarde
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Bogarde era un ser imbuido de elegancia
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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