De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
18 Marzo 2008

Un ave del paraíso llamada Liz

La última vez que vi París tiene una fama horrenda —lo sé—, pero a mí me encanta. Me da exactamente igual que los cinéfilos la consideren una basura o que los fans de Scott Fitzgerald se rasguen las vestiduras porque consideran que la peli traiciona el espíritu del relato Babilonia revisitada, sustituyendo la amargura original por sacarina de celuloide. Es posible, sí, pero a mí me gusta esta película. Es más, me conmueve. Y, si se dan las condiciones adecuadas —a saber: resaca—, hasta puede hacerme llorar a lágrima viva.

El papel de Liz Taylor es uno de los mejores de su carrera. Creo que está fantástica. Y guapísima. Y encantadora. Dan ganas de llevártela a casa e invitarla a champán (del bueno) hasta perder el control... y alguna que otra piedra preciosa. Y es que antes de convertirse en una oca, la Taylor fue un ave del paraíso.

En la ficción, Liz cambia de modelo y de peinado con la misma facilidad con la que lo hacía en la vida real, sólo que out of focus ella añadía una tercera variable a la ecuación de la femineidad, a saber: marido*. Lo mismo luce modelazo rojo y peinado gato (súper de moda en los 50; mi madre se lo hizo y su padre casi la inmola en el jardín, pero finalmente se salió con la suya y hoy queda un retrato al óleo en el que luce pettinatura felina y escotazo) que un recatado petite robe noir y melenita de niña buena. Y todo sin perder un ápice de belleza, de glamourazo y de estilo. ¿Que no actúa? Bueno, ¿y a quién le importa? Aprendió más tarde, ¿no? Actuar es fácil. Lucir esas cejas no. Bueno, esas cejas y ese maquillaje. Los labios, los ojos, los pómulos… Es como una laca china pasada por Milwaukee.

Van Johnson actúa un poco como necesario anticlímax: está tan espantoso (sobre todo cuando se pone en plan Papá Piquillo; bueno, Chiquito de la Calzada estaría muchísimo mejor en este papel, dónde va a parar), que cuando Liz aparece en escena está tan divina que se te olvidan las pecas, las patas de gallo —todo el parque ornitológico Lorosexy, en realidad— y todas las prótesis de este actor, cuya mayor virtud, a mi juicio, radicaba en la placa de metal que tenía en la cabeza.

Además de la estética de la película (el relato original está ambientado en los años 20, pero Richard Brooks prefirió actualizarlo un poco y para ello recurrió a la figurinista Helen Rose, que creó un vestuario faaaaaaabuloso para Miss Taylor), adoro la música de Conrad Salinger. Es evocadora, envolvente, en definitiva, una maravilla.

Moraleja: Aunque sólo sea por el peinado gato, que lleva la firma de mi adorado Sydney Guilaroff, tenéis que ver esta película. Qué bonita es…

* Nota bene a costa de los maridos de Liz. Vivimos en una época obsesionada por los complementos: el bolso it, los zapatos it, el brazalete it... Error. Liz Taylor sabía perfectamente que el mejor complemento para Una Mujer, aquel con el que siempre, siempre, siempre parecerá UNA ESTRELLA, no es un bolso, ni una estola, ni siquiera un diamante. El mejor complemento para Una Chica en un estreno o en una cela de gala es Un Marido. Rico, a ser posible. Recordadlo siempre, chicas.

6 comentarios · Escribe el tuyo

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el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)

Que conste que de Scott (nombre muy apropiado) no se a hecho una buena adaptación, y esta sin duda no es de las peores, por cierto que escribía bastante bien pero sinceramente tampoco era para tanto, su personaje superaba su valía artística (que conste antes de que me lluevan las piedras que he leído casi toda su obra) donde esté la princesita de Somerset....

Mr. Arkadin

Pues sí, a mí me parece un espanto de película y Van Johnson un espanto de actor. Y creo que Liz Taylor hasta convertirse en una oca siempre estuvo maravillosa...

Chulí

¿Qué es un peinado gato? Exijo respuesta, porque me pica mucho la curiosidad.

Louella

Peinado gato: pelo corto, casi masculino, con las puntas peinadas en pequeños mechones que caen sobre la frente (casi como la escultura de un emperador de la dinastía de los Antoninos). Maravillosa creación de Guilaroff que fue imitada hasta la saciedad en la década de los 50.

Louella

Por cierto, Scott Fitzgerald es un genio como la copa de un pino. Yo, ante cualquiera de sus libros (incluso de sus cuentos más abyectos) me quito el sombrero, con cabeza incluida, y me lo como.

el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)

Louella respeto tu entusiasmo aunque no lo comparta, es muy bueno, pero ¿tanto como un genio?

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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