Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Me parece que ya lo he dicho en alguna ocasión, pero como ya sabréis a estas alturas NO ME IMPORTA REPETIRME (confío ciegamente en que, a base de oír mi propio eco, acabaré por tener un estilo). Ahí va, una vez más: no me gusta Stanley Kubrick. Lo repito, por si a algún cinéfilo de pro se le han caído los globos oculares y quiere agacharse a recogerlos. No me gusta Stanley Kubrick. Ya está dicho.

Aun así, confieso que hay que tener mucho valor para llevar al cine una novela como Lolita. Y eso que la versión cinematográfica es mucho más light que el libro de Nabokov. En la peli Lolita, interpretada por una Sue Lyon en sazón (bastante mayor de como es descrita en la novela: una niña de 12 años que deja a Salomé a la altura de una zapatilla rusa), es una provocadora nata, una guarrilla; en el libro, en cambio, es una mala puta, una vampiresa bíblica capaz de cortarte la coleta y hacerse un llavero con ella.
La peli fue el colmo del morbo en su día. No es de extrañar. 35 años más tarde, Adrian Lyne volvió a buscar la polémica —qué pereza, por favor— con otra nueva versión de esta especie de diablo cojuelo pedófilo.

Con Nabokov me pasa lo mismo que con Kubrick. Reconozco su magisterio, incluso su genialidad, pero a mí su obra me deja indiferente. Lolita, sin embargo, es un libro que sólo un gran escritor podría haber escrito sin caer en la pornografía o el erotismo kitsch más decadente. Un escritor formado en la tradición finisecular de los escritores maduros que babean por las caderas de cándidas adolescentes (sin ir más lejos, Antonio Machado y su queridísima Leonor, que podría haber sido su hija… póstuma) o las prietas nalgas de helénicos efebos (André Gide, otro que tal baila).
Y sin embargo, no sé por qué tantos se rasgaron las vestiduras con esta película y con esta novela. Si nos retrotraemos unos cuantos años nos encontramos con una escritora respetadísima, Colette, autora de una saga erótica bastante atrevida protagonizada por una nínfula, Claudine, que deja en mantillas los furores uterinos de la Paulina Bonaparte más desaforada. Sus libros, deliciosos, se vendieron como churros en la Francia de principios de siglo —del siglo pasado, se entiende (sí, lo confieso, Yo también tengo Una Edad)—; y su éxito fue tal que Hollywood no pudo darle la espalda.

En los puritanos años 50 Vincente Minelli llevó al cine Gigi, la historia de una niña educada para ser cortesana (esto es: PUTA, pero en fino) en plena Belle Epoque. El maravilloso vestuario diseñado por Cecil Beaton y los gorgoritos firmados por Alan Jay Lerner (letra) y Frederick Loewe (música) edulcoraban un argumento que no podía ser más crudo: “Nena, no entregues el virgo a cualquiera, porque puede significar mucho dinerito, y si descruzas las piernas pide algo a cambio… en efectivo, a ser posible”. Sí, en esencia ése es el argumento de Gigi y nadie dijo esta boca es mía. Es más, la Academia se volvió loca y le llovieron los Oscars por todos lados. ¿Por qué? Pues porque no hay nada como un poco de azúcar para pasar el veneno, ¿verdad?
Moraleja: Como decía el obispo de Tenerife: “Míralos (mirada oblicua a un pantalón de chándal y a una emergente tumescencia a la altura de la entrepierna), ¡si es que van provocando!”
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Maravillosa Gigi, lo confieso a mí me pone bastante más Minnelli que Kubrick, que me parece un pedante de tomo y lomo.
Sobrevalorado hasta el infinito su Barry Lidon es vacua, y no digamos nada de 2001, si queridos ¡menudo tostón!, con todo y con eso Lolita me parece de lo más salvable de su trayectoria.
Siempre tuyo
Pues tienes razón el otro Ben-Hur (Ramón Novarro).
Chulí
Pues a mi Gigi me aburrió, y Kubrick me gusta. 2001 me parece una película colosal, una de mis favoritas ever, me encantísima Eyes wide shut, La naranja mecánica y Teléfono rojo me parecen interesantísimas, adoro El resplandor, me aburre Espartaco, y Lolita no me mata. Pero 2001 es grande como la vida, impresionante y acojonante. Cuestión de gustos.
Siempre Tuyo
A mi hay cosas d Kubrick q m parecen estupendas y otras son interesantes. Pero con todo, creo tb q ha sido un director sobrevalorado, como tb lo fue algo Orson Welles o lo son ahora Los Coen. No significa, ni mucho menos, q sean malos directores. Mientras, otros han pasado a al historia como simples artesanos y esconden más genialidad d la q pueda parecer a primera vista. Creo q, a veces, puede más la presión q ejerce el imaginario colectivo en nuestros juicios, q nuestra propia subjetividad. De todas fromas el tiempo suele poner a todos en su sitio.
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Siempre Tuyo, usted si que tiene más razón que un santo, sobre Welles tres cuartas de lo mismo, en cambio Raoul Walsh durante años fue ninguneado por la crítica, su principal pecado divertir al espectador.
Mei
Quizá deberías ver la versión de Adrian Lyne, que dicen que se parece más a la novela ("dicen" porque no me la he leído, aún).
saludos.
Siempre tuyo
Pues la novela a mi m gustó mucho, la verdad, aunq al final se hace algo farragosa e irregular. La peli de Kubrick es más q aceptable. Si lo de Kubrik, creo q hablo por casi todos, lo decíamos por huir de la autocomplacencia; vamos, por ser críticos. Adrian Lyen es bastante cutre, juega en otra liga mucho más inferior. Las escenas q he visto de su peli m parecen bochornosas. No solo hay q ser fiel a la novela, sinio al espíritu d ésta. ser literatura filmada capítulo a capítulo no la convierte en mejor. Creo q fue una versión innecesaria y d nulo interés. Aunq Lyne tienes algún q otro hito de taquilla q no se lo quita nadie, por malas q sean sus pelis.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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